Una mañana en Jerusalén

El sol parecía perezoso aquella mañana de diciembre. Había tardado en aparecer sobre los amarillentos y milenarios muros de Jerusalén y sus tenues rayos apenas calentaban el frío pavimento de la antigua Vía de Juliano.

Una brisa glacial hería las mejillas y retozaba sobre los revueltos cabellos de dos jóvenes que cogidos de la mano esperaban la llegada del autobús, a menos de una cuadra del hotel King David. El sonido de los vehículos corriendo rápidamente hacia el sur, donde se halla el centro comercial judío destruido a comienzos de la guerra de 1948, se entremezclaba con el cántico sereno de los pinos y los eucaliptos mecidos por el viento.

Desde mi habitación se veían claramente los verdes senderos del Monte de los Olivos. Y, más allá, las viejas y sagradas murallas de la vieja ciudad. Frente a las vetustas murallas del muro occidental, o Muro de las Lamentaciones, judíos de luengas barbas madrugaban para decir sus antiguas oraciones oscilando rítmicamente el pecho hacia delante, en señal de reverencia. Con sus ojos arrugados sobre pequeñas biblias ajadas y maltratadas por el agua, el tiempo y el uso, aquellos ancianos cumplían metódicamente el ritual de dar gracias a Dios por haberles permitido vivir hasta aquel día. Leer más de esta entrada

La iniciativa privada

El sector privado tiene un reto trascendente. Al referirnos a él no nos circunscribimos a los grupos empresariales unidos por una comunidad de intereses provenientes de negocios o empresas cuyo fin sea el lucro, legítimo en una sociedad de libre comercio.

Una de las grandes distorsiones de su papel en el desarrollo y manejo de la economía proviene de la propaganda negativa que restringe su definición a ámbitos tan estrechos