Ahora o mañana será muy tarde

Hablemos claro, sin miedo y sin tapujos. La preocupación cada vez mayor ante la masiva y creciente inmigración ilegal haitiana, no hace a nuestro país xenófobo ni es indicio de alguna actitud colectiva racista. Aunque muchos han pretendido taparse los ojos ante esa realidad, lo cierto es que estamos ante un problema real cuya gravedad crece cada día.

No significa que menospreciemos la importancia que por años esa inmigración, bajo cierto control, ha tenido para la economía y para el auge de ciertas actividades productivas. Ni tampoco que restemos trascendencia al valor que representa una buena y armoniosa relación comercial y diplomática sentada sobre bases claras y firmes, que eviten el contrabando y otras prácticas ilícitas muy propias entre países que comparten una frontera común. Pero la presencia cada vez mayor de ciudadanos haitianos sin los permisos legales de estadía o residencia, podría estar llegando a un nivel capaz de generar futuros conflictos en los que el país llevaría la peor parte en el campo internacional, como ya muchos suponemos.

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“Algo huele mal…”, por suerte en Dinamarca

En el drama clásico “La tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca”, una de las más importantes joyas de la literatura universal y probablemente la obra más famosa del dramaturgo inglés William Shakespeare, junto a “Romeo y Julieta”, aparece por primera vez la famosa frase: “Algo huele mal en Dinamarca”.

Shakespeare la pone en labios de un centinela llamado Marcelo que la susurra a los oídos del príncipe Hamlet momentos antes de que se le apareciera su padre, el rey Hamlet, para decirle que había sido asesinado por su hermano Claudio para quedarse con el trono y casarse con la viuda.

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¿Se puede ser neutral en tiempos difíciles?

Un seguidor de un candidato me incriminó en las redes por no asumir la defensa de su líder e impulsar la de uno de sus adversarios. Su lógica se basaba en un silogismo: si no estaba con el suyo, por lógica elemental, tenía que estar a favor del otro. Hubo un segundo que me emplazaba a definirme dentro de lo que llamaba mi “imparcialidad parcial”.

Esos y otros mensajes en idéntica tónica procedentes del mismo litoral, me llevaron a una reflexión. Me pregunté si es correcto, en la situación en que se encuentra el país, permanecer neutral. Y recordé la descripción que hace Dante de un lugar de lamentaciones a las puertas del Infierno reservado para aquellos que no creen en Dios ni se rebelan contra él. Justo el lugar al que deben ir los que permanecen neutrales en momentos o situaciones de crisis.

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Preguntas de fin de semana

Cada día más dominicanos se preguntan:¿Qué espacio puede reservarse a un sujeto que a sangre fría le quita la vida a un ciudadano para despojarle de un celular? ¿Cuánto más allá de su precio en el mercado puede tener de valor ese pequeño aparato telefónico? ¿Qué utilidad puede representar quien procede con tanta violencia, llenando de zozobra a la comunidad con sus actos vandálicos? ¿Es justo que a esos antisociales se les reconozcan derechos que ellos les niegan a sus víctimas? ¿Por qué les resulta tan fácil a esos criminales evadir la persecución policial y la justicia?

Con frecuencia el temor que invade a la sociedad por la repetición de hechos de esa naturaleza, cambia los hábitos de vida de sus miembros, debido a la inquietud de ser los próximos. El daño social de estas acciones criminales termina siendo muy superior a los efectos físicos que les causan a las víctimas.

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Bosch, en el 60 aniversario del golpe ( y 14)

El trato de Bosch con los militares se hizo difícil por el poco conocimiento que tenía de la vida castrense y de su rechazo instintivo a cultivar la amistad de estos. Varios incidentes ilustran la naturaleza escabrosa de esas relaciones, aún en los mismos comienzos del gobierno, cuando todavía la aureola de triunfo elevaba la imagen del presidente hasta alturas inimaginables.

