Nuestra errada concepción del poder

La experiencia de los últimos años nos enseña que una de las causas principales de nuestros males y del pobre desarrollo democrático nacional la constituye la peculiar concepción de poder que tenemos los dominicanos. Entre nosotros existe la convicción de que el ejercicio del poder político otorga privilegios especiales.

Esa errada concepción se ha transferido de gobierno a gobierno al través de nuestra historia republicana. Y nos ha impedido crecer imponiendo viciosas prácticas oficiales semejantes en el quehacer cotidiano más a una dictadura que a una democracia real. En este mundo digital, la práctica democrática es una realidad virtual. El único tiempo real es el que impone el plazo para el cual son electos cada cuatro años los después felices y endiosados inquilinos del Palacio Nacional.

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La realidad social vista por un libro

En “La herencia trágica del populismo” (2013), planteo que si se analiza con rigor científico la estructura social del país, la composición de las fuerzas que la guían, no tardaríamos en observar una curiosa suerte de estancamiento, como si la sociedad hubiera permanecido al margen de la marcha inexorable del tiempo y de la historia. Las estructuras de mando son las mismas que dominaban en los albores de los años sesenta. Y muchos de los gritos y quejas de las multitudes de entonces siguen caracterizando las demandas actuales. Ese era el panorama y sigue siendo la realidad, 10 años después de la publicación del libro.

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Chávez: de mal pelotero a dictador

Los admiradores del presidente Hugo Chávez deberían conocerle mejor antes de atribuirle los atributos del héroe militar que nunca fue. En uno de sus textos biográficos editados en Venezuela, Chávez revela la forma poco ortodoxa en que inició su carrera militar. Objetado por sus bajas calificaciones académicas, las puertas de la milicia se le abrieron sólo por sus habilidades como pelotero.

A él y a un grupo que tenían una y dos “materias raspadas”, se les dijo que “el único chance que teníamos para ser aceptados provisionalmente era que fuéramos buenos deportistas”, dice en el libro “Habla el comandante”, de Agustín Blanco Muñoz, basado en entrevistas realizadas entre 1995 y 1998. Primero se le probó como lanzador, pero él venía de “pitchar” tres días antes y sentía dolor de brazo. Agrega que “estaba descontrolado, daba piconazos, no llegaba a home y entonces me sacaron. Eso me desilusionó. Me dijeron que no servía. Les expliqué que me dolía el brazo. Y me respondieron: si te duele el brazo menos sirves”.

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Delgado hilo que sostiene la paz mundial

Con la caída del Muro de Berlín en 1989 el mundo creyó llegado el fin de las barreras ideológicas que dividían a la humanidad y la desaparición del comunismo en Europa ahuyentó el fantasma de un holocausto nuclear que gravitó sobre el planeta durante el prolongado y crítico periodo de la “guerra fría”. Pero apenas poco más de 30 años después, un suspiro en la historia humana, el mundo se halla amenazado de una confrontación similar sin la posibilidad de un arreglo. El control capaz de contenerla no depende de una o dos potencias poseedoras del arma destructiva, sino de fuerzas fanáticas religiosas frente a las cuales no hay posibilidad alguna de hace valer la razón.

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Educación, prioridad de prioridades

A finales del tercer mandato del presidente Leonel Fernández, el sistema educativo presentaba signos desalentadores, mientras la nación hacía frente a la resistencia del gobierno de aplicar la Ley General de Educación, aprobada años antes, que asignaba al sector preuniversitario el 4% del Producto Interno Bruto o, en su defecto, el 16% del presupuesto nacional.

Por aquel entonces se dio a conocer un informe titulado “El reto de la calidad”, en el que se analizaba el desenvolvimiento del sistema escolar, preparado por EDUCA y el Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe (PREAL). En ese documento se señalaba que la calidad de la educación seguía siendo “ el gran desafío” nacional, a despecho de los avances e n la cobertura de la educación básica.

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La educación en estado de emergencia

La distracción que trae consigo la riña electoral deja a un lado la discusión de los temas fundamentales, como el de la educación, por ejemplo. Un profundo y realista estudio de Educa, presentado la semana pasada con los auspicios del Banco Popular, debería obligarnos a pensar la necesidad de rescatar la que debe seguir siendo nuestra prioridad de prioridades y aglutinar todas las energías para rescatar el sistema educativo del pozo en que se hunde.

Si queremos desafiar los retos del futuro estamos obligados a dotarla de la calidad que haga de ella un fuerte instrumento del desarrollo de la República. Y, con ello, lograr los objetivos de otra de nuestras grandes urgencias, de obtención impostergable, como es el mejoramiento de las condiciones de salud del pueblo, hoy también en crisis.

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La democracia que aún no conocemos

La generalidad de los dominicanos no tiene idea del alcance real de una democracia y cómo esta funciona. Duele pero es cierto. Incluso gran parte del liderazgo político y probablemente muchos de los responsables de aprobar las leyes que la posibilitan, caen dentro del marco de esa realidad. El caso es que un sistema democrático no se crea mediante un decreto o por la voluntad de los gobernantes. Se pueden aprobar cuantas leyes y constituciones la garanticen y no será suficiente si no existe una vocación ciudadana que la haga operativa.

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Enseñanzas de Balaguer no aprendidas

Periódicamente, cuando la marea política subía o el hastío del país revivía las ansias de cambio, Joaquín Balaguer solía rejuvenecer el gobierno modificando el gabinete o traía gente nueva a las posiciones más importantes. Tanto fue su éxito que hizo de esa rutina burocrática un método eficaz para ganar tiempo y espacio político y aquietar la inconformidad popular, al derivar en áreas del Gobierno la insatisfacción que su prolongado ejercicio del poder creaba en la población.

Tal vez por esa razón, su gobierno excesivamente largo nunca parecía envejecer. Los cambios en el gabinete hicieron el papel del retrato de Dorian Grey, el personaje de la novela de Oscar Wilde, para que en su caso la administración que por años presidió luciera tantas veces joven, en medio de un creciente repudio. En ocasiones incluso recurría a los cambios cuando anticipaba alguna queja, antes de que degenerara en crisis, y con eso creba a su alrededor el mito de gran manejador que se llevó a la tumba.

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