Los jóvenes de la Plaza de la Bandera

La protesta de jóvenes ante la sede de la Junta Central Electoral (JCE) es una expresión legítima de los anhelos de una nueva generación que empuja por cambios en la forma de hacer política en la República Dominicana. Han estado allí militantes y simpatizantes de la más amplia gama de partidos e ideologías. He visto en las imágenes que difunden los medios y las redes a jóvenes del PRM y del PLD, como a muchos de otros partidos y más que han dicho que no militan o simpatizan con grupo político alguno.
No es una protesta contra el Gobierno ni contra el partido que lo sustenta. Tampoco contra ninguno de los miembros de la junta. En esencia, lo que los reúne en la Plaza de la Bandera es la natural indignación por lo sucedido el 16 de febrero. Muchos de ellos ejercieron ese día por primera vez el más importante y trascendente deber ciudadano, confiados en el sistema. Ahora aspiran a saber qué realmente pasó y si los responsables pagarán por lo que hicieron.

Comprometidos con el futuro de la nación, ansiosos la mayoría de ellos por contribuir al adecentamiento de la vida pública y conjurar los vicios del quehacer partidario, votaron con entusiasmo para impulsar las reformas que anhelan, unos por el PRM, otros por el PLD, y tal vez menos por otras propuestas electorales. Leer más de esta entrada

La impunidad en los medios

En el país se acepta la idea de que laborar para un medio de comunicación otorga el falso derecho de poder expresarse o publicar cuanto se desee, sin tomar en cuenta la veracidad de lo que se diga o publique, sin importar a quien se ofende o humille. El despido hace un tiempo de un comentarista de televisión por desacuerdos con la política editorial de la empresa, se debatió como un atentado a sus derechos y una violación a la libertad de expresión del afectado. Ese concepto del periodismo limita el derecho de propiedad y el clima de libertad en que debe desenvolverse la prensa, porque un medio no está obligado a aceptar posiciones y comentarios contra la honra de terceros o que riñan con sus principios o su política informativa y editorial.

Un caso emblemático se dio en octubre del 2017 en Estados Unidos. La cadena de televisión CBS hizo pública la cancelación de una de sus más altas ejecutivas, su vicepresidente de negocios, Hayley Latmann, por opiniones que la empresa consideró inaceptables en relación con la matanza de 59 personas en un tiroteo en Las Vegas Leer más de esta entrada

Nuestro verdadero enemigo

Si hay algo que resulta inexplicable del carácter nacional, es la tendencia a menospreciar el potencial que le ha permitido a nuestro país levantarse por sus propios medios después de cada caída. Tras décadas de dictadura y un breve experimento democrático abortado que generó una confrontación civil y una segunda intervención militar extranjera, aun en esa hora difícil de nuestra historia, en medio del más sombrío panorama, esta nación encontró razones para ponerse de pie y encarar desafíos más grandes que sus propias fuerzas.

Ni las perennes divisiones que a veces parecían y aún parecen abatirnos han sido suficientes para derrotar ese espíritu emprendedor, que nos ha convertido en una estable democracia y en una sólida economía, superior a la de países mucho más grandes e incluso dotados de mayores recursos. Esa es la razón por la que, a pesar de nuestras necesidades, limitaciones y tropiezos, seamos un país de gentes felices aun en el sufrimiento. Leer más de esta entrada

De burgueses y burguesía

La palabra “burguesía” es una de las más socorridas en los ambientes mediáticos y académicos y tanto se ha abusado de ella que son pocos los textos o artículos donde no aparezca, muchas veces sin razón alguna. Se le llama burguesía al grupo social integrado por personas de alto nivel económico, con negocios propios, como industriales, banqueros y ejecutivos de empresas grandes. Por lo general, a los profesionales liberales que viven del ejercicio de su profesión, les llaman burgueses. Esas personas son a las que llaman la “alta burguesía”.
Pero hay varios tipos de burgueses, por supuesto. Los sociólogos nos hablan de una burguesía pequeña o media, formada por aquellos que disfrutan de una buena posición económica, poseen inmuebles y otras propiedades, sin alcanzar a tener lo que poseen los de la primera. Hay también los pertenecientes a una burguesía menor, la llamada clase media baja, que suele recibir el mayor impacto de las devaluaciones y las crisis económicas.

