Rigoletto, Verdi y Víctor Hugo

Muchas de las composiciones de Verdi fueron objeto de censura, y en el caso de una de sus más famosas, Rigoletto, basada en una novela de Víctor Hugo, cambió los nombres de los personajes para evitarla.

La ópera fue inspirada en Le roi s´samuse, del escritor francés, publicada en la tercera década del siglo XIX y que fue prohibida, porque ofendía a la nobleza de la época, durante los siguientes cincuenta años. Rigoletto forma parte de la famosa trilogía que completan La traviata y El trovador, con las que Verdi comenzó a alejarse de la tradición italiana del belcanto de mediados de ese siglo.

El compositor dijo las razones por la que Rigoletto solo tenía en sentido estricto una sola aria, no La donna é mobile, escrita apresuradamente para el tercer acto final, por las exigencias de un tenor que necesitaba con qué lucírsela. Quería que la obra fuera una serie interminable de dúos “porque estaba convencido” de que debía ser de ese modo.

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Sobre gasto y brecha social

Es cierto que el crecimiento sostenido de la economía durante tres décadas no ha reducido la brecha social existente en la medida en que el Producto Interno Bruto se ha expendido. Pero la única vía para lograrlo es a través del gasto público. Y un gasto público de calidad, del que tanto se habla, se refiere a la inversión en los ámbitos de la educación, la salud pública, el mejoramiento y ampliación de la red vial y, sobre todo, en los programas de carácter social en las zonas urbanas como en las rurales.

Ningún programa de política económica surte efectos duraderos de largo alcance en el corto plazo. Es un enfoque equivocado valorar su efectividad en base a los efectos inmediatos, porque la mentalidad nacional no se cambia o transforma de un año a otro y el alto contenido cultural de nuestra pobreza trasciende los límites de las carencias materiales. Para mejorar la educación no basta con las reformas curriculares. Es un largo proceso que involucra un cambio en la mentalidad del gobierno y del magisterio, más comprometido con sus reivindicaciones laborales que con sus obligaciones en las aulas. Mismo ocurre en el área de la salud, donde hay un visible esfuerzo por mejorar la planta física hospitalaria y las condiciones de los profesionales del área.

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El servicio de la deuda y el déficit fiscal

El crecimiento de la deuda debe ser, sin duda, un motivo de preocupación, pero el nivel que ella tiene en relación con el Producto Interno Bruto, alrededor de un 38%, es inferior al de la mayoría de las naciones latinoamericanas, ninguna de las cuales registra tasas de crecimiento económico superiores a la dominicana. De acuerdo con cifras de organismos internacionales, tanto regionales como mundiales, la deuda nacional es mucho más baja que la de México, Venezuela, Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Perú, Ecuador, Costa Rica y Uruguay, en monto y en relación con el tamaño de sus economías.

Naturalmente, esa realidad no es óbice para que el país pierda la perspectiva y se descontrole, porque una parte importante de sus ingresos se destinan ya al pago del servicio de la deuda. El caso es que el país ha podido mantenerla bajo control, mientras cumple con sus obligaciones honrándola. Mientras la presión tributaria se mantenga estática, apenas un 14%, el gasto tributario del gobierno represente cerca de un 6.5% del PIB, y la evasión siga siendo un histórico dolor de cabezas, tendrá que seguir financiándose en base a préstamos, so pena de paralizar el crecimiento y poner en riesgo la estabilidad macroeconómica, que ha sido la base de la estabilidad monetaria y de la paz social que indudablemente disfrutamos desde hace décadas.

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Otra vez la reelección

Ahora que se plantea una nueva reforma constitucional, vale recordar que todas las realizadas en la vida democrática nacional, desde la caída de la tiranía de Trujillo, han tenido como meta la reelección, sea para impedirla o restablecerla. Y la nación no se ha hundido todavía y dudo que eso ocurra. La primera se remonta a 1966, tras el regreso al poder de Joaquín Balaguer, quien ya había sido dos veces presidente, ninguna por la vía electoral. Esa Constitución no hacía deliberadamente referencia al tema, por lo que basado en el principio de que lo no prohibido es permitido, le dio al líder reformista oportunidad de reelegirse cuantas veces pudo.

