El delirio de una imposible fusión

Mientras se deterioraba la imagen del país y se le acusaba de promover políticas racistas contra los ilegales haitianos en su territorio, creció localmente la tesis sobre una conspiración de las grandes potencias para fusionar los dos estados. La idea, reiteradamente desmentida, siempre me pareció irrealista, producto de un excesivo celo nacionalista y de un total desconocimiento de las causas reales que condujeron a la fragmentación de países europeos cimentados en la fusión de nacionalidades caracterizada por la supremacía de unas sobre las demás.

Tal fue el caso de la Unión Soviética, donde el predominio ruso se basó en la supresión de lenguas y tradiciones de otras repúblicas que la integraban y que al primer sólido sacudimiento de la unidad se disgregó en infinidad de estados independientes. Igual sucedió en Checoslovaquia, convertida en la actualidad en dos repúblicas, la Checa y Eslovaquia. Leer más de esta entrada

La riqueza verdadera

Diariamente mi correo electrónico me trae basura que elimino sin leer. Otras veces edificantes mensajes sobre la vida y las cosas de valor que giran a nuestro alrededor. Uno de esos mensajes tiene que ver con la riqueza y las distintas definiciones que se pueden obtener de ella.

A dos grupos se les hizo la siguiente pregunta: ¿Qué es la riqueza? El primero respondió de la manera siguiente: El arquitecto la identificó con proyectos que generan dinero. El ingeniero con sistemas útiles bien pagados. El abogado con casos judiciales que dejen ganancias. El médico con pacientes que le permitan comprar una casa grande y bonita. El gerente con niveles de ganancias altas y crecientes. El atleta con la fama mundial, para estar mejor pagado.

El segundo grupo, compuesto por gente de otra condición, respondió de forma distinta. Para un preso la riqueza era algo tan sencillo como caminar libre por las calles. Leer más de esta entrada

El costo de la prisa

A pesar de los cambios que han transformado la práctica del periodismo en los últimos años, algunos valores fundamentales que han hecho de este oficio una labor trascendental para la democracia, han sobrevivido al paso inexorable del tiempo y las innovaciones tecnológicas.

Uno de ellos, tal vez el más importante, es el de informar con estricta sujeción a los hechos, sin apresurarse. Con frecuencia los reporteros se ven impactados por la magnitud de los acontecimientos sobre los que informan y las exigencias de la televisión. El deseo de dar rápidamente la información al público, la ansiedad que esa prisa trae consigo, puede generar una noticia errada o imprecisa. Los jóvenes deben cuidarse de incurrir en ese error. Se entiende perfectamente el deseo de salir con la información antes que ningún otro medio, para adelantarse a la competencia. Pero lo más importante no es llegar primero. De nada vale dar una noticia antes que otro medio si no puede hacerse de la manera correcta y con los datos precisos. Hay que ofrecer todos los aspectos de los hechos y no apresurarse en ofrecer cifras o nombres que luego deban ser corregidos.  Leer más de esta entrada

Un explosivo de mecha corta

La preocupación expresada en las redes y en los medios por ciudadanos de diferentes capas sociales, entre ellos dirigentes políticos y congresistas, ante la masiva y aparentemente creciente inmigración ilegal haitiana, no los hace xenófobos ni es indicio de una actitud colectiva racista. Aunque muchos han pretendido taparse los ojos ante esa realidad, lo cierto es que estamos ante un problema real y grave.

Esto no significa que menospreciemos la importancia que a través de los años esa inmigración, bajo cierto control, ha tenido para la economía y para el auge de ciertas actividades productivas. Ni tampoco que restemos trascendencia al valor que representa una buena y armoniosa relación comercial y diplomática sentada sobre bases claras y firmes, que eviten el contrabando y otras prácticas ilícitas muy propias entre países que comparten una frontera común. Pero la presencia cada vez mayor de ciudadanos haitianos sin los permisos legales de estadía o residencia, podría estar llegando a un nivel capaz de generar futuros conflictos en los que el país llevaría la peor parte en el campo internacional, como ya muchos suponemos. Leer más de esta entrada

Democracia y responsabilidad ciudadana

La generalidad de los dominicanos no tiene idea del alcance real de una democracia y cómo esta funciona. Duele pero es cierto. Incluso gran parte del liderazgo político y probablemente muchos de los responsables de aprobar las leyes que la posibilitan, caen dentro del marco de esa realidad. El caso es que un sistema democrático no se crea mediante un decreto o por la voluntad de los gobernantes. Se pueden aprobar cuantas leyes y constituciones la garanticen y no será suficiente si no existe una vocación ciudadana que la haga operativa.

