La Patrona de la Española

Según historiadores, la virgen de las Mercedes, o de la Merced, protectora de los cautivos y encarcelados, ayudó a los españoles en marzo de 1495 a derrotar a los indígenas que ocupaban esta parte de la isla, cuando las fuerzas de Cristóbal Colón estaban a punto de ser derrotadas. En agradecimiento a tan salvadora intervención, el Descubridor construyó un santuario en su honor en el mismo cerro donde hicieron correr a los aborígenes. Unos 120 años después, en septiembre de 1615, ocurrió un terrible terremoto de grado IX en la escala Mercalli, con réplicas que se extendieron por 40 días, causando enorme destrucción en la ciudad de Santo Domingo, declarándose a la virgen Patrona de la Española. Tras declararse la Independencia en 1844, se la declaró Patrona de la República Dominicana.

Leer más de esta entrada

Sacar fuerzas en la adversidad

Tocando fondo es el título de un libro de mi autoría que abarca un período breve pero muy intenso y reciente de la vida nacional.
Muchos de los hechos que ocurrieron en ese interregno fugaz, el 2003, gravitan todavía en la marcha del país y lo seguirán haciendo por algún tiempo. Fue un año que acumuló una inmensa carga de sentimientos encontrados. Una extraña e impactante mezcla de esperanzas y frustraciones que marcaron la marcha del país y torcieron el rumbo por el cual se encaminaba.

El propósito de ese libro no fue hacer juicio de valores sobre los protagonistas de esos hechos. La recreación de sus actuaciones es más que suficiente para permitir las valoraciones que la nación se hizo ya y habrá de hacerse más adelante de ellos. El 2003 puede verse como un año de frustración y en efecto el frío examen de las realidades vividas en ese lapso conduce irremediablemente a aceptarlo de ese modo.

Leer más de esta entrada

La grandeza del perdón

Los lectores de esta columna recuerdan que fui un crítico persistente y duro de José Francisco Peña Gómez, y durante años muchos de ellos me lo echaron en cara y no dudo que aun algunos todavía me lo tengan en cuenta. Sin embargo, al final de su vida nuestras relaciones cambiaron.

Debió ocurrir cuando vi de cerca una faceta de su personalidad que ya conocían sus seguidores. Nunca lo creí el líder que el país necesitaba para ocupar la presidencia, pero el Peña que llegué a tratar era un hombre afable, de buen corazón, incapaz de sentarse a planificar el daño a un tercero. Su problema era la falta de control emocional que tantas veces exhibía, generando intensas pasiones y temores en los círculos de poder. Allí residía la causa de que medio país le temiera tan fuerte como el resto de la nación lo siguiera y amara.

El muro que nos distanciaba se derrumbó por efecto de una situación ajena a ambos. Unas declaraciones suyas desataron montones de críticas en su contra de sectores de la prensa hasta entonces muy cercanas al PRD. En uno de esos arranques típicos de su personalidad, Peña los llamó “disparatosos” y todos los fuegos del averno cayeron sobre él. Yo le defendí escribiendo que el derecho de la prensa a criticarle le daba el derecho a criticar a sus críticos. Él me llamó e iniciamos un trato de respeto mutuo que se prolongó hasta el final de sus días.

Leer más de esta entrada

Los “progresistas” de la política

A despecho de su sabor amargo, hay un elemento fascinante en la política dominicana: el incansable e inagotable sentido del humor de sus autores. El más resaltante, por su permanente presencia en el escenario, es de tinte negro, y el color que se le atribuye al más pesado de los chistes, no tiene vinculación alguna con la negritud de la piel ni la fobia contra el vecino que alimentan algunos grupos minúsculos y que blanden como un activo, cual rosario de odio al que agregan cuentas cada día.

El humor de la política vernácula se crece cuando a los grupos más atrasados, algunos provenientes de la extrema derecha, se les da con llamarse “progresistas”. El mote, ¿acaso se le puede tildar de otra manera?, alcanza el Everest, cuando plantea soluciones a los problemas nacionales sobre pancartas xenofóbicas e intenta sustentarse en base a cuestionables protestas éticas y morales, desprovistas de solidaridad humana y con una descarnada pretensión de superioridad racial, sin eco ya y desde hace tiempo, en la comunidad internacional, e incluso en las más retrógradas de las confesiones.

Un fenómeno explicable sólo en el atraso del discurso político que sufrimos y en la razón básica de los actores que lo integran, que no es otro que el aprovechamiento sin límite del patrimonio público, sin ningún otro objetivo, empobreciendo de esta manera material y espiritualmente al pueblo y sumirlo así en un estadio de ignorancia que les permite adueñarse de un término equivalente al extremo opuesto de su esencia y proceder.

“Progresistas” que encuentran en cada elección, una oportunidad ajena a sus propias fuerzas, tras la búsqueda, por desgracia exitosa, de posiciones y privilegios, a costa del sufrimiento nacional.