Como consecuencia de la crisis post electoral de 1994, en la que se le acusó de ganar las elecciones por medios fraudulentos, se llegó a un acuerdo político para preservar el orden y evitar el caos institucional. La reforma le redujo el periodo a dos años, convocó a elecciones anticipadas, se modificó el sistema electoral y se prohibió la reelección.

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El peligro de los excesos

Los excesos de la prensa suelen ser muchas veces, en determinadas circunstancias, tan o más perniciosos para la libertad que los de un gobierno. Y sus muestras de arrogancia compiten con la prepotencia que ella le atribuye a sectores oficiales y políticos no siempre en ejercicio de funciones públicas, envanecidos con la ilusión de un poder que a la postre resulta tan efímero como la vida misma.

Tengo años advirtiendo sin éxito del peligro que para la existencia de la prensa independiente tienen algunas muestras del peor periodismo que se da en algunas estaciones de radio y televisión, con gente de escasa preparación, y con otras con muy alta educación académica, lo cual más penoso todavía. Gente convencida de que la obscenidad es la mejor manera de llegar al público y alcanzar notoriedad en los medios; que no escatima palabras para ofender a terceros y hacer acusaciones de toda índole, sin posibilidades de probarlas. Espacios cedidos por dueños de medios a quienes se creen creadores de presidentes y a otras furiosas voces, para los cuales no hay límites de ninguna especie. Propietarios ignorantes de que la ley les hace también responsable de esos excesos.

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El fideicomiso como política de Estado

A juzgar por su insistencia en las “alianzas públicas y privadas” y los fideicomisos, tal vez el presidente Luis Abinader esté actuando con sinceridad al confesarle al país su desconfianza en colaboradores y dirigentes de su partido para encarar los problemas más acuciantes de la nación. Son ya 14 los contratos y decretos de fideicomisos, que abarcan desde el desarrollo de una provincia, Pedernales; la reforma de la Policía Nacional, la exportación de tilapias y el activo público más importante como es Punta Catalina.

La resistencia a la idea de poner al Consorcio bajo administración de un grupo privado por 30 años, está erosionando la popularidad del gobierno, lo cual es muy inquietante dada la necesidad de que el Presidente preserve un alto nivel de confianza para acometer con éxito los grandes desafíos que deberá encarar en lo que resta de su mandato de cuatro años.

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Entre falsos revolucionarios (2 de 2)

Conozco a una gran cantidad de conservadores y tradicionalistas con una fina y desarrollada percepción de cambio que adoptan como un objetivo de sus vidas, y a un número mayor de individuos supuestamente baluartes y protectores de eso que llaman “ideas de vanguardia”, total y absolutamente desprovistos de compromisos con la sociedad en la que viven.

Por eso he sostenido siempre que si los cubanos se dieron una revolución a partir de enero de 1959, esa revolución ha tenido lugar efectivamente en cada hogar de una familia cubana precisada a construir con el esfuerzo y el sudor de su trabajo un porvenir digno para su familia, en tierras lejanas que ya pudieran ser la propia por los duros años de exilio. En la isla, atrapada en las redes de un sueño trunco, la revolución pereció el mismo día en que las ambiciones de un solo hombre dejaron en cada rincón de Cuba las raíces de la peor tiranía de su historia.

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Entre falsos revolucionarios (1 de 2)

En la izquierda dominicana no se acepta la diferencia entre una postura y una actitud revolucionaria. Las posturas revolucionarias tienen mucho que ver con lo que real o falsamente se sostenga en el plano de la ideología. Las actitudes revolucionarias con lo que una persona es en su vida diaria.

La primera se asume abrazando simplemente el castrismo. Una conducta revolucionaria se alcanza al cabo de una larga vida de desprendimiento y servicio. He visto por eso a marxistas reaccionarios y a un buen número de empresarios revolucionarios. Siempre será más difícil mantener una conducta revolucionaria que una postura a favor del cambio social. Principalmente porque la mayoría de quienes alegan un historial revolucionario viven y actúan en constante riña con sus prédicas políticas.

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