La democracia es el fruto de una tradición de respeto a las leyes, por gobernantes y gobernados, y de un reconocimiento de los derechos ciudadanos formado y fortalecido con la práctica de muchos años. Con el tiempo se forma la tradición de tolerancia que permite que funcione en todas las esferas de la vida nacional. Eso significa un amplio sentido del estado de derecho y las libertades públicas. No bastan los códigos si no hay jueces y fiscales que garanticen su aplicación y solo entonces habría una buena y justa administración de justicia. Leer más de esta entrada

Cuando apenas queda una rosa

Como ocurre a menudo con los individuos cuando el día a día consume la existencia y nos aparta de lo trascendente, los grandes asuntos se han ausentado de la prensa dominicana. Ya no parece haber interés en los temas de éxito y tragedia humana y las columnas de los diarios y los espacios de la radio y la televisión se dedican a reseñar casi con exclusividad el cotidiano acontecer político. Los periodistas han perdido así capacidad para contar las buenas historias que hay siempre detrás de una carrera personal exitosa, en la vida de aquél que logró superar la adversidad a fuerza de voluntad y trabajo, de fe en sí mismo; la gran historia que brota de un llanto desesperado o del grito desgarrador proveniente del estómago hambriento de un niño abandonado. El color en la narración se ha perdido. No forma parte del relato.

El domingo y lunes 18 y 19 de junio, un fuerte incendio devastó una aldea portuguesa, con un elevado saldo de víctimas y pérdidas materiales. Los organismos de auxilio y la prensa de la nación ibérica, lo describieron como una de las peores tragedias. El martes 20, la desolación provocada por el siniestro inspiró un conmovedor relato periodístico de Javier Martín, que el diario español El País resumió en su portada ese día de la manera siguiente: Leer más de esta entrada

Las viejas quejas de un lector

Aún recuerdo que en noviembre de 2011, un lector de Santiago llamado José me envió un correo diciendo que por esta columna dejó de comprar el periódico. Sin embargo, por lo que me echaba en cara parecía que la seguía leyendo. Me reprochaba que no le reconociera méritos al presidente de entonces y me atribuía el creer que sólo yo conozco el camino correcto, lo que sería un acto de arrogancia que no encuadra en mi forma de ser.

Le respondí que su decisión era un acto de injusticia contra muchos otros columnistas de este diario de gran peso en la sociedad, algunos de los cuales frecuentemente exponen criterios muy distintos a los míos. Al leer estas líneas iniciales, algunos lectores pensarán que concedo demasiada importancia a algo que tal vez no la tenga. Pienso que el enojo de José, como el de tantos ahora, sí la tiene. Y merece que dediquemos en algún momento tiempo de reflexión para analizar este tipo de comportamiento. Leer más de esta entrada

Reflexión de comienzos de semana

La prensa ha jugado un papel muy importante en el relativo pero firme avance democrático experimentado en las últimas décadas, pero aún sufre de grandes defectos. Son muchos sus vicios heredados de un ya lejano pasado de autoritarismo que contaminó de miedo el porvenir. Y ese miedo en cierta medida explica las crónicas debilidades institucionales que padecemos, el temor a expresarnos con absoluta libertad y los temblores que en la mayoría de los ciudadanos, ricos y pobres, cultos e ignorantes, produce disentir de la autoridad y ejercer los derechos fundamentales propios de una democracia, garantizados además por todas nuestras constituciones.

Los medios han caído en la tentación de tutear a los dirigentes políticos y han hecho de esa práctica una norma de su diario quehacer, lo que genera un clima de confianza y acercamiento letal para la crítica y su independencia. Leer más de esta entrada