“El camino del infierno…”

En las tertulias de intelectuales y en el discurso político es frecuente escuchar una frase que leí por primera vez en una edición en español, que a pesar de los años atesoro, de Romeo y Julieta, de William Shakespeare: “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”.

En el tercer acto de la obra, el autor la pone en labios de Mercucio, el íntimo de Romeo, de la familia Montesco, cuando aquél cae abatido en un lance con Tebaldo, pariente de la familia rival de los Capuletos. La escena ocurre luego de que Romeo evadiera batirse con su celoso rival al encontrarse en una plaza el día después en que conociera a Julieta, en una fiesta de disfraces en el palacio de los Capuleto, y ambos confesaran su amor a primera vista. Romeo se arrodilla sobre su amigo y le pide perdón por haber intentado separarlos y evitar así una tragedia lo que aprovechó Tebaldo para herir de muerte a Mercucio. Entonces Romeo enfurece y mata de una estocada a Tebaldo y huye, agravando así la vieja rivalidad entre las dos familias, lo que impide el romance entre los dos jóvenes, en un drama que concluye con la muerte de ambos. Leer más de esta entrada

El salvajismo chavista

No se trata ya de si el país tiene una deuda petrolera impagable con Venezuela y si esa circunstancia condicionó el voto dominicano en la asamblea general de la OEA a favor de la dictadura de Nicolás Maduro. El caso trasciende ya ese tipo de consideraciones, porque la violencia ejercida allí contra la oposición y dos poderes del Estado, como el Parlamento y la Fiscalía General, traspasa todos los límites y viola los principios democráticos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la propia Carta del organismo regional.

Los congresistas dominicanos deberían expresar su solidaridad con sus colegas venezolanos, golpeados muchos de ellos salvajemente por una turba chavista que violentó el fuero de la Asamblea en Caracas. Y no se trata de una primera vez. Lo vivido esta semana allí es otra insólita intervención de un poder independiente, como es ya una costumbre por un gobierno que no respeta nada. Leer más de esta entrada

De verdades y posverdades

De un tiempo reciente a esta parte, en el mundo hispano parlante se ha extendido el uso de la voz “posverdad”, hija bastarda de la inglesa “post-truth”, aunque podría apostarse doble contra sencillo que muy pocos sepan qué se quiere decir con ella. Ahora que la Real Academia Española (RAE), de labios de su director, Darío Villanueva, ha anunciado la inclusión del término en la próxima edición de su diccionario, cabe esperar una explosión de su uso a nivel local, especialmente en los medios y en las tertulias de intelectuales. Como toda novedad, el término tiene un aire aristocrático y su empleo en las conversaciones y en ciertas escrituras dará a quien se lo apropie alguna apariencia de erudición, falsa por supuesto.

Diarios españoles han anticipado que “posverdad” sería definido en el diccionario de la Lengua Española como el vocablo relacionado a “toda información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público”, pero como todavía la Academia no ha definido con total claridad el significado de la expresión habría pues que esperar la próxima edición del diccionario. Mientras, dudo mucho que su uso entre nosotros, como a menudo ya escucho, tenga conexión con el contexto en que se emplea. Leer más de esta entrada

Las preocupaciones de la Iglesia

Las personas de éxito, el que se deriva del ejercicio de una actividad, no el fortuito producto de un golpe de lotería, tienen conciencia de sus límites. De lo que pueden hacer en base a sus capacidades físicas o intelectuales. Por eso resulta difícil entender lo que con frecuencia se publica en los medios. Por ejemplo, leer, escuchar en diarios y estaciones de radio y televisión, entrevistas realizadas a personalidades de la Iglesia. Obispos y sacerdotes hablando de todo, menos de asuntos relacionados con la fe y sus ministerios.