Leer más de esta entrada

La raíz de un gran problema

Cuando nos preguntamos sobre la degradación observable en amplias esferas y actividades de la vida nacional, terminamos simplificando el problema mirando solo hacia el gobierno. La verdad es que el tema no es tan sencillo. Un enfoque más realista y sin prejuicio nos llevaría rápidamente a conclusiones más cercanas a la realidad en que vivimos.

Pongamos, por ejemplo, lo que la generalidad considera como la primera de nuestras muchas prioridades: el sistema educativo. En esa área es notable el esfuerzo de la administración de Danilo Medina para mejorar la enseñanza pública y acercarla a la calidad que se le reconoce a la enseñanza privada, a pesar de que sabemos que no todos los colegios pasarían la prueba. Pero la educación es una tarea tan compleja y de tan largo alcance que reclama un compromiso colectivo, en el que el magisterio debe jugar un rol determinante. El gobierno podrá aportar cuantos recursos demande el mejoramiento del sistema, pero al final corresponde al maestro hacer que la inversión rinda sus frutos. Leer más de esta entrada

No solo de elecciones vive el hombre

Tal vez solo los amantes de la ópera en el país, y sería una lástima, han escuchado cantar a Juan Diego Flórez, pero este joven peruano nacido en 1973, está considerado como una de las grandes voces de todos los tiempos. En marzo de 2012 el Metropolitan de Nueva York montó Elixir de amor, la ópera bufa de Donizetti, con la actuación de Flórez en el papel de Nemorino y de la soprano alemana Diana Damrau, aclamada como una de las más brillantes a nivel mundial por su excepcional dominio de la coloratura y su equilibrado, sensual y hermosísimo timbre.

Flórez adquirió parte de su fama por el arrojo con el que ha asumido el desafío de incorporar a su repertorio, una de las arias más difícil para tenor, Ah!, mes amis, de La hija del regimiento, de Donizetti, considerada por los críticos como el Everest del bel canto. Esta aria es particularmente compleja no sólo por los nueve Do altos, que Flórez alcanza con extraordinaria facilidad debido a que la parte más alta de su registro es, de acuerdo con los críticos, “particularmente poderosa”, lo que le permite llegar hasta un Mi bemol alto, como lo ha demostrado incluso en actuaciones en vivo. Leer más de esta entrada

La inmigración y un sentimiento de culpa

Cuando cotejo las reacciones a las denuncias contra el país por el tema migratorio, me asalta el temor de que pudiera estar creciendo entre nosotros un sentimiento de culpa por la penosa situación que enfrenta el pueblo haitiano y, muy especialmente, aquellos que han tenido en el territorio nacional la oportunidad que su nación no les ofreció. No es mi propósito entrar en el estéril debate, en este pequeño espacio, de si esas oportunidades les han servido de algo. Me resisto a añadir otra pérdida de tiempo a una discusión que a lo largo de los años no ha conducido a ninguna parte.

Lo cierto es que a partir de la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, la República Dominicana ha sido objeto de persistentes críticas, muchas de ellas injustas, que distorsionan la realidad de la inmigración ilegal masiva y creciente, un flujo humano que desborda desde hace tiempo la capacidad nacional para asimilarlo.

La imagen que se ha creado de nosotros como nación ha generado estereotipos, contra los cuales el gobierno del presidente Danilo Medina ha tenido que lidiar para hacer entender a la comunidad internacional la validez de los argumentos que sustentan la política migratoria, sustentada en el Plan Nacional de Regulación. Leer más de esta entrada

El octavo pecado capital

Tomás de Aquino definió los pecados capitales como aquellos vicios “a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada”. De acuerdo con la literatura católica son siete: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia. Se le llaman capitales no tanto en razón de su gravedad, sino porque cualquiera de ellos puede originar otros males o pecados condenados por la moral cristiana. Cuentan que una vez se dio a elegir a un príncipe de la Iglesia entre los siete y escogió el segundo, la gula, caracterizada por la glotonería, el excesivo consumo de comida y alcohol, creyendo que era el menor. Así tentando al demonio asociado, Belcebú, se emborrachó y cometió los otros seis.

En el Catecismo se reconocen siete virtudes, antítesis de los pecados, como son la humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia. La enumeración de unos y otros nos revelan muchas veces las causas del deterioro de la política dominicana, en los que resulta fácil observar la comisión cotidiana de los siete capitales con una ausencia casi absoluta de sus virtudes, por más misas a las que asistan los 21 de enero y los 24 de septiembre. Leer más de esta entrada