Ante un peligro inminente

La preocupación expresada en las redes y en los medios por ciudadanos de diferentes capas sociales, entre ellos dirigentes políticos y congresistas, ante la masiva y aparentemente creciente inmigración ilegal haitiana, no los hace xenófobos ni es indicio de una actitud colectiva racista. Aunque muchos han pretendido taparse los ojos ante esa realidad, lo cierto es que estamos ante un problema real y grave.

Esto no significa que menospreciemos la importancia que a través de los años esa inmigración, bajo cierto control, ha tenido para la economía y para el auge de ciertas actividades productivas. Ni tampoco que restemos trascendencia al valor que representa una buena y armoniosa relación comercial y diplomática sentada sobre bases claras y firmes, que eviten el contrabando y otras prácticas ilícitas muy propias entre países que comparten una frontera común. Pero la presencia cada vez mayor de ciudadanos haitianos sin los permisos legales de estadía o residencia, podría estar llegando a un nivel capaz de generar futuros conflictos en los que el país llevaría la peor parte en el campo internacional, como ya muchos suponemos.

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Cuando de tenores se trata

La BBC de Londres reunió en el 2015 a expertos para escoger los 20 mejores tenores de todos los tiempos, lo que desató una controversia por las redes sociales. La elección colocó a Plácido Domingo en el primer lugar. Si bien Domingo reúne todas las condiciones para merecer la distinción, en mi profana creencia no es justo embarcarse en una tarea de esa naturaleza por la sencilla razón de que muchos de los más grandes nunca fueron escuchados por el jurado, como Hipólito Lázaro, Giacomo Lauri Volpi, Miguel Fleta, Enrico Caruso.

Tampoco me parece correcto mezclar voces líricas ligeras, como la del gran Luciano Pavarotti, Alfredo Kraus, Tito Schipa y Luigi Alva, con la de tenores spinto y dramáticos como el propio Domingo, Mario Del Mónico, Giuseppe Di Stefano y Franco Corelli, o el de heldentenores como Vickers. La selección incluyó al joven peruano Juan Diego Florez, lo que pareció muy prematuro, porque a pesar de su hermoso timbre y extraordinaria extensión, como lírico ligero no es voz adecuada para muchas de las grandes partituras de los grandes maestros.

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Hablemos sin tapujos

Apropósito del concepto de soberanía en boga en estos días, deberíamos ser realistas y tratar de aprender de experiencias pasadas. La estatización de la mina de oro de Pueblo Viejo, por ejemplo, no pudo ser más decepcionante. El inmenso pasivo ambiental de esa zona es el único legado de esa nacionalización, recibida en su momento como un acto de soberanía reivindicativo de nuestros recursos naturales.

No existe una sola evidencia del beneficio que esa nacionalización le trajera al país o a la provincia Sánchez Ramírez. No existe ni existió nunca una herencia material que pruebe que esa acción pueda ser catalogada como un acto positivo. Mucha gente salió ganando, es cierto, pero a un precio muy alto para el país. Otro ejemplo: la readquisición por el Estado de las empresas distribuidoras. El resultado ha sido la congelación del sistema eléctrico, con apagones y problemas en el suministro similares a los de medio siglo atrás.

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Que se “rompan las barajas”

Las fortunas, algunas inmensas, reveladas en sus declaraciones de bienes por muchos funcionarios públicos, ofrecen una excelente oportunidad a la Dirección General de Impuestos Internos, diligente como siempre, para aumentar sus captaciones y ensanchar la nómina de contribuyentes al Fisco. No me refiero, por supuesto, a los empresarios hartamente conocidos con larga tradición en el mundo de los negocios, como son los excepcionales casos de varios ministros designados por primera vez en el sector público y que son y han sido figuras claves del entorno presidencial. Con toda seguridad, y me atrevería apostar que es así, los negocios de este pequeño grupo, anteriores a la administración a la que sirven, deben estar en regla.

Pero sería un ejercicio interesante determinar si las propiedades y los patrimonios de quienes se han revelado como potentados sin una conocida tradición empresarial o exitosa carrera profesional, están al día o alguna vez han pagado los impuestos de propiedad. En otras palabras, para ser más preciso, si esos afortunados, muchos de los cuales sólo han trabajado en el sector público, están en condiciones de mostrar un expediente de fiel cumplimiento de sus obligaciones tributarias, acorde con lo que poseen, como nos ocurre al resto de los dominicanos, sin importar cuánto poseemos.