Después de juramentarse, Bosch comenzó a visitar campamentos militares. A comienzos de abril se presentó en el Batallón Blindado de la base aérea de San Isidro. Las unidades blindadas estaban dispuestas en formación para una inspección de rigor del presidente. Al llegar a la hilera de tanques AMX, los más modernos de la dotación, Bosch se dirigió a los oficiales diciendo que esperaba que esas máquinas no se usaran contra el pueblo por lo que sería mejor venderlas para comprar barcos de pesca. Un joven oficial, el capitán Juan Oscar Contín, intervino ante el estupor que las palabras del mandatario habían provocado, diciendo que no estaba de acuerdo porque esos equipos eran insustituibles para la defensa nacional.

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Bosch, en el 60 aniversario del golpe (13)

El padre Marcial Silva era muy popular no sólo entre los oficiales sino en ciertos círculos donde se movían los cadetes y, en un plano bajo, los soldados. Frecuentemente iba al club de oficiales y al cine de alistados a dar charlas. Cuando se le preguntaba qué opinaba de Bosch, respondía con seguridad y sin titubeos: “Es un hombre peligroso”. Bosch era de cuidar, a juicio del sacerdote, por sus ideas marxistas y porque estaba “en contra de la Iglesia”.

En sus charlas insistía en que Bosch era “ateo, anti hispánico y un anticatólico rabioso”, que había bebido de las enseñanzas hostosianas racionalistas. En su opinión, Bosch era el Hostos dominicano “irrespetuoso de la religión”. Sus palabras lograban avivar sentimientos anti-boschistas, no sólo entre los oficiales sino, principalmente entre los soldados de la base de San Isidro, la fuente principal del poder militar de entonces. En su condición de capellán, el padre Marcial Silva cumplía la obligación de dar misa en otros campamentos.

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Bosch, en el 60 aniversario del golpe (11)

Cuatro días antes de la promulgación de la nueva ley sustantiva, el Episcopado hizo leer en todos los templos una pastoral que la condenaba. Los obispos observaban que el texto constitucional no estaba “de acuerdo con los derechos de Dios y de la Iglesia”, por cuanto carecía de fundamento “en las situaciones históricas concretas” del país. Se quejaban del fracaso de cuantos esfuerzos se realizaran ante la Asamblea Constituyente para lograr soluciones a “los graves problemas planteados” con la nueva Carta Magna, que ignoraba la adhesión de los dominicanos al catolicismo.

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Bosch, en el 60 aniversario del golpe (10)

La tirantez entre Bosch y la jerarquía eclesiástica alcanzó su nivel más alto el 29 de abril de 1963, con la promulgación de la nueva Constitución sin referencia alguna al Concordato. Al acto de proclamación no asistieron representantes de la Iglesia. Bosch diría después que esa ausencia era “un acto de rebeldía, que la propia Iglesia condenaba”, puesto que esta tenía como doctrina el respeto a los gobiernos y a instituciones legalmente establecidas.

La causa de esa actitud estaba en que los dignatarios de la Iglesia dominicana “actuaban de acuerdo con el medio en que se movían; y en ese medio, entre la gente de primera y de alta clase media se decía que esa Constitución no tenía validez porque había sido redactada por gente sin importancia, por ignorantes”. Se refería a la extracción social de los miembros de la Asamblea Revisora, entre los cuales había obreros, mujeres, estudiantes, gente cuyos apellidos, según Bosch, no se habían oído nunca en un salón. Sin embargo, la nueva Carta Magna no era, en palabras de Bosch, “nada del otro mundo”, al no contener ofertas de cambios radicales. Se limitaba a dejar sin efecto el Concordato, a establecer los derechos de los trabajadores a participar en los beneficios de las empresas a las que servían, fijaba límites máximos a la propiedad, condenaba el latifundio y prohibía la deportación de ciudadanos dominicanos.

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