¿Identidad? ¿De qué cosa hablamos?

Cuando hablamos de fortalecer la identidad nacional ¿A qué nos referimos? No es estéril la pregunta. En la escuela aprendí que los símbolos patrios y los próceres forman parte de esa identidad. Luego me di cuenta de que también la forman los productos de nuestros campos y de las industrias; el legado intelectual de sus hombres y mujeres de letras, el folclor, la gastronomía, el paisaje, su arte, sea en la música y las artes plásticas, la arquitectura y sobre todo sus humores, que cambian según la temperatura, tanto la que surge del clima como la de la política.

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Para aquellos hartos de tanta política

Tal vez solo los amantes de la ópera en el país, y sería una lástima, han escuchado cantar a Juan Diego Flórez, pero este aún joven peruano nacido en 1973, está considerado como una de las grandes voces de todos los tiempos. Debutó en marzo de 2012 en el Metropolitan de Nueva York con Elixir de amor, la ópera bufa de Gaetano Donizetti, en el papel de Nemorino, junto a la soprano alemana Diana Damrau, aclamada como una de las más brillantes a nivel mundial por su excepcional dominio de la coloratura y su equilibrado, sensual y hermosísimo timbre.

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La crisis de vocación magisterial

Cuando nos preguntamos sobre la degradación observable en amplias esferas y actividades de la vida nacional, terminamos simplificando el problema y miramos solo hacia el Gobierno. La verdad es que el tema no es tan sencillo. Un enfoque más realista y sin prejuicio nos llevaría rápidamente a conclusiones más cercanas a la realidad en que vivimos.

Pongamos, por ejemplo, lo que la generalidad considera como la primera de nuestras muchas prioridades: el sistema educativo. En esa área se hicieron esfuerzos en el pasado reciente para mejorar la enseñanza pública y acercarla a la calidad que se le reconoce a la enseñanza privada, a pesar de que sabemos que no todos los colegios pasarían la prueba.

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No hay crisis económica sino desigualdad

Si algo realmente nos legara la pandemia, más allá de las muertes que produjo, fue afianzar nuestro inveterado pesimismo. Pero llegará el momento en que lo venceremos. Mientras llega ese día, seguirán las quejas acerca de la situación económica de que vivimos en crisis, evidencia de la propensión generalizada en sectores, cuya valoración del quehacer nacional se basa muchas veces en la marcha de sus propios negocios.

En décadas no hemos tenido crisis económica, pues se han abierto muchas operaciones industriales, el turismo creció y sigue en auge y la actividad comercial se expande vertiginosamente, con la apertura de gigantescos centros de tamaño incluso superior a sus iguales en los países más desarrollados. Y esa actividad no ha cesado a despecho de la herencia del Covid 19 y las malas decisiones gubernamentales.

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Entre Adam Smith y John Maynard Keynes

Dos grandes corrientes dominan la planificación económica en la mayoría de los países desarrollados, e incluso en los del llamado Tercer Mundo, y resulta curioso que en una época dominada y regida por una tecnología permanentemente cambiante, las concepciones que regulan económicamente al mundo provengan todavía del siglo XVIII y de las primeras décadas del siglo pasado.

Me refiero al indispensable libro “La riqueza de las naciones”, de obligada lectura, del escocés Adam Smith, fallecido en el año 1790 y a los estudios y propuestas del inglés John Maynard Keynes, cuya muerte ocurriera un año después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, en 1946.

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Lo importante es ganar, lo demás no importa

Cuando se alcanza cierto nivel de democracia, es dable esperar que la transparencia sea un hábito del ejercicio político. Y que esa claridad enmarque toda actividad pública dentro del marco de la ley. Pero si en el ambiente actual se llegara al ideal de transparentar el financiamiento de las campañas electorales, dudo que el país pueda ser el mismo y que los partidos y líderes reclamantes resulten ilesos.

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La presunción de inocencia como regla

Nuestro profesor de derecho en la Facultad de Humanidades, doctor Richiez Acevedo, solía reducir las discusiones sobre la problemática nacional con una frase lapidaria: “Arreglemos la justicia y se arreglará todo”. La frase viene a propósito por la ligereza con que aquí se festina la presunción de inocencia, un principio jurídico penal que establece como regla la inocencia de una persona, sin importar la naturaleza o gravedad de los cargos que se le imputen.

Nuestra Constitución y las constituciones de prácticamente todos los países regidos por sistemas o gobiernos democráticos, establecen que solamente a través de un proceso o juicio en el que se demuestre la culpabilidad de un acusado, podría ser objeto de sanción penal por el Estado.

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Echemos a un lado la política

Desde su estreno en el Teatro Italiano de París en enero de 1835, son escasos los tenores que incorporan a su repertorio I puritani (Los puritanos) la célebre ópera de Vincenzo Bellini, que uno de sus mejores intérpretes de todos los tiempos, el mítico y legendario tenor lírico canario Alfredo Kraus, llegó a calificar de “inhumano” tras renunciar a interpretarlo de nuevo por el enorme esfuerzo que requiere el papel estelar del personaje Arturo Talbot. Algunos biógrafos del compositor aseguran incluso que su temprana muerte, sin haber cumplido los 34 años, meses después del estreno de la obra, tuvo que ver con la fatiga que en él produjo escribirla.

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