Cuando de oportunidades se trata

En ajedrez como en la vida, no existe nada peor que perder una oportunidad.

La historia nuestra como país es la de una larga estela de oportunidades perdidas. Nos sucede siempre. En estos días he escuchado insistentemente en diversos círculos a personas muy bien intencionadas lamentándose, tal vez extemporáneamente, de la posibilidad que estemos muy cerca de otra experiencia similar.

Pensar en ello pone los pelos de punta, por cuanto es difícil calcular cuál podría ser el efecto de otra oportunidad perdida.

Escuchando estas letanías, recordé las circunstancias en que dejé pasar una tremenda oportunidad siendo apenas un muchacho. En mi vida han sido con toda seguridad muchas las oportunidades que he dejado escapar y que han pasado por mi puerta sin que me percatara. Pero aquella vivió por muchos años en mi memoria, martillándome con insistencia. No fue aquella la clase de oportunidad que puede cambiar el curso de una vida. Sin embargo, era la clásica oportunidad de mostrarse a uno mismo, de medir la capacidad  que uno posee para enfrentar los retos y alcanzar las metas que en determinado momento uno mismo se traza. Leer más de esta entrada

Respetemos los colores de la bandera

Aprendamos a conocernos. Nos independizamos de Haití, no de la Metrópoli. Tenemos tres, no un padre de la patria. Nuestro himno nacional es un canto épico, no de amor ni de exhortación al trabajo, y si nos fijamos bien en el alto de los pendones ondean lo que parecen dos banderas.

De acuerdo con  los documentos y testimonios conocidos sobre el tema, el rojo de la enseña nacional es bermellón y el azul el de ultramar. No debería haber pues lugar a confusiones sobre algo tan solemne como es el color de la bandera, el mayor de los símbolos de la patria.

Sin embargo, hasta en las más importantes oficinas públicas, a veces en los mismos cuarteles militares y policiales y en determinados momentos en la propia sede del Congreso Nacional y en el  Palacio Nacional, se observa el uso de otra tonalidad azul, mucho más oscuro, en los cuadrantes del emblema.

Esta informalidad se cumple también, con insólita frecuencia, en actos públicos en donde asisten los más altos dignatarios de la nación, en muchas oportunidades hasta el presidente de la República. Leer más de esta entrada

Un poco de música no viene mal

A diferencia de las obras literarias, las composiciones clásicas suelen numerarse conforme son escritas, aunque no siempre los autores lo hacían y muchas famosas obras, incluyendo las de algunos de los más grandes maestros, se numeraron después de muertos.

Por lo regular, la numeración dada a una composición se hace de forma cronológica. La palabra utilizada para esa catalogación es opus, práctica  conocida desde el siglo XVII, según se ha comprobado a través de numerosos estudios.

En el caso particular de las obras enumeradas después del fallecimiento del autor, la numeración se hacía de la manera siguiente op.posth, para dar a entender que se trata de una obra publicada póstumamente, como han sido los casos de algunos compositores clásicos y barrocos.

Sin embargo, ha habido muchas excepciones. Leer más de esta entrada

Cuando el “do” alcanza el cielo

El famoso Do de pecho,  nota muy aguda que sólo con  mucho esfuerzo puede alcanzar un tenor, y que tanto hace vibrar a los entusiastas de la ópera,  riñe según los expertos con el buen canto.

Grandes cantantes han estropeado su voz al abusar de su capacidad para alcanzar ese alto registro.

Tal vez el caso más conocido sea el del incomparable  Giuseppe Di Stefano, cuya facilidad para lograrlo era memorable.

Según sus biógrafos su voz de enorme personalidad, se deterioró a tal grado que  a su retiro de los grandes escenarios ya había perdido su hermosísimo timbre y su envidiable extensión, al adentrarse en el incierto sendero de la producción de sonidos, lo cual terminó restándolo estabilidad a su zona aguda.

Di Stefano fue de los pocos  tenores de su tiempo con capacidad para cantar verdaderos Do de pecho. Plácido Domingo, con todo y ser considerado como el más grande de su generación, careció siempre de esa capacidad y buen conocedor de sus habilidades vocales pocas veces se arriesgó a intentarlo, aún en el punto más alto de su carrera. Leer más de esta entrada

La ilusión del marxismo

El marxismo no fue nunca un método eficaz de análisis de la realidad social. Pero hay quienes todavía creen que el materialismo histórico es una regla infalible para predecir el curso de  los procesos sociales. Y es precisamente esa obstinación la que le dificulta una visión justa de la realidad y de sus posibilidades inmediatas.

