La revolución de octubre

La noche del 7 de noviembre de 1917 (octubre en el calendario adoptado después por los bolcheviques), unas dos horas después de que el crucero Aurora disparara su primera descarga contra el Palacio de Invierno de Petrogrado (después Leningrado y ahora San Petesburgo) y una hora escasa después de que el batallón de mujeres que lo defendía entregara sus armas, el buque disparó nuevamente contra el edificio en que se encontraban los ministros del gobierno provisional de Alejandro Kerenski.

El historiador Robert K. Massie, describe esos momentos cruciales de la historia de la humanidad: “A las once, otras treinta o cuarenta descargas silbaron sobre el río desde las baterías de la Fortaleza de Pedro y Pablo. Sólo dos proyectiles tocaron levemente el palacio dañando el revoque. De todos modos, a las dos de la mañana del 8 de noviembre, los ministros se entregaron”. Según lo explica Massie, esta escaramuza fue la revolución bolchevique de noviembre, la cual a su juicio, fue más adelante “magnificada en la mitología comunista como una lucha épica y heroica”. Leer más de esta entrada

Demasiada familiaridad

Insisto en que la familiaridad con que la prensa trata a los políticos, incluso al Presidente de la República, no es apropiada a los fines de guardar la distancia imprescindible a una relación de independencia. Implica un acercamiento y un nivel de confianza poco aconsejable. Supone una intimidad nada buena. Demasiada confianzuda, podría decirse.

Esa peculiaridad del periodismo dominicano comienza con la práctica de tutear a los presidentes y funcionarios del Estado y por extensión a los dirigentes de la oposición. Así los titulares de los diarios se refieren a Leonel, no al doctor Fernández; a Danilo y no al licenciado Medina, presidente de la República. A Felucho, que además es un apodo, y no al licenciado Jiménez. A Jaime David, en referencia al ex vicepresidente Fernández Mirabal. También se lee Fello, en lugar de Suberví Bonilla, e Hipólito cuando se trata del ingeniero Mejía, ex presidente de la nación. Leer más de esta entrada

La protesta social

Las protestas violentas a mediados del 2013 en Turquía, Grecia, España y Brasil, extendidas a otras naciones como Chile y Costa Rica, partieron de pequeñas expresiones de inconformidad que pusieron en evidencia el enorme grado de empoderamiento de las juventudes y las clases media de esos países y el alto nivel de descontento social existentes entonces en cada uno de ellos.

Recuerdo que en Brasil las protestas se originaron contra un aumento de pocos centavos al precio del transporte, a las que se agregaron después otras demandas, obligando a la presidenta Dilma Rousseff a hacer cambios radicales en el gobierno.

Tal vez el más significativo de todos se relacionaba con la lucha contra la corrupción, en la que la señora Rousseff cosechó inicialmente importantes lauros, que al parecer no fueron suficientes para los brasileños. Leer más de esta entrada

¿Qué nación queremos ser?

Más que nada, necesitamos definir lo que queremos ser y cómo deseamos vernos dentro de quince o cincuenta años. Tal esfuerzo no corresponde a una administración ni mucho menos a una fuerza política. Se trata de un ejercicio de conjugación de voluntades, por encima de toda confrontación o prejuicio partidista. Si las diferencias prosiguen obstaculizando la búsqueda de ese objetivo común inaplazable, las posibilidades de un futuro promisorio serán escasas.

En sociedades democráticas las disparidades de criterio enriquecen el debate y ayudan a encontrar senderos seguros hacia el desarrollo y el fortalecimiento institucional. La imperiosa necesidad de encontrar vías de consenso para enfrentar los desafíos del porvenir de manera alguna significa una renuncia a esas diferencias. Una cosa es la diversidad de opinión, que es la esencia misma de una sana práctica democrática, a la rencilla que ha caracterizado el juego político en el país. Leer más de esta entrada

Cuando priman las pasiones

Las pasiones y posiciones extremas secuestran la discusión del tema haitiano, objeto de campañas internacionales para presentar al país como un conglomerado racista. La inmigración ilegal es el tema más urgente en las relaciones con nuestro vecino. Pero a despecho de la gravedad que representa el masivo éxodo de ilegales, el país no acaba de diseñar una política migratoria con reglas claras que nos libre de las acusaciones de practicar políticas discriminatorias de carácter racial, lo cual es una injusticia.

