Las lealtades efímeras

Hace un tiempo escribí que el presidente Luis Abinader debería sopesar el valor de las lealtades efímeras a disposición del dinero público, basado en la experiencia que dejaron a cuantos le antecedieron en el cargo. La inutilidad de servidores pagados se hace evidente en lo que se lee y escucha por la radio y la televisión, de expresidentes por parte de aquellos que alguna vez fueron sus serviles seguidores. Dado que se trata de una tradición, podría sucederle también a él cuando concluya su mandato.

Si esas deserciones de lealtad de oportunidad cíclica, se han visto a semanas de cada cambio de gobierno, imagínense lo que le podría venir después desde ese litoral de apátridas morales, cuyo canto, como todo buen gorrión, depende del volumen de alpiste que se le ponga.

Leer más de esta entrada

El temor al compromiso

La propuesta del presidente Luis Abinader a favor de un pacto nacional sobre el tema haitiano por encima de las diferencias partidarias, invita a una reflexión a despecho de cuán lejos se esté de lograrlo. En sentido general, y no precisamente en este caso, lo que impide los acuerdos para avanzar en los temas sustanciales de la nación, no son solo los intereses de grupos, por mucho que estos sean y traben los esfuerzos.

Es el miedo a la concertación el que detiene las manecillas del reloj y nos paraliza en el tiempo. El temor a conciliar las diferencias bajo la creencia de que ceder en aras de una buena negociación es claudicar ante el adversario. El terror que le inspira al liderazgo político ir a la casa del contrario y pactar acuerdos, por más que esos tratos sean de urgencia capital para la nación. El horror que les produce un tuit en las redes.

Leer más de esta entrada

El abismo entre democracia y dictadura

Las dictaduras y los gobiernos autoritarios son más fáciles de sostener que una democracia auténtica. Sólo necesitan valerse de la fuerza y de la intimidación para mantenerse y luego el miedo los hace una costumbre. Esa ha sido la historia siempre. La hemos vivido una y otra vez en esta nación, en la que sus fundadores, los que se entregaron a la causa de la redención del pueblo dominicano, terminaron en el cadalso o murieron en medio de una pobreza atroz en el exilio, olvidados de aquellos que habían contraído con ellos una deuda de gratitud impagable.

La democracia, en cambio, requiere de una construcción basada en la tolerancia y la paciencia. No se edifica de un tirón como las dictaduras. Es una cultura. Los gobernantes democráticos están obligados por las constituciones y las leyes y están moral y legalmente forzados a respetarlas y hacerlas cumplir, por encima de sus simpatías y compromisos personales o de logias.

Leer más de esta entrada

Apuntes sobre la rendición de cuentas

La tan esperada rendición de cuentas, a juzgar por las reacciones, no llenó las expectativas que probablemente se tenían sobre ella en la esfera oficial. Fue excesivamente extensa y fuera de un largo relato de obras realizadas, en construcción o por iniciarse, no trajo esperanzas a amplios sectores de población disgustados por el alza del costo de la vida, la inseguridad ciudadana y el aumento de la inmigración ilegal, que es, sin duda, la queja más fuerte contra el Gobierno.

El llamamiento presidencial a un gran pacto nacional, que eche a un lado las diferencias políticas en aras de un compromiso colectivo sobre el tema más sensible que no es otro que el de la soberanía nacional, difícilmente encuentre eco en los principales partidos de oposición, lo cual implicaría un revés político para el presidente. Proponer ese acuerdo, al final de un extenso discurso lleno de quejas y referencias críticas contra la oposición, fue desde el momento mismo del anuncio una iniciativa sin futuro.

Leer más de esta entrada

De solidaridad y obligaciones

Las estadísticas sobre las mujeres haitianas que cruzan la frontera para parir en nuestros hospitales no serían tan preocupantes si no existiera el criterio en sectores de opinión pública y en organismos internacionales, de que por esa razón sus hijos deben ser inscritos en el Registro Civil como dominicanos. El espíritu de humanidad que acoge a esas parturientas no conlleva obligación adicional. La República Dominicana no puede cargar con el peso de la irresponsabilidad de su vecino, porque tiene también sus propios problemas y son limitados sus recursos.

De hecho, no es un secreto que la acogida que se les da a esas parturientas va en detrimento de la capacidad de nuestros hospitales para atender los partos de las mujeres dominicanas. Y buena parte del presupuesto del Ministerio de Salud para ese renglón se consume en atender a las haitianas que no encuentran en su propio país facilidades para dar a luz en condiciones higiénicas, como se les ofrecen en esta parte de la isla. De manera, pues, que se trata de un problema que amerita la pronta atención debida, ya que tiene el potencial de un explosivo.

Leer más de esta entrada

El respeto a las leyes impulsa el progreso

El éxito de las políticas gubernamentales no depende sólo de quien las pone en práctica, sino de quienes están obligados a cumplirlas. Nuestra tradición indica la resistencia de los ciudadanos a valorar las acciones y programas que muchas veces se conciben para mejorar su calidad de vida estableciendo niveles de organización indispensables al buen funcionamiento de una ciudad o del país.

Pongamos, por ejemplo, el tránsito. Todos sabemos que se trata de uno de los más serios problemas que hoy, y desde hace décadas enfrentamos y no precisamente por falta de voluntad de las autoridades. Los dominicanos dejamos ver el primitivismo que todo ser humano lleva dentro cuando estamos al frente de un volante. Si se hiciera obligatorio un examen riguroso a todos aquellos que ya tenemos licencia de conducir, incluido el de naturaleza sicológica requerido para una licencia de arma de fuego, probablemente una buena parte la perdería. Y no porque desconozcan la forma de conducir e incluso las señales de tránsito, sino por la conducta que exhiben cuando conducen, se vuelan semáforos, se estacionan en sitios prohibidos, copan las intersecciones y se suben a las aceras.

Leer más de esta entrada

¿Está nuestra suerte echada?

Amedida que avanzamos hacia las elecciones del año próximo, surgen muchas interrogantes sobre el futuro de la democracia y la estabilidad social y económica de la República. Y revive la inquietud acerca de la posibilidad de que ese proceso nos ponga en la encrucijada de cruzar el Rubicón que siempre ha sido la política dominicana.

El Rubicón es un río de pocos kilómetros de estrecho caudal del nordeste de Italia. Durante el imperio romano, se les prohibía a los generales cruzarlo con sus ejércitos. La prohibición tenía una finalidad. El río dividía y servía de frontera entre la República de Roma y la provincia de la Galia y protegía a la primera de invasiones militares. Medio siglo antes de Cristo, Julio César, ordenó a sus tropas cruzarlo iniciando la guerra civil, con el dicho siguiente: “La suerte está echada”. Con el tiempo la frase “cruzar el Rubicón” se interpreta como exponerse a una situación en extremo riesgosa, de fatales consecuencias.

Leer más de esta entrada

Un proyecto contra la República

En un mundo de permanente confrontación, normada por los más fuertes, es comprensible que las naciones pequeñas como la nuestra se rindan a las presiones del juego de los intereses de las potencias, especialmente cuando el principio de hegemonía se encuentra en medio de los conflictos.

Pero hasta la sumisión tiene sus límites. Y cuando se alcanza ese punto, solo queda un rotundo “¡hasta aquí!”; un alto que rescate el honor que hace grandes a las naciones chicas en los momentos difíciles, para salvar sus tradiciones y su derecho a vivir conforme a los valores forjado en un pasado, casi siempre lleno de heroísmo y sacrificios como ha sido nuestro.

Leer más de esta entrada