El léxico de la guerra fría

A despecho de la caída del Muro de Berlín y los acontecimientos que le siguieron en Europa y el resto del mundo, el léxico de la guerra fría domina todavía el debate en el ámbito latinoamericano. Parecería que lo ocurrido cuando el témpano ideológico que se derritió con la desaparición de la Unión Soviética no ha sido entendido, como tampoco las transformaciones capitalistas que han hecho de China la segunda potencia económica.

Los controles constriñen la vida de los ciudadanos en países como Venezuela y Cuba y el dominio de la economía por sus gobiernos las achican provocando escasez y brutales alzas de precios que hacen la vida insufrible. La experiencia china no les ha servido de nada. Cuando Deng reconoció que una teoría lanzada a mediados del siglo anterior no tenía respuestas a los problemas de la China de finales del siglo XX, el entierro del marxismo permitió a esa nación de cientos de millones de habitantes dar el salto cualitativo que Mao intentó sin éxito en medio de un charco de sangre haciendo más pobre a China. Hay más millonarios hoy en el país asiático que en cualquiera del Primer Mundo, incluyendo Estados Unidos.

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La Declaración Balfour

El 2 de noviembre de 1917, el ministro del Exterior británico, Arthur James Balfour, dirigió una comunicación al barón Lionel Walter Rothschild, líder de la comunidad judía en Londres, para anunciar el apoyo del Reino Unido al establecimiento de un “hogar nacional” para su pueblo en la región de Palestina, tierra de sus antepasados. El breve texto sirvió de base veinte años después al nacimiento del moderno y próspero Israel. El documento de tres párrafos es conocido como la Declaración Balfour.

La decisión británica reivindicó el derecho de los judíos a volver a la tierra de la que habían sido expulsados por los romanos dos mil años antes, tras la destrucción del Segundo templo, cuyo muro occidental, a los pies del Monte Moria, es venerado como el lugar más sagrado del judaísmo. Su salida forzosa de Palestina dio comienzo a lo que se llamó la Dispersión del pueblo judío que duró veinte siglos.

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Un explosivo de mecha corta

La preocupación expresada en las redes y en los medios por ciudadanos de diferentes capas sociales, entre ellos dirigentes políticos y congresistas, ante la masiva y aparentemente creciente inmigración ilegal haitiana, no los hace xenófobos ni es indicio de una actitud colectiva racista. Aunque muchos han pretendido taparse los ojos ante esa realidad, lo cierto es que estamos ante un problema real y grave.

No significa que menospreciemos la importancia que por años esa inmigración, bajo cierto control, ha tenido para la economía y para el auge de ciertas actividades productivas. Ni tampoco que restemos trascendencia al valor que representa una buena y armoniosa relación comercial y diplomática sentada sobre bases claras y firmes, que eviten el contrabando y otras prácticas ilícitas muy propias entre países que comparten una frontera común.

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Un explosivo de mecha corta

La preocupación expresada en las redes y en los medios por ciudadanos de diferentes capas sociales, entre ellos dirigentes políticos y congresistas, ante la masiva y aparentemente creciente inmigración ilegal haitiana, no los hace xenófobos ni es indicio de una actitud colectiva racista. Aunque muchos han pretendido taparse los ojos ante esa realidad, lo cierto es que estamos ante un problema real y grave.

No significa que menospreciemos la importancia que por años esa inmigración, bajo cierto control, ha tenido para la economía y para el auge de ciertas actividades productivas. Ni tampoco que restemos trascendencia al valor que representa una buena y armoniosa relación comercial y diplomática sentada sobre bases claras y firmes, que eviten el contrabando y otras prácticas ilícitas muy propias entre países que comparten una frontera común.

Pero la presencia cada vez mayor de ciudadanos haitianos sin los permisos legales de estadía o residencia, podría estar llegando a un nivel capaz de generar futuros conflictos en los que el país llevaría la peor parte en el campo internacional, como ya muchos suponemos.

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Un error común en la política

Empecinarse en restarle méritos a cuanto hace un gobierno como si todo fuera negativo, es un error común a la oposición, en la tradición política dominicana. Ocurría durante los gobiernos de Balaguer, en los del PRD, luego en los del PLD y sigue ocurriendo con el del PRM.

Esa actitud le quita a los partidos opositores el respaldo y la simpatía de aquellos sectores beneficiarios de muchos de los planes de carácter social que puedan ser puestos en marcha por una Administración. En tiempos de elecciones, muchos dirigentes políticos frecuentemente pierden la perspectiva al creer que el país que conocen en sus recorridos de campaña es el mismo que habrán de encontrar en el Palacio Nacional, si se ganan la confianza y el apoyo del electorado.

Bajo esa creencia, critican programas que la condicionante realidad les obligaría a mantener y profundizar si alcanzaran el poder.

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Los “progresistas”del patio

A despecho de su sabor amargo, hay un elemento fascinante en la política dominicana: el incansable e inagotable sentido del humor de sus autores. El más resaltante, por su permanente presencia en el escenario, es de tinte negro, y el color que se le atribuye al más pesado de los chistes, no tiene vinculación alguna con la negritud de la piel ni la fobia contra el vecino que alimentan algunos grupos minúsculos y que blanden como un activo, cual rosario de odio al que agregan cuentas cada día.

El humor de la política vernácula se crece cuando a los grupos más atrasados, algunos provenientes de la extrema derecha, se les da con llamarse “progresistas”. El mote, ¿acaso se le puede tildar de otra manera?, alcanza el Everest, cuando plantea soluciones a los problemas nacionales sobre pancartas xenofóbicas e intenta sustentarse en base a cuestionables protestas éticas y morales.

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La reducción del toque de queda

Al anunciar la desescalada de lo que llamó “odioso” toque de queda, el presidente Luis Abinader dio esta semana un paso importante hacia el tan esperado regreso a la normalidad, previa al Covid-19. Según los planes del gobierno, el país podría estar en condiciones de eliminar las restricciones en la medida en que disminuya la amenaza de contagio del virus, que ha provocado más de 3,700 muertos desde marzo del año pasado.

No se trata solo de una tarea del gobierno, que ha sido exitoso en garantizar un fluido acceso a la vacuna, incluso a una tercera dosis si se hiciese necesaria en la lucha contra el virus. Es también, y sobre todo, una responsabilidad ciudadana. En lo que resta de esta semana y los primeros días de la siguiente, los dominicanos podremos movernos con tranquilidad hasta las 10 de la noche con dos horas adicionales de libre tránsito, para permitir el regreso a casa sin los encontronazos con la autoridad que se dieron en los primeros meses de la pandemia. Si observamos las medidas, esa flexibilización hará que no sea necesario ya el toque de queda.

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La crisis de ingobernabilidad haitiana

El asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moise, agrava la caótica situación en el vecino país. Y plantea serias interrogantes a la República Dominicana. Haití es un socio comercial importante. Básicamente, el intercambio bilateral se realiza a través de la frontera y el asesinato del presidente haitiano deja el futuro inmediato de ese intercambio en una espesa bruma de incertidumbre.

Por razones de seguridad, tan pronto se supo del atentado en Puerto Príncipe contra el mandatario haitiano, el presidente Luis Abinader dispuso un reforzamiento de las medidas del control fronterizo, que incluye el cierre temporal de la línea divisoria entre ambos países.

La medida afectará el intercambio de productos que en situación de normalidad se realiza en varios puntos de la frontera. Y la pregunta que no tiene por el momento respuesta alguna es el tiempo que podría durar esa situación. Muchos sectores dominicanos dependen de la estabilidad de ese intercambio. Y millones de haitianos dependen también de él para suplir la deficiencia de su aparato productor de alimentos.

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