El valor de las cosas pequeñas

MIGUEL GUERRERONuestro mayor error es dejar todas las soluciones al Gobierno. Los ciudadanos tenemos una cuota de responsabilidad en esa tarea. Por su naturaleza muchos de los conflictos y problemas que hacen difícil la vida cotidiana pueden ser resueltos con una mejor actitud ciudadana. El del tránsito, por ejemplo, tal vez uno de los que más nos irrita, tiene su origen en el desprecio a las normas y el desconocimiento de la ley. Aunque el parque vehicular ha crecido al punto de generar congestionamientos que antes nadie se imaginaba, la forma en que conducimos agrava la situación.

Se anda con demasiada prisa, como si el mundo estuviera a punto de terminar y fuera preciso llegar antes que nadie para asegurarse un pasaje seguro al más allá. Leer más de esta entrada

Una tarea de la escuela

MIGUEL GUERREROAhora que, ¡por fin!, un gobierno se ocupa seriamente de la educación, me parece una prioridad que el sistema escolar enfatice en la necesidad de que los estudiantes mejoren su dicción y aprendan a hablar bien su idioma, el español. Muchos de los problemas que técnicos y profesionales confrontan en el mercado laboral se relacionan con su incapacidad para expresarse correctamente, en especial en los casos en que el lenguaje juega un papel fundamental en el ejercicio de una profesión o un oficio.

Hablar con propiedad es un atributo que se aprende a temprana edad. Y enseñarlo adecuadamente es una tarea primordial de la escuela, desde que se ingresa a ella, porque el regionalismo insular en el habla crea vicios imposibles de superar cuando se alcanza cierta edad. Leer más de esta entrada

Cuando el poder es una obstinación

MIGUEL GUERREROEl ejercicio prolongado del poder, sobre el que se ha debatido mucho, no sólo engendra y fomenta la corrupción. El peor de sus legados es el anquilosamiento de la sociedad.

Cuando Balaguer se postuló en busca de un nuevo mandato en 1990, después de haber regresado tras dos periodos en la oposición, escribí un artículo señalando que la más mala de las opciones electorales era entonces preferible a su reelección.

Como muestra de mis razones, me basaba en un hecho muy personal. Decía entonces que cuando mi hija nació, en 1969, Balaguer estaba en el tercer año de su tercera presidencia y la ejercía aún cuando terminaba su maestría veinticinco años después. Leer más de esta entrada

De Benedicto a Francisco

MIGUEL GUERREROEl discurso del papa Francisco, en la primavera del 2013, sobre la relación con otras confesiones, me recordó la fanática reacción del clero musulmán cuando Benedicto XVI rechazó públicamente la violencia de los grupos extremistas islámicos, y las señales de nerviosismo que ello provocara en el Vaticano confirmando así el terror que esos grupos infunden en Occidente. Lo curioso es que las reacciones de los clérigos musulmanes estaban llenas de diatribas contra el cristianismo y los intentos de aclaración de la Santa Sede no hacían alusión alguna a ese hecho. Lo importante era excusarse con esa gente que ya habían hecho pagar muy caro el “crimen” de publicar caricaturas del profeta Mahoma.

La verdad es que Benedicto no ofendió al islam. Sus declaraciones, pronunciadas en ocasión de su visita esos días a Alemania, su país natal, se limitaron a rechazar, ni siquiera a condenar abiertamente, “las motivaciones religiosas de la violencia”, es decir la guerra santa, la “yihad”. La oficina del Pontífice se disculpó diciendo que el propósito de Benedicto no fue “ofender a los creyentes musulmanes”. Leer más de esta entrada

Juárez, el federalista

MIGUEL GUERREROFue Porfirio Díaz, el dictador, y no Benito Juárez, el Benemérito de las Américas, quien dijera: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Juárez no era anti-norteamericano. Todo lo contrario. Era un federalista admirador del pueblo y el sistema estadounidense. La Constitución de 1857 que hizo de México un estado laico, y las reformas que a partir de 1861, tras el cruento conflicto civil conocido en los textos mexicanos como “La guerra de los tres años”, impuso Juárez ya como Presidente, estaban inspiradas en la libertad del sistema de su vecino del norte.