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El viejo Yankee Stadium

Cuando se anunció en agosto del 2006 la construcción de un nuevo Yankee Stadium, escribí:
“Costará mil millones de dólares, mucho más que el metro de Santo Domingo. Con él se irá uno de los monumentos que más emoción ha producido alrededor del mundo. Sus paredes guardan recuerdos que en su momento hicieron vibrar a millones de personas y lo seguirá haciendo en lo que le resta de vida. Se trata de una de las edificaciones modernas más veneradas del mundo. Una catedral del deporte. Por su recinto pasaron algunas de las más grandes glorias del béisbol. Me refiero al Yankee Stadium, hogar de los Mulos del Bronx, el más grande equipo de béisbol de la historia”.

Nueva York vibró ese miércoles, al colocarse la primera piedra con que se inició la obra inaugurada en el 2009. Visitar ese parque antes de que iniciaran sus trabajos de demolición se me hacía imprescindible, más entonces que Alex Rodríguez, vestía ya su clásico uniforme de rayas. La majestuosa obra, haría más rentable la franquicia y atraería más público al estadio, como ha sucedido. Allí jugaron mis héroes infantiles: Ruth, Mantle, Gherig, Berra, Ford, McDougal, Larsen, Maris, y tantos otros que después le hicieron honor a la más grande tradición del deporte rey.

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Soluciones unilaterales perpetúan problemas

Muchos lectores se orientan por la falsa impresión de que la defensa del derecho de Israel a existir dentro de fronteras seguras, implica desconocer el mismo derecho que le asiste a los palestinos, un pueblo tan sufrido como sus primos israelitas. El problema no es tan sencillo como muchos analistas entienden.

Intentar la búsqueda de solución sobre la base de una interpretación unilateral de la historia del conflicto solo ayuda a perpetuarlo. Si se le analiza desde la perspectiva de cada una de las partes se verá con extrema facilidad que ambas pueden esgrimir razones a su favor.

La dificultad ha consistido en buscarle una salida sobre las razones de una de las partes y no en base a los intereses comunes. A mediados de agosto del 2008, el entonces primer ministro Israelí Benjamín Netanyahu estuvo en un canal de la televisión británica. El periodista inició la entrevista preguntando cómo era posible que murieran más libaneses que israelíes en la guerra de esos días.

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Lección que ningún gobierno aprende

En diferentes momentos de la historia nacional, los gobiernos se han dejado impresionar por su propia propaganda acerca de la situación económica y la realidad social. Los voceros pagados con que inundan los medios solo consiguen ensuciarles el panorama. Así, los gobiernos llegan a labrarse una imagen irreal de la situación que sus acciones y muchas veces su inactividad propicia. El elogio excesivo le nubla las perspectivas y los hacen alejarse de una realidad casi siempre cruda y distinta a la que llegan a pintarse por efecto de la propaganda.

El abuso de la promoción puede anestesiar por un tiempo a las multitudes. Pero no por mucho tiempo. Un gobierno puede cansarse de decirle al pueblo que está bien y que todo marcha a pedir de boca, pero si ese discurso no se corresponde con la realidad que el pueblo vive, la reacción de este al final será más enérgica. Procederá con enfado ante el engaño. Un error en que frecuentemente se incurre en el ámbito del gobierno, es rechazar, automáticamente, toda forma de crítica u observación a programas o políticas oficiales, especialmente si se han depositado al respecto expectativas fuera de lo normal. Lo que hace más negativa esa práctica es el hecho de que muchas de esas reflexiones están llenas de buena fe y con un deseo manifiesto de colaboración.

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La queja de “quedar fuera”

El tratamiento mediático de ciertas informaciones de la actividad gubernamental tiende a perpetuar muchas de las falsas percepciones que de la política tienen los ciudadanos. Me refiero a cuando se escribe, por ejemplo, que varios dirigentes del partido oficialista “quedaron fuera”, al no ser designados en funciones del gabinete o en otros cargos importantes de la burocracia estatal.

El “quedar fuera” pretendería decir que se les ha violado un derecho, como si el desempeño de una función pública constituyera una propiedad privada o viniera de una herencia nobiliaria.

En una oportunidad reciente de renovación burocrática, algunos que “quedaron fuera” no tenían razón ni justificación para no quedarse donde quedaron, porque sus largas permanencias en la actividad partidaria no es un derecho por sí mismo para desempeñar una importante función pública y cada cierto tiempo, como ha ocurrido, es de renovación y oportunidades para un necesario relevo.

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