Haití no es culpa nuestra

Cuando cotejo las reacciones a las denuncias contra el país por el tema migratorio, me asalta el temor de que pudiera estar creciendo entre nosotros un sentimiento de culpa por la penosa situación que enfrenta el pueblo haitiano y, muy especialmente, aquellos que han tenido en el territorio nacional la oportunidad que su nación no les ofreció. No es mi propósito entrar en el estéril debate, en este pequeño espacio, de si esas oportunidades les han servido de algo. Me resisto a añadir otra pérdida de tiempo a una discusión que a lo largo de los años no ha conducido a ninguna parte.

Lo cierto es que a partir de la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, la República Dominicana ha sido objeto de persistentes críticas, muchas de ellas injustas, que distorsionan la realidad de la inmigración ilegal masiva y creciente, un flujo humano que desborda desde hace tiempo la capacidad nacional para asimilarlo. La imagen que se ha creado de nosotros como nación ha generado estereotipos, contra los cuales se ha tenido que lidiar para hacer entender a la comunidad internacional la validez de los argumentos que sustentan la política migratoria dominicana, hoy muy ambigua.

Leer más de esta entrada

Breve reflexión de fin de año

Tratemos de ser realistas. El país no está en condiciones de valerse por sí solo porque no se me ocurre algo más alejado de una autarquía que la República Dominicana. Entonces, pongamos los pies en la tierra y analicemos algunas irreflexivas acciones pasadas. Por ejemplo, la estatización de la mina de oro de Pueblo Viejo no pudo ser experiencia más decepcionante. El inmenso pasivo ambiental de esa zona fue el único legado de esa nacionalización, recibida en su momento como un acto de soberanía reivindicativo de nuestros recursos naturales.

No existe una sola evidencia del beneficio que esa nacionalización le trajera al país o a la provincia Sánchez Ramírez. No existe ni existió nunca una herencia material que pruebe que esa acción pueda ser catalogada como un acto positivo. Mucha gente salió ganando, es cierto, pero a un precio muy alto para el país. Otro ejemplo: la readquisición por el Estado de las empresas distribuidoras durante la administración del PRD, con la onerosa carga que ha significado en el suministro de energía y en el cobro de la facturación.

Leer más de esta entrada

Un extraño en el paraíso

La distorsión más dañina al periodismo ha sido la creencia de que un medio está obligado a publicar o difundir todo lo que recibe, escriben o plantean sus reporteros y comentaristas. Los promotores de ese periodismo de “vanguardia” y de “compromiso con la verdad” entienden que la negativa del medio en que laboran a aceptar cuanto quiera decirse o escribirse en sus espacios y páginas constituye una violación a la libertad de prensa y una limitación del derecho a la libre expresión. La pretensión carece de base. En una sociedad democrática y plural como la nuestra imponerla lesiona el derecho de propiedad, tan legítimo como las demás libertades básicas.

Ningún medio está obligado a hacerse eco de aquello que considera lesivo o con lo que no comulga. Lo que sí erosiona la libertad son aquellas leyes y restricciones que suelen imponer los gobiernos para impedir la publicación de noticias que cuestionen el estado de derecho o las políticas oficiales, lo que no es el caso en la República Dominicana, porque aquí afortunadamente, nos agrade o no aceptarlo, hay tolerancia a una prensa crítica. Y amparada en ese clima democrático, crece una tendencia muy negativa a hacer mal uso de la libertad de expresión, y sabemos que nada hace más daño a la credibilidad del periodismo nacional que esa modalidad sin límite alguno, que a diario vemos y escuchamos.

Leer más de esta entrada

Los ladridos de jaurías

Periodistas y políticos han vivido con la angustia resultante del intento de degradación moral puesto a cargo de un ejército de lisiados mentales, cuya única misión en las redes es denigrar a todo aquél con entereza moral suficiente para exponer sus ideas y defenderlas aun a costa de marchar en la dirección contraria a la corriente. Y como entregarse a la manada y a quienes las arrean, les permite a muchos dormir tranquilos y hacerse los simpáticos, esta gente se sale muchas veces, aunque no siempre, con la suya.

Los epítetos que me han lanzado por mis posiciones sobre los temas objeto de discusión, trátese de la política, la economía, el medio ambiente, el deporte y la cultura, llenarían una enciclopedia, pero el impermeable que calzo sobre mi cabeza me protege de esas aguas sucias. Muchos dominicanos temen decir lo que piensan, no tanto por temor al Gobierno, sino para no hacerse el blanco de una crítica o de una burla en las redes por gente que apenas sabe escribir y con escaso sentido, si lo tiene, de urbanidad. Por esa causa periodistas, políticos y ciudadanos temen endosar posiciones buenas de un gobierno o las de un adversario político. En mi caso apoyo lo que entiendo correcto venga del Gobierno o de la oposición, porque no todo lo que hace el primero es malo ni bueno cuanto dice el segundo.