Son ellos tan “progresistas”, amigos lectores, como ustedes partes del line-up de los Orioles de Baltimore.

Un legado de García Márquez

En papeles viejos buscando ¡qué fastidio esta sintaxis solo para no iniciar con un gerundio!, he tenido la dicha de encontrar un recorte del sábado 12 de octubre de 1996, sobre el texto de una conferencia del Premio Nobel de Literatura, el colombiano Gabriel García Márquez, sobre el oficio que muchos periodistas hemos ejercido con pasión y entrega a lo largo de nuestras vidas.

Al releer ese texto magistral, de uno de los más grandes maestros del periodismo latinoamericano, me pareció que muchos de los jóvenes que laboran para nuestros medios pudieran encontrar en él algunas enseñanzas provechosas. Me he permitido por tanto hacer aquí una mención brevísima de esa conferencia con la esperanza de que algunos de ellos, se regale un poco de tiempo para estudiarlo. La lectura de este texto enseña e ilustra más sobre el buen periodismo, que todo un semestre académico en cualquiera de nuestras escuelas especializadas en el arte de la comunicación.

Leer más de esta entrada

La evasión fiscal

En numerosas ocasiones, en esta columna y en mis programas de televisión, he sostenido que la lucha contra la evasión fiscal no es sólo tarea de Impuestos Internos. Los altos niveles de evasión cargan sobre quienes cumplen con sus obligaciones impositivas todo el peso de la estructura tributaria. De manera que quienes incumplen con esa obligación elemental engañan al Estado, reduciendo con ello su capacidad para encarar los graves problemas de la nación, y a todos aquellos que observan sus deberes, sean empresas o particulares.

Los evasores se justifican en el alegato de que el sistema es injusto y represivo de la actividad productiva, lo que, de ser cierto, no se le aplicaría por cuanto no pagan los impuestos que las leyes establecen. A causa de los enormes montos de evasión, la carga tributaria sobre el PIB se estima alrededor de un 15%, cuando en realidad puede sobrepasar dos y hasta tres veces esa cifra en algunos casos, a quienes pagan, si se le suma el pasivo laboral que la Seguridad Social representa para toda la actividad económica. En el ámbito empresarial, la evasión es mucho más perniciosa porque elude también los pagos de los servicios obligatorios de salud en perjuicio de empleados y trabajadores.

Leer más de esta entrada

Reflexiones sobre la libre empresa

Para muchos empresarios, desafortunadamente, el régimen de libre empresa funciona en la medida en que se muestra tolerante contra el abuso y el afán desmedido de lucro. Y, naturalmente, deja de funcionar o no existe desde el momento mismo en que ponen en movimiento normas o mecanismos para proteger a la comunidad de acciones vandálicas contrarias a la ley y a la más elemental ética comercial o profesional.

Uno de los grandes triunfos propagandísticos de quienes combaten la libertad de empresa es el haber creado estereotipos que actúan en la mente humana en contra de su existencia misma. Objetivo principal de esa propaganda ha sido, por ejemplo, desacreditar el derecho al lucro y a la propiedad como causas fundamentales del atraso, el subdesarrollo y el sufrimiento de las mayorías. De esta manera la posesión de riqueza se entiende como producto del robo y consecuente causa de injusticia social. Y como muchas riquezas tienen origen y procedencia cuestionables, esa prédica cala en amplios sectores de la población nacional, especialmente en las de más bajos ingresos. Al defender las malas prácticas comerciales, muchos empresarios contribuyen de ese modo a desacreditar el concepto de libre empresa y a reducir la confianza popular en el sistema.

Leer más de esta entrada

Lectura de fin de año

La muerte en un accidente de tránsito hace poco más de una década de Salvatore Licitra, tenor italiano de 43 años, privó al mundo lírico de una de las voces más poderosa del presente siglo. Llegó a considerársele como el heredero natural de Luciano Pavarotti, por la extraordinaria belleza y fuerza de su voz. Poseía, escribieron los críticos, “el sonido más gloriosamente fresco que ha producido un tenor”, en las últimas décadas.

Su voz fue la de un clásico lírico spinto, resonante, llena de color y vibraciones, con un dominio casi perfecto de los recursos técnicos, pletórica de musicalidad y elegancia. Su penetrante y firme registro agudo, a pesar de lo cual lograba un equilibrio poco común en sus distintos registros, hizo de él un cantante excepcional con enorme facilidad para roles muy difíciles, entre los que se citan Un ballo in maschera(Un baile de máscara), ópera con la cual debutó en 1998, con apenas 27 años, y Riggoletto y Aida, también de Verdi, al igual que en Tosca y Madame Butterfly de Puccini, que llegó a interpretar en los más exigentes y famosos teatros del mundo.

Leer más de esta entrada