El propio Lenin no fue capaz de evaluar en su justa perspectiva la realidad rusa en las postrimerías de la lucha popular contra el zarismo.

El líder bolchevique era esencialmente escéptico respecto a las posibilidades de un triunfo revolucionario, en momentos en que la monarquía agonizaba.

Unas semanas antes de la abdicación de Nicolás II, Lenin había dicho, abatido por la desilusión en su exilio en Suiza, que no creía en las perspectivas de una victoria cercana. Exactamente el 22 de enero de 1917 declaró en una reunión pública: “los hombres mayores no viviremos para ver las batallas decisivas de la revolución”. Leer más de esta entrada

De sillas y retratos

Cuando leí en algunos medios  que el presidente Medina había dispuesto la eliminación del rito de colgar en las dependencias del gobierno retratos suyos, poniendo asimismo fin a la ridícula práctica de trasladar una silla presidencial donde quiera que el mandatario se mueva, sentí un deseo  sincero y enorme de felicitarlo y expresarle mi apoyo por esas y otras medidas, aunque aparentemente pequeñas, de gran simbolismo. Espero ahora que emita un decreto, me dije, prohibiendo el elogio a la figura presidencial.

Mi entusiasmo se derrumbó casi a seguidas cuando escuché a un portavoz oficial decir que eran sólo rumores. Me senté de nueva ante mi computadora y borré todo cuanto había escrito, lamentando que mensajes ambiguos terminen  erosionando la credibilidad de un gobierno necesitado de ella para sortear los graves problemas que su antecesor le dejó sobre el escritorio. Leer más de esta entrada

Por una educación de calidad

Con frecuencia se escuchan quejas entre los padres por el alto costo de la enseñanza privada y las prácticas usuales en las escuelas de pago, muchas de las cuales incrementan los gastos familiares.

La cuestión cobra fuerza en el debate nacional por un hecho simple: el incumplimiento de la responsabilidad irrenunciable del Estado de propiciar un sistema educativo de calidad, de cobertura universal, que ha fomentado el crecimiento de planteles escolares privados con niveles mucho más altos, con mayor grado de seguridad y confort, en los cuales se imparte enseñanza con métodos más modernos y atractivos.

Si la educación privada se hace cada día más cara es consecuencia del deterioro de la enseñanza pública, del mal estado de los planteles escolares y de la inseguridad reinante en muchos de esos centros, donde tienen lugar frecuentemente riñas e intervenciones de extraños para la venta de alcohol y droga.

Son escalofriantes los informes acerca de la enorme cantidad de jóvenes en edad escolar involucrados no sólo ya en el consumo sino en operaciones de venta y tráfico de estupefacientes en recintos escolares públicos.

La educación es una de las más grandes prioridades, sino la mayor, pero las estadísticas dominicanas son desalentadoras. Apenas dos horas y media de clases diarias promedio en el sector público, contra tres veces esa cantidad en el área educativa privada. Los resultados de esa enorme diferencia entre un sector y otro contribuyen a profundizar en el mediano y largo plazo los desequilibrios y las grandes iniquidades sociales característicos de la sociedad nuestra de hoy.

En la actualidad, el fenómeno se ha ido agudizando, con mejores oportunidades para aquellos que tuvieron mejor educación. Con el transcurrir del tiempo, eso hará la sociedad cada vez más injusta y elitista.

La educación requiere ser tratada como primera prioridad.(Esta columna se publica en el periódico elCaribe.)

Los olvidos del señor Fernández

Días antes de concluir su mandato, el presidente  Fernández autorizó al director del Fondo Patrimonial de la Empresa Reformada (FONPER), a demandar a las dos empresas principales de generación eléctrica por el cargo de conspiración para defraudar al Estado. La acusación involucra a cuantos ejecutivos han tenido esasempresas, nacionales y extranjeros. Los cargos se refieren a supuestas actividades ilícitas desde el 2001.

Cuando se leen estas cosas, se tiende a pensar que el presidente saliente, muy poco dado a atender los reclamos de sanción a la corrupción, se habría percatado apenas una semana antes de marcharse y dejar el puesto en otras manos, aparentemente más idóneas, de hechos tan bochornosos a los que él, como jefe del Estado y del gobierno, obligado por juramento a defender y cuidar el patrimonio público,no fue capaz de ver en 48 meses. Leer más de esta entrada