Se entrevista a estos religiosos sobre los procesos electorales, la crisis interna de los partidos, las quiebras bancarias, la ley de electricidad, la reforma constitucional y años atrás sobre asuntos tan mundanos como el cuestionado contrato sobre informática suscrito por la Junta Central Electoral. Pero nadie parece interesado en saber las opiniones de esos pastores de almas sobre los temas que han estado sacudiendo los cimientos de la Iglesia Católica en las últimas décadas: el aborto, las denuncias de pedofilia contra obispos y sacerdotes, la ordenación de mujeres, el celibato y el divorcio. Leer más de esta entrada

Perdiendo por incomparecencia

En las tres últimas semanas, mientras estuve fuera del país, aparentemente se avanzó en la aprobación de la ley de partidos, cuyo objetivo es crear las bases del funcionamiento ordenado del sistema político. Con esa ley se aspira evitar muchos de los vicios y prácticas cuestionables que caracterizan el quehacer político cotidiano. A pesar de ello, como tantas otras veces en el pasado, los peldaños avanzados reflejaron la falta de voluntad para caminar juntos en pro de una meta común. Si esa ausencia se prolonga, el producto final responderá a una facción y no quedarán razones posteriores para la queja.

Los recelos entre las distintas fuerzas políticas lograrán frenar otra vez las intenciones de laborar en las áreas de coincidencia, paradójicamente más amplias que las diferencias, casi siempre de puro matices. Si algo está claro entre nosotros es la ausencia de diversidad ideológica en el espectro político, pues los grandes partidos se ubican todos en el conservadurismo de derechas. Aquello de socialdemocracia, democracia cristiana y centro derecha o de izquierda es pura pretensión, como lo es también en mayor dimensión lo de “progresistas” de lo que se ufanan los grupos más ultra conservadores. Leer más de esta entrada

El exceso de población

El exceso de población, sin duda uno de los más graves problemas actuales, adquiere singular dramatismo en los países en desarrollo como la República Dominicana. Nuestra limitada capacidad de producción y la falta de tecnología dificultan la alimentación adecuada de cientos de miles de seres humanos, que subsisten en condiciones extremas de pobreza e indigencia. Las desigualdades sociales se muestran más patéticas y las necesidades más perentorias. Y paradójicamente los problemas demográficos y de escasez de alimentos no figuran en las listas de prioridades del llamado Tercer Mundo, lo que en el caso dominicano es una cruda y patética realidad.

En las áreas más densamente pobladas este desequilibrio reviste características alarmantes, por lo que están a expensas de una explosión social a menos que se adopten medidas correctivas serias y efectivas. No puede pasarse por alto un hecho: a las tasas actuales de crecimiento demográfico, la población mundial crecerá hasta superar los seis mil quinientos millones de personas al final de la presente década. Ante cifras tan dramáticas, se requiere de una visión y de una solución conjunta.  Leer más de esta entrada

El valor de la iniciativa privada

Con el paso de los años, la clase política ha logrado inculcarle a la gente la idea de que el país vive permanentemente enfrentado al choque de intereses contrapuestos. De un lado, el interés nacional, representado por el Estado y quienes ejercen el poder, y el particular, que emana de la actividad privada. En el falso criterio de valoración sobre el que esa tesis se sustenta, el primero es el legítimo y el segundo es espurio, del que surgen todas iniquidades que hacen de la nuestra una nación socialmente injusta debido a las enormes desigualdades existentes.

La teoría de la desigualdad basada en la existencia de los intereses particulares ha servido para encubrir la corrupción y el enriquecimiento ilícito de una clase política incapaz de plantear soluciones de fondo a los graves problemas nacionales y preservar de este modo los grandes y crecientes privilegios que el secuestro de la vida política por los partidos le ha permitido a sus dirigentes. Leer más de esta entrada

El gigantismo estatal

Las grandes necesidades nacionales y los efectos de la crisis financiera exigen, sin mayores dilaciones, cambios drásticos en la agenda nacional. No podemos permanecer ajeno a cuanto ocurre en el mundo. La visión de corto plazo tiene que ser sepultada y dar paso a tareas de largo alcance, que permitan consolidar los sectores más dinámicos de la economía, conquistar los mercados que se han abiertos con la firma de tratados de libre comercio con los grandes centros de consumo e impactar positivamente así las expectativas de la población.

La ilusión de progreso como ilusión al fin es una burbuja porque el país está empeñado hasta los tuétanos debido a una elevada deuda externa que no para de crecer. Por tanto no es aconsejable continuar poniendo parches en las llagas de sus grandes heridas. Nos hacemos la idea de que avanzamos pero en el fondo ese crecimiento es sólo material. Tenemos más universidades y escuelas que antes pero la calidad de la educación se deteriora cada día, si bien justo es admitir que criterios nuevos afloran en esa área. Leer más de esta entrada