Ese “atento a mí” que tanto daña

Me excusan si el título no corresponde al significado del dicho que describe uno de los comportamientos más típicos del irrespeto a las leyes y las normas civilizadas que explican muchos de los vicios que se observan en el diario vivir, tanto en la esfera pública como en la privada. En la primera se alcanza a entender a través de esa expresión la inobservancia de las obligaciones que muchos, no todos, han asumido al ocupar cargos públicos. Llegan tarde e incurren en otras violaciones a sus deberes en el cargo “atento” a él. Y no actúan tampoco con la transparencia ni con la honradez requeridas por la misma razón.

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De pobreza y crecimiento económico

El crecimiento sostenido de la economía durante décadas no ha reducido la brecha social existente en la medida en que el Producto Interno Bruto se ha expandido. Y la única vía para lograrlo es el gasto público. Y un gasto público de calidad, del que tanto se habla, se refiere a la inversión en los ámbitos de la educación, la salud pública, el mejoramiento y ampliación de la red vial y, sobre todo, en los programas de carácter social en las zonas urbanas como en las rurales.

Ningún programa de política económica surte efectos duraderos de largo alcance en el corto plazo. Es un enfoque equivocado valorar su efectividad con base en los efectos inmediatos, porque la mentalidad nacional no se cambia ni se transforma de un año a otro y el alto contenido cultural de nuestra pobreza trasciende los límites de las carencias materiales.

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Democracia no es legado de un partido

Contrario a como todavía se cree, un régimen de libertades civiles plenas no es, ni podrá ser, el legado de un partido y mucho menos el de un líder. La democracia, con todas sus ventajas colaterales, no se pone en vigencia mediante un decreto presidencial o con la simple aprobación de una ley por el Congreso. Es el fruto de la experiencia de una nación y el resultado de un proceso en el que intervienen, en distintas épocas, diferentes hombres, mujeres, partidos y grupos sociales. Cada uno de ellos juega de acuerdo con su capacidad y condicionado por las circunstancias políticas, económicas y sociales del momento.

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La influencia católica en la independencia de México

Apesar del sentimiento anticlerical que dominó hasta hace pocos años la vida oficial mexicana a partir de la constitución de 1857, que originó la llamada “Guerra de los tres años”, fue un sacerdote, Miguel Hidalgo Costilla, quien en una iglesia en el poblado de Dolores hizo el 16 de septiembre de 1810 el pronunciamiento que inició la guerra de independencia que duró once largos y sangrientos años.

Considerando la enorme influencia del catolicismo, uno de los líderes independentistas, Ignacio Allende, había invitado al cura Hidalgo a enrolarse en el movimiento. A las cinco de la mañana de aquel histórico día, el sacerdote enardeció los ánimos de la población con un grito en medio de la misa: “¡Mexicanos, viva México! ¡Muera el mal gobierno!”, lo que dio comienzo a la lucha contra el colonizador español. Una viva adicional agregó Hidalgo a la Virgen de Guadalupe, lo que curiosamente une la independencia de uno de los países con mayor tradición anticlerical a la historia de la iglesia.

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La pacífica y laboriosa comunidad española

Un amigo asturiano me llamó hace tiempo compungido sobre un caso de fraude, para decirme que el hecho de que algunos inversionistas españoles puedan salirse con la suya no significa que todos los demás sean de la misma calaña, y que no sería apropiado que por ellos juzguemos los aportes de esa comunidad a la sociedad dominicana.

Le concedí la razón. Las olas de inmigrantes de la península Ibérica establecidas en el país a todo lo largo del siglo pasado han dejado una impronta de inmenso valor entre nosotros. Revolucionaron las artes, el periodismo, la literatura y trajeron consigo una mística del trabajo y del ahorro que los dominicanos desconocían y la mayoría despreciamos aún. Las riquezas acumuladas por la mayoría de las familias españolas han sido el fruto de mucho sacrificio y trabajo tesonero. Todavía al cabo de decenas de años de dedicación y esfuerzos, laboran como si fuera el primer día. Como si de los resultados de cada jornada dependiera el éxito de sus negocios. Tal vez por los rigores de la guerra civil y las restricciones derivadas de una Europa enfrascada en conflictos bélicos permanentes, muchos de ellos aprendieron el valor de la austeridad, una joya que nos sigue haciendo mucha falta a todos los niveles.

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Crisis sacerdotal, un tema para católicos

Las personas de éxito, el que se deriva del ejercicio o práctica de una actividad, no el fortuito producto de un golpe de lotería, tienen conciencia de sus límites. De lo que pueden hacer con base en sus capacidades físicas o intelectuales. Por eso me resulta difícil entender lo que con frecuencia se publica en los medios. Por ejemplo, leer, escuchar o ver en diarios y estaciones de radio y televisión, detalles de entrevistas realizadas a personalidades de la Iglesia. Obispos y sacerdotes que hablan de todo, menos de asuntos relacionados con la fe y sus ministerios.

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Cuando las instituciones no funcionan

Aquí las instituciones no funcionan y sólo existe un poder real, el Ejecutivo, al cual he repetido en este espacio hasta el cansancio, se subordinan los demás, por innumerables razones, el miedo entre ellas. Pero las decisiones personales pueden reemplazar esa ausencia en momentos de crisis. Tras la renuncia forzosa de Charles de Gaulle, en enero de 1946, meses después de finalizada la segunda guerra mundial, la prensa francesa ironizó la autoridad de quienes inmediatamente le sucedieron y señaló que se trataba de hombres “de buena voluntad, no de voluntad”. En el caso de aquellos que dirigen muchas de las más importantes instituciones nacionales, la frase tiene una aplicación entre nosotros tan extraordinaria como innegable.

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Verdi, Víctor Hugo y Rigoletto

Pocas composiciones despiertan el entusiasmo de los aficionados a la ópera como Rigoletto, el drama de venganza, amor filial, pasión y engaño en tres actos de Giuseppe Verdi (1813-1901). Para muchos verdianos el momento más emocionante se da en el acto final en el que el Duque de Mantua interpreta la famosa aria para tenor La donna é mobile a la que sigue el no menos famoso cuarteto Bella figlia del amore.

Los entendidos consideran esta ópera, estrenada en 1851, como una excepcional e inigualable obra maestra, y al compositor como genuino exponente del tránsito entre el bel canto de Rossini, Donizetti y Bellini, y el verismo hasta Puccini.

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