Por un liderazgo responsable

Los problemas políticos se resuelven cuando el liderazgo, en el gobierno como en la oposición, asume la responsabilidad de encararlos cara a cara echando a un lado las diferencias. Es imposible pretender salvar situaciones complejas con tácticas elusivas o valiéndose de intermediarios, para encontrar salidas satisfactorias a leyes que contribuyan a fortalecer las instituciones o despejar de obstáculos la búsqueda de salidas a temas fundamentales.

Tampoco conduce a nada amarrarse a la idea de ganar tiempo retirándose de pláticas negociadoras, porque esa táctica no deja frutos ni da margen de justificación si a la postre los esfuerzos no comportan avance alguno. Abandonar la mesa de negociación con comunicados llenos de lugares comunes cada vez que surge un inconveniente ganan todavía titulares en los medios, pero congela el crecimiento de quienes apelan a ese recurso estéril. La responsabilidad del liderazgo, en el gobierno como en la oposición, es asumir el diálogo directo, sin valerse de mediadores que perdieron la utilidad que una vez tuvieron, porque los temas bajo discusión son muy delicados como para enfrentarlos mediante mandados a terceros, como aún suele suceder.

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Frustración de adolescencia

Al pensar en los que fueron mis años de infancia y adolescencia, siento en esta etapa de la vida que tal vez mi verdadera pasión fue siempre la música. Aún recreo aquellos lejanos tiempos de escasez, cuando el miedo a la tiranía normaba la vida familiar, en aquella pequeña y modesta casa de la calle Fabio Fiallo, entonces Benefactor, en las que tendido sin camisa en el piso para amortiguar el calor, solía quedar maravillado escuchando a los grandes compositores clásicos. Fue tal vez el concierto número uno para violín de Paganini o Introducción y Rondó Caprichoso de Saint Saënz interpretado por el francés Zino Francescatti, en el programa que transmitía todas las tarde HIZ, lo que produjo esos primeros escalofríos, que se sienten en la espalda, y de cuyo recuerdo nunca me he podido liberar.

No tengo claro si fue él u otros grandes violinistas como Yehudi Menuhin, Isaac Stern, Jascha Heifetz y Giddon Kremer, todos judíos, cuyas interpretaciones solían oírse a diario por esa emisora, puedan ser los responsables de esa primera frustración personal de no poder valerme de ese instrumento milagroso. En aquellos tiempos se requería de muchos recursos para estudiar música y aunque el conservatorio me quedaba al otro lado del Parque Hostos, entonces Ramfis, intentarlo era fastidioso. Se pasaba uno horas enteras en el libro de solfeo, marcando el compás y cantando las notas, sin salirse durante meses de la clave de Sol, sin llegar a las demás, y sin tener contacto con el instrumento.

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La herencia viva del trujillismo

En España se creó en el 2016 una comisión para emprender cuarenta años después lo que nosotros no hemos siquiera intentado seis décadas después de la tiranía: eliminar todo vestigio del franquismo. Tras la muerte de Franco en 1975 se inició allí un proceso de transición a la democracia. Pero aún quedan huellas del régimen por toda la geografía española, en calles, plazas, pueblos, museos y monumentos, que mantienen viva en la memoria las crueldades de la tiranía que siguió a una guerra civil en la que murieron un millón de personas tras el derrocamiento de la segunda República. La eliminación de esa herencia franquista cerraría de la memoria española una de sus etapas más oscuras.

Han transcurrido sesenta años de la muerte de Trujillo y las huellas de esa férrea etapa sigue viva en muchos aspectos de la vida nacional. Es cierto que se derrumbaron sus estatuas y bustos de plazas y avenidas, se proscribieron las actividades que tiendan a exaltarlo, se exiliaron a sus familiares más cercanos, se confiscaron muchos de sus bienes, no todos, y la capital recobró su nombre original. Pero con el tiempo, la transición que se engendró dentro del mismo régimen lo perpetuó y sus herederos, parapetados detrás de nuevos disfraces, lograron hacer del autoritarismo que lo caracterizó un legado a la posteridad.

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Los guardianes de la moral

El periodismo no es más que una extensión del derecho a expresarse libremente a través de los medios en sus distintas modalidades. Reducirlo a la posesión de un título de una escuela de comunicación, o al dominio de una técnica, constituiría un peligroso establecimiento de la censura, imperdonable, además, si la iniciativa proviene de una entidad formada por personas que lo ejercen al amparo o protección de un pergamino universitario o un cargo en un grupo formado por periodistas.

El Colegio de Periodistas (CDP), organización supuesta a oponerse a toda forma abierta o velada de restricción de las libertades de expresión y de prensa, llegó a sugerir en un comunicado hace cuatro años lo que el más acérrimo adversario del periodismo crítico e independiente, haya jamás propuesto: limitar esa labor a quienes, de acuerdo con la entidad, tienen habilidad especial para la faena. La profesión, dijo el colegio, “ha sido invadida por personas sin el mínimo dominio de las técnicas para ejercerla”.

¡Eureka! Mañana planteará que el oficio solo se le permita a los que se afilien a la organización, el modelo de colegiación obligatoria que cercena el derecho elemental de libre asociación, consagrada en la Constitución dominicana y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

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La ópera, la gran ausente del TN

La última gran velada lírica en el Teatro Nacional, cerrado casi todo el año con o sin pandemia, fue un ciclo de tres presentaciones de La Bohemia, una ópera en cuatro actos de Giacomo Puccini, con libreto en italiano de Luigio Illica y Guiseppe Giacosa. La obra está inspirada en una novela sobre las experiencias de jóvenes bohemios del barrio latino de París a mediados del siglo IXX, y se centra en la relación sentimental entre Rodolfo (tenor lírico spinto) y Mimí (soprano lírica), y que concluye dramáticamente con su muerte por efecto de la tuberculosis, lo que hace llorar desconsoladamente a su amante quien grita desesperado su nombre (¡Mimí…! ¡Mimí…!), en un estremecedor final.

Desde su primera presentación en 1896, en Turín, bajo la dirección del joven Arturo Toscanini, La Bohemia ha sido una de las óperas más populares, figurando por muchos años como una de las favoritas de los productores y cantantes, a pesar de que inicialmente no fue bien acogida por la crítica. Se la considera como una de las obras más representativas del compositor, cuyo legado incluye un extenso repertorio en el que figuran algunas de las más famosas como Tosca, Madame Butterfly, Turandot, que dejó inconclusa al morir, Gianni Schichi, cuya aria para soprano “O mío babbino caro” es una de las más conocidas y hermosas, Manon Lescaut y La fanciulla del west, famosa sobre todo por el aria para tenor Ch’ella mi creda, de extraordinaria belleza y lirismo.

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La COVID y otras prioridades de salud

Es entendible que gran parte de la atención en el campo de la salud pública se centre en la lucha contra la pandemia, pero sería un costoso error dedicar todo el esfuerzo en esa sola dirección porque más gente ha muerto de otras enfermedades en el país que las que se ha llevado la covid-19 desde marzo del 2020.

Las grandes alzas experimentadas en los artículos de primera necesidad que componen la canasta familiar son, sin embargo, muy inferiores a los incrementos de precios registrados en los medicamentos para la diabetes, las enfermedades coronarias y otras dolencias que a diario matan más dominicanos que el propio virus. Por ejemplo, las medicinas de mayor demanda para el tratamiento de las dos primeras alcanzan entre un 75 y un 100%, por lo que un paciente diabético e hipertenso pudiera estar gastando entre 20 y 25 mil pesos mensuales solo para evitar que su caso se agrave.

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La trampa que impide avanzar

Los dominicanos han sido políticamente educados para ver como malo todo lo que hace un gobierno y bueno cuanto propone la oposición o absolutamente a la inversa. Esa es una trampa y salir de ella nos puede ayudar a curar las heridas sembradas en la conciencia nacional por años de rivalidades partidarias, cada vez más difíciles de sanear.
Por décadas he escuchado y leído sobre el concepto de las prioridades del liderazgo político. Todos han señalado la educación, la salud y más recientemente la seguridad ciudadana y la preservación del medio ambiente, entre otras, como las principales, sobre las que es necesario actuar y hacerlo rápido.

La pandemia nos ha obligado a priorizar las prioridades. Pero a juzgar por la experiencia de nuestra larga transición democrática, la sociedad y los gobiernos han sido víctimas de esa concepción errada que nos oscurece el porvenir.

Muchos países han salido a flote, en medio de grandes adversidades a veces superiores a la suma de todas nuestras desgracias como nación, porque han sabido eludir a tiempo esa trampa. Y como yo la evito no me resulta difícil admitir lo bueno de un gobierno y lo malo de la oposición y lo mismo cuando el primero yerra y el segundo acierta. Por eso, si queremos avanzar debemos dejar a un lado esa estupidez de que todo cuanto hace un gobierno es malo y aceptar como válido toda propuesta de oposición, o al revés, por irrealista que parezca. El ego político a fin de cuentas alienta el desacuerdo, por creerse erróneamente que todo el mérito le corresponde al Presidente que alcance una meta, cuando corresponde a todos si se logra por medio de acciones conjuntas. Los compromisos políticos necesariamente no conllevan una renuncia a los principios.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

Cuando el poder envejece

Está demostrado que a medida que envejecen, los gobiernos fuertes se convierten en dictaduras que al final se resisten a morir, con la secuela que ese apego al poder les deja a los pueblos. Corea del Norte les gana a todos. La dinastía Kim (padre, hijo y nieto) rige con mano férrea a esa nación asiática desde 1948. En el segundo lustro de la última década del siglo pasado (entre 1995 y 1998) hubo allí una prolongada hambruna en la que murieron casi tres millones de personas. Las estadísticas oficiales solo reconocen la muerte de más de 200 mil.
La ayuda internacional, proveniente de las naciones capitalistas, ayudó a Corea del Norte a paliar las penosas consecuencias de esa falta de alimentos y quiebra de la economía.

La tiranía de los castro en Cuba le sigue en edad. Es la más longeva e ineficiente de los gobiernos que han padecido los países del hemisferio. Tras una guerra de guerrillas de tres años, Fidel Castro asumió en enero de 1959 el control total de la isla. Seis décadas después el resultado es un país muy rezagado, con índices económicos y atrasos tecnológicos considerables en relación con otros países de la subregión a los que superaba antes del triunfo de la revolución.

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