La justa relación prensa gobierno (2 de 4)

Soy de una escuela convencida de que la única relación aceptable entre la prensa y los poderes públicos es la forjada en un trato amistoso pero de adversarios, de amigos distantes y celosos si se quiere, en función de la necesidad de preservar la independencia de la prensa como institución.

Muchos de los problemas que entorpecen esa relación se basan en la intolerancia ante la crítica.

Olvidamos que parte de la razón de ser de la prensa es criticar. Una prensa que no responda a esa realidad, que no asuma su papel frente a las distintas formas de autoridad, pierde su esencia y el sentido de su existencia.

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La justa relación prensa gobierno (1 de 4)

Cuando los gobiernos pasan por momentos difíciles en materia de imagen, vuelve a cobrar interés lo que se entiende deben ser los marcos de una buena relación entre las distintas esferas públicas y los medios de comunicación.

Me han preguntado sobre la potestad que se atribuyen los gobiernos, y muchas veces los congresos, para decidir sobre el contenido ético de las actuaciones de la prensa. Esa pregunta sustancia el mayor de los debates alrededor del papel de la prensa. La fijación de los límites de su responsabilidad no corresponde al gobierno ni al Congreso sino a la propia prensa. La experiencia enseña que todo intento oficial de fijar los límites de esa responsabilidad, al través de medidas administrativas o la aprobación de leyes, conduce inevitablemente a la restricción y a la censura.

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El temor de figuras públicas a la prensa

El temor de las figuras públicas, políticos, funcionarios y líderes sociales, de enfrentar a los medios de comunicación cuando son objeto de acusaciones infundadas, terminará dañando a la prensa, aunque mi generación no alcance a comprobarlo.

Con el Internet y la facilidad que ofrece a todo el que quiera expresarse en las redes nadie escapa a la violación del derecho a la intimidad o de verse acusado sin pruebas, porque las personalidades públicas tienden a refugiarse en la comodidad que supone evitar las confrontaciones que alteran la tranquilidad y, muchas veces, hasta la estabilidad familiar. Pero ese temor, de cierto modo justificado, alienta la mediocridad, fomenta el desorden social y daña la reputación de la prensa, cuando la práctica invade los medios.

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El abuso de la propaganda electoral

Una de las prácticas más desconsideradas en los procesos electorales del país es la de atiborrar la geografía nacional con vallas, letreros y afiches promocionales de los candidatos, que afean las ciudades y las carreteras y crean contaminación visual, y en muchos casos un peligro para los conductores, cuando esa promoción oculta señales de tránsito. Una vez concluida la campaña en mayo próximo, cabría esperar que los partidos cumplan con la obligación de limpiar las áreas que han embadurnado con su publicidad, para facilitar, por lo menos, el necesario tránsito hacia la normalidad. Pero lo dudo.

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La mentira como arma de campaña

¿Cuántas encuestas se requieren para que un candidato pueda proyectar una consistente imagen de vencedor? ¿Cuál de ellas le dice su real posicionamiento en el aprecio público? ¿Por qué si tantas encuestadoras coinciden en inclinar la balanza a favor de uno, no cesa la campaña de propaganda distorsionadora, que pone de relieve y fuera de contexto expresiones del otro, muchas de ellas ciertamente desacertadas en las circunstancias de una campaña ríspida, en la que el valor del dinero supera el de las propuestas?

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La necesaria autoridad moral de la JCE

Las denuncias sobre violaciones a la Constitución que se escuchan y se leen a diario tienen mucho de hipocresía, lo que no es más, como todos sabemos, que la inconsistencia entre lo que se defiende y se hace o lo que se siente y se dice. La defensa de la Carta que los partidos y buena parte de la dirigencia nacional a diario desconocen o violentan, se basa no en los principios que la sustentan, sino en los intereses que la mayoría de ellos persigue.

Si existiera alguna suerte de tradición de respeto a la Constitución de la República y se aplicaran sanciones a aquellos que la violan, dudo que existieran muchos de esos partidos y líderes que nos hablan a diario de sus valores.

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La soga con la que ahorcarán

A menudo se escuchan quejas de empresarios sobre las críticas cotidianas a la libre empresa en programas de radio y televisión, lo cual me produce cierta fascinación, porque en gran medida esos medios existen debido a su patrocinio.

Los financian publicitariamente en la ingenua ilusión de que así se libran de toda referencia. Ignoran que individualmente no son ni han sido sus blancos, sino el sistema y como ocurre en Venezuela, bajo el chavismo que tanto exaltan esos programas, y todavía en Cuba, basta con desacreditar la iniciativa privada para de golpe y porrazo estigmatizar todo lo que el modelo representa, es decir el lícito negocio y el lucro natural que del trabajo y la inversión resultan.

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La soga con la que ahorcarán

A menudo se escuchan quejas de empresarios sobre las críticas cotidianas a la libre empresa en programas de radio y televisión, lo cual me produce cierta fascinación, porque en gran medida esos medios existen debido a su patrocinio.

Los financian publicitariamente en la ingenua ilusión de que así se libran de toda referencia. Ignoran que individualmente no son ni han sido sus blancos, sino el sistema y como ocurre en Venezuela, bajo el chavismo que tanto exaltan esos programas, y todavía en Cuba, basta con desacreditar la iniciativa privada para de golpe y porrazo estigmatizar todo lo que el modelo representa, es decir el lícito negocio y el lucro natural que del trabajo y la inversión resultan.

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