Durante la guerra que siguió a la aprobación de la Constitución que despojó al clero de las riquezas e influencias políticas que hacían de la Iglesia Católica el verdadero poder en México, el apoyo de Estados Unidos a los constitucionalistas, es decir a los liberales, conocidos como los “rojos” y los “puros”, resultó decisivo y permitió finalmente su victoria sobre las fuerzas del presidente Miguel Miramón, conservador y católico. Juárez tenía la guerra perdida. Las tropas de Miramón, con el control de casi todo el territorio mexicano, le habían prácticamente confinado en Veracruz y sus fuerzas comandadas por el general Degollado estaban exhaustas y aisladas.

Cuando el gobierno conservador intentó atacarlo por mar, con barcos comprados en Cuba, Juárez acudió al auxilio estadounidense. Con la intervención de la flota dirigida por el almirante Turner, en cuyo honor luego se erigieran bustos en México, Juárez logró cambiar el curso de la guerra. La Ley Lerdo, y la que lleva su nombre, completaron la separación del Estado y la Iglesia. Esas medidas no fueron gestos contra su vecino del norte. Por el contrario, el acuerdo McClean-Ocampo, que Juárez auspició durante el conflicto, reconocía derechos de paso a Estados Unidos sobre parte del territorio mexicano que los conservadores combatieron..(Reproducido con autorización del autor.Publicado en elCaribe)

La lucha contra la corrupción

MIGUEL GUERREROTodos sabemos que las prioridades de la República son muchas y que los recursos para encararlas muy reducidos. Una de ellas, tal vez de las más importantes, es la del combate a la corrupción, por los efectos dañinos que tiene en el desenvolvimiento de la economía y porque, además, limita la capacidad del Estado para llenar su función social y regulatoria y porque genera un sentimiento generalizado de frustración, que en un estadio extremo es capaz de paralizar las energías nacionales. Siendo candidato, el después presidente de la República, Leonel Fernández, dijo que el Estado dominicano era “una estructura jurídica al servicio de la corrupción” y, por supuesto, lo siguió siendo durante sus tres administraciones, al más alto y pecaminoso nivel. Leer más de esta entrada

Por una educación de calidad

MIGUEL GUERREROAcción Empresarial por la Educación (EDUCA) y la Fundación Popular han unido esfuerzos y recursos para mejorar la calidad de la educación y en el transcurso de los años la iniciativa tendrá que ser reconocida como una de las grandes contribuciones desde el ámbito privado al mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo dominicano. Nadie duda que el sendero más seguro y permanente para ensanchar las expectativas económicas de las personas es el de una educación en valores, porque la riqueza material se amplia y se pierde, de acuerdo con los vaivenes de la economía y del juego político, pero el conocimiento que se obtiene a través de un buen sistema de enseñanza, basado no solo en la información, sólo se extingue con la muerte.

De modo pues que el esfuerzo combinado de la fundación del Banco Popular y otras instituciones privadas a través de EDUCA, tiene enorme contenido social y constituye una excepcional aplicación del concepto de responsabilidad corporativa bien diseñado y mejor dirigido, sin más objetivos que ayudar a la creación de un sistema de enseñanza, tanto público como privado, que propicie la igualdad de oportunidades, sin distinción alguna. Leer más de esta entrada

La burguesía en nuestro léxico político

MIGUEL GUERRERONada produce más hilaridad que escuchar a los políticos e intelectuales dominicanos hablar de burguesía y pequeña burguesía en términos despectivos para referirse a los movimientos sociales o políticos que adversan o específicamente a sus contrarios, porque en el más literal de los sentidos la mayoría, si no todos, son también burgueses y pequeños burgueses.

De acuerdo con la definición universalmente aceptada, la burguesía es la clase social formada por los grupos más acaudalados. Es decir, por aquellas personas que poseen capital, propiedades y bienes materiales de los o con cuales viven. De modo que nada tiene de malo ser un burgués o pertenecer a ese mundo al que tanto se denigra y al cual anhelan penetrar aquellos que lo detractan. Leer más de esta entrada