La Iglesia y el estado ( IV de IV)

Cuando la distribución de la propiedad es un obstáculo “al normal rendimiento de la economía”, lo cual no es originado siempre por la extensión del patrimonio privado, en interés del bien común el Estado “puede intervenir para regular su uso, o también, si no se puede proveer justamente de otro modo, decretar la expropiación mediante “ la conveniente indemnización”. La sentencia no es hija de un discurso populista ni proviene de un líder comunista. Formó parte del mensaje radial de Pío XII, uno de los papas más conservadores de la historia, de septiembre de 1944, que citáramos en nuestra entrega del pasado sábado.

En Octagesima Advenies, años después, el Papa Paulo VI llegaba a conclusiones más radicales en materia económica. El Evangelio, escribió, “al enseñarnos la caridad nos inculca el respeto privilegiado a los pobres y su situación particular en la sociedad: los más favorecidos deberán renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor libertad sus bienes al servicio de los demás”. Leer más de esta entrada

Antonio Guzmán Fernández: Inolvidable presidente, político ejemplar

Por Marina Aybar Gómez

Al despertar, como a las 7 de la mañana,  mi padre ya había encendido su  radio, al aire, una emisora oculta los  programas habituales para dar paso a música sacra prolongada, de esa que es propia de la programación del Viernes Santo dominicano de esa década; pero era julio,  no era abril, algo raro e inesperado pasaba.

Apenas desperté y no entendía esa programación.  Algo extremadamente imprevisto acontecía.  Esa no era programación  de las emisoras cotidianas que se escuchaban en la casa: Comercial, Mil, Clarín, Pueblo, Honda Musical o  Radio Santo Domingo:  Un locutor, de esos clásicos y muy reconocido, expresa que era una cadena de emisoras que estaba en programación unificada:  y el locutor lo deja claro:  “estamos en programación especial por el fallecimiento del excelentísimo señor presidente de la República don Antonio Guzmán Fernández”. Leer más de esta entrada

La Iglesia y el Estado (III de IV)

Uno de los teóricos más sobresalientes y polémicos de la Doctrina Social de la Iglesia, C. Van Gestel, sostiene que en ciertos momentos y bajo determinadas circunstancias, el bien común puede exigir una restricción del derecho de propiedad privada. Desde ese punto de vista oficial de la Iglesia, la nacionalización de una u otra industria “puede recomendarse en ciertos casos”.

Gestel también considera que el Estado puede abrogarse el derecho de imponer un estatuto jurídico especial a ciertas empresas o sustraer ciertos productos del mercado libre “reservándolos para los armamentos”, aunque su intervención deberá más bien atender a la extensión que a la restricción del derecho de propiedad privada, “de suerte que el régimen de bienes corresponda más directamente al destino universal de los bienes terrenos”.

Leer más de esta entrada

La Iglesia y el Estado (II de IV)

Al analizar el papel del Estado en la economía, Juan XXIII escribió que uno de sus deberes ineludibles es intervenir a tiempo a fin de contribuir a producir bienes materiales en abundancia. Además, constituye una obligación del Estado “vigilar que los contratos de trabajo se regulen con justicia y equidad” y que en los ambientes laborales “no sufra mengua ni el cuerpo ni el espíritu, la dignidad de las personas humanas”.

El rechazo de la acumulación de riquezas por particulares planteada en infinidad de documentos oficiales de la Iglesia, se aplica igualmente al Estado o al Gobierno. La norma de fijación del ámbito de esa intervención gubernamental es el principio de la subsidariedad, que ya había enunciado Pío XI en Cuadragesimo Anno y que ha servido de guía a los papas sucesivos. En esencia, este principio de subsidariedad reconoce únicamente el derecho del Gobierno a hacerse cargo de iniciativas necesarias para proteger la justicia, en todos los órdenes que excedan en todo caso la capacidad de los individuos o grupos privados. Leer más de esta entrada

La Iglesia y el Estado (I de IV))

La encíclica de Benedicto XVI, “Caritas un Veritate”, revivió un debate surgido en la Iglesia Católica desde los tiempos de León XIII: el papel que ella le reconoce u otorga al Estado en la economía. Juan XXIII dijo que la historia y la experiencia demuestran que “en los regímenes políticos que no reconocen a los particulares la propiedad, incluida la de los bienes de producción, se viola o suprime totalmente el ejercicio de la libertad humana en las cosas fundamentales”.

Sin embargo, este respaldo a la propiedad, fundamentado ya en Rerum Novarum (1891), no admite por la Iglesia el derecho a una acumulación ilimitada de riqueza. De hecho la ética moral de la doctrina social de la Iglesia trata de situar a éste en un punto intermedio entre el individualismo extremo, manifestado en la teoría de mercado libre, y los enfoques estatistas o colectivistas, expresados en los modelos de sociedad comunista. Leer más de esta entrada

Reflexiones en tiempos de pandemia

Desde que la política existe, el dominio de su arte consiste en no ser del todo claro en lo que se dice y menos aún en lo que se promete. La ambigüedad permite siempre a un político retractarse con un mínimo de riesgo. Y sobre todo, le permite a voluntad personal interpretar cuanto ha dicho de un modo diverso.
En el devenir político dominicano, desde la fundación de la República, el dominio de ese arte ha sido la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Mismo dícese del concepto de lo moral, tan a menudo usado para denigrar o descalificar al contrario, a despecho de su pretendido carácter relativo y circunstancial, a lo que con frecuencia se apela para criticar justas censuras basadas en ideas rígidas sobre el concepto.

El hecho es que en el mundo en que vivimos lo moral no norma el comportamiento de la sociedad, por lo que nadie ni nada posee ya autoridad para decidir por sí mismo lo que viola o respeta ese concepto. Es un mundo que gira al revés. En el que a lo sumo las cosas proceden o no proceden; están mal o bien hechas. Leer más de esta entrada

Recordando a Gustavo Adolfo

En medio de un complejo, accidentado y difícil proceso electoral, agravado por la repentina, imprevista y traicionera llegada de un virus mortal, la poesía puede ser el bálsamo que algún día reemplazará una vacuna.

Porque tal vez nada nos describa los sentimientos que hoy a nivel mundial nos ha traído y nos dejará por desgracia el Covid-19, como esa breve rima LXV del insigne poeta español Gustavo Adolfo Becquer, cuyos versos de amor en algún momento de nuestras vidas cantamos al oído de un ser amado. Añoranzas y amores del tiempo transcurrido. Nostalgias de aquellos tiempos sembrados como un tesoro en nuestras memorias para siempre. Una rima llena de ternura y compasión.

Sirvan pues esas líneas prestadas del poeta para expresar mis condolencias a los dominicanos víctimas de la pandemia y a todos aquellos que la han sufrido y batallan todavía valerosamente contra ella: Leer más de esta entrada

Mao y el marxismo chino

Años han transcurrido desde el desmembramiento del comunismo en la antigua Unión Soviética y el resto del Este europeo, así como del exitoso tránsito de China hacia el capitalismo, sin que los extraños seres del marxismo que aún permanecen fieles a la doctrina, entiendan las causas del fenómeno. Fue Mao el que anticipó el fracaso del sistema, si bien él mismo entró años después en contradicción con su propia prédica.

El líder de la revolución escribió: “Los comunistas son marxistas internacionalistas, pero nosotros no podemos adaptar el marxismo a la vida sino adaptándolo a las particularidades concretas de nuestro país, y bajo una forma nacional. Si los comunistas, que son una parte del gran pueblo chino, aplican el marxismo sin tener en cuenta las particularidades de la China, se llegará a un marxismo abstracto y vacío de todo contenido”. Leer más de esta entrada