La sanción que nos impuso años atrás la Corte Interamericana de Derechos Humanos por la negativa a dar certificados de nacimiento a dos adolescentes haitianas hijas de ilegales nacidas en el territorio nacional, evidenció en su momento la terrible falta de esa política. Las reacciones locales, en una y otra dirección, han sido marcadas por la emotividad y por un crecido sentimiento patriótico. Pero tienen mucho en común: la carencia de racionalidad. Leer más de esta entrada

No todos son corruptos o ladrones

Por las redes, en periódicos escritos y digitales y frecuentemente en programas de radio y televisión se lee y escucha a cualquiera llamar ladrón o corrupto a políticos, empresarios e incluso a periodistas, sin prueba alguna. La práctica se hace más extensiva cada día y parece encaminada a convertirse en un modelo exitoso de periodismo; el que la descomposición social que sufre el país necesita, dirían sus defensores.

Es cierto que en el país hay mucha corrupción pero esta no es cosa nueva en la historia nacional. Como también es verdad que la protección legal que la protege es parte del quehacer político y empresarial desde la misma fundación de la república. Es importante para la salud de la nación que la sociedad se empodere y presione a favor de acciones severas contra ese terrible flagelo. Lo que no es cierto es que todos los funcionarios, políticos y empresarios sean ladrones y corruptos. Y no establecer la diferencia cuando se aborda el tema de la corrupción es una terrible injusticia contra todos aquellos que ejercen con dignidad una función pública o un negocio legítimo. Leer más de esta entrada

El Bosch que combatí y conocí ( y 2)

En mi obra “El golpe de Estado” se revelan los esfuerzos fallidos pero persistente del gobierno de facto que le reemplazó para presentar a Bosch como un político corrupto y justificar por ello la asonada ante la comunidad internacional y ofrecerle asimismo al país un pretexto que sirviera de excusa al quebramiento del orden constitucional.El relato que sigue muestra cómo lo intentaron: “En las semanas siguientes al golpe, el Triunvirato hizo ingentes esfuerzos por presentar al efímero régimen de Bosch como corrupto. Fue uno de sus grandes fracasos.

La reputación del expresidente era la de un hombre austero, decidido a vivir del producto exclusivo de su trabajo. Las insinuaciones de corrupción encontraron poco eco en la prensa internacional. Muchos diarios del exterior, por el contrario, dedicaron amplios espacios para resaltar la sencillez con que Bosch y su esposa vivían.

“El 30 de septiembre, mientras Bosch navegaba hacia el exilio, el Miami Herald publicó un despacho de su enviado especial Art Burt que decía: “La breve y rara leyenda del presidente Juan Bosch terminó con la reclamación de los muebles de su casa por una tienda y una cuenta bancaria de $ 101.04 que dejó para pagar a sus acreedores”. Leer más de esta entrada

El Bosch que combatí y conocí

Años después de su muerte, y por mucho que se le exalte desde entonces, Bosch sigue siendo prácticamente un desconocido para las nuevas generaciones, incluso dentro del partido que él creó y formó, en opinión de sus críticos, a su imagen y semejanza. La forma en que se le recuerda no es la que él hubiera aspirado. Los honores que se le rinden no encajaban en su personalidad. No usó nunca la banda presidencial en el territorio nacional y la única vez que se la ciñó fue en México, dos semanas antes del golpe, por exigencias de un protocolo sobre el cual nada podía hacer.

Odiaba los reconocimientos oficiales porque entendía que esa práctica era nociva para la democracia dominicana, al considerar que gran parte de la sociedad la vería como réplica o legado del trujillismo, ávido de medallas y condecoraciones. Por eso, de su pecho pendieron pocas. Leer más de esta entrada