Leer más de esta entrada

Un conflicto sin salida

Sería el primero en condenar la legalización pura y simple del aborto, pero la penalización de algunas formas de interrupción del embarazo es un anacronismo superado en países con legislaciones modernas. La restricción es un desconocimiento de los derechos reproductivos de la mujer cuando se trata de una violación, una relación incestuosa, corre peligro inminente la vida de la embarazada y cuando la criatura presenta anormalidades congénitas que no le permitirían llevar una vida normal.

Un ejemplo dramático de las consecuencias de la rigidez de las constituciones, que desconocen esos derechos, es el de una joven salvadoreña, de 18 años, Guadalupe Vásquez. La muchacha se presentó hace años a un centro médico del pequeño pueblo donde vivía con una hemorragia uterina. Los médicos la denunciaron ante la fiscalía por haberse practicado un aborto. La fiscalía cambió luego el cargo por homicidio voluntario, lo que le llevo a prisión con una condena de 30 años. La joven había sido violada pero desconocía que estaba embarazada cuando se le presentó el sangrado, pero el tribunal desestimó su alegato. Tras cumplir parte de la sentencia, la joven fue indultada por la Asamblea Legislativa salvadoreña luego de un debate sobre ese y muchos otros casos similares, que conmovieron la conciencia de la nación centroamericana.

Leer más de esta entrada

El fundamentalismo ambiental

Ahora que un senador muy cuestionado le niega al país y a su provincia el derecho al usufructo de la riqueza del subsuelo, recuerdo una entrevista radial en la que un profesor universitario casi gritó: ¡Muera la minería! La expresión me golpeó con la fuerza de un huracán y me pregunté qué pasaría si el creciente fundamentalismo ambiental se impusiera en el mundo y los gobiernos decidieran acabar con la explotación de los recursos naturales para enfrentar los efectos del deterioro del medio ambiente y el calentamiento global del planeta.

No es difícil imaginarlo. Sin petróleo, gas natural y los demás minerales, al cabo de muy poco tiempo tendríamos que cerrar los puertos y aeropuertos, porque no habría barcos ni aviones; las industrias, los hospitales, los restaurantes y la construcción de edificios, escuelas y carreteras, ya no serían posibles.

Leer más de esta entrada

Los homo erectus de la política

A finales del siglo XIX, el científico holandés Eugéne Dubois encontró en la isla de Java fósiles muy parecidos a restos humanos, que dentro de la búsqueda entonces del eslabón perdido definió como huesos pertenecientes al primer hombre mono erguido al que llamó Pithecanthropus erectus. Siglo y cuarto después en el ámbito del partidarismo dominicano no resultaría difícil encontrar fósiles que muy bien servirían para ilustrar a nivel nacional una imaginaria actividad política un millón y medio de años atrás, con antepasados del hombre actual.

Es la situación que suele darse cuando los dirigentes de partidos negocian por conveniencia personal posiciones electorales que no podrían conseguir por sus propios medios, impidiendo el crecimiento de su dinámica interna, a lejana distancia de las elecciones sin mediar ninguna competencia entre aspirantes. El hecho de que en esas circunstancias brillen personas inclinadas a favorecer esa salida a la crisis interna que mantiene congelada la oposición política es prueba más que suficiente para medir el grado de envilecimiento a que se ha llegado en partidos que bien podrían trabajar en procura de un historial democrático digno de mejor futuro.

Leer más de esta entrada

Cómo enfrentar el futuro

Las preguntas cruciales de un debate sobre el futuro, incomprensiblemente retardado, no pueden ser otras que las siguientes: ¿A qué país queremos parecernos? ¿A Haití, Bolivia, Nueva Zelanda o Finlandia? ¿Puede la República Dominicana financiar su desarrollo con una presión tributaria del 13 o el 14 por ciento del PIB? Si nos ponemos de acuerdo en las respuestas y miramos hacia adelante dejando atrás ese inmediatismo que ha caracterizado la vida nacional y mal orientado las discusiones en el ámbito de la política, seguramente superaríamos las trabas que impiden una llana discusión y todo lo demás podría resultar más fácil.

Algunos cálculos económicos sugieren que un incremento del uno por ciento del PIB en las recaudaciones fiscales bastaría para superar el déficit presupuestario, que ha descendido desde el 2012 de casi un ocho por ciento a menos de un 2.0 para este año. Otro uno o dos por ciento de incremento podría ser suficiente para preservar las expectativas de estabilidad macroeconómica en los próximos años y aunque hay discrepancias con respecto a estos números, es evidente que un diálogo serio y representativo al más alto nivel de la sociedad, encontraría sin muchas dificultades las fórmulas de nuestro despegue definitivo.

Leer más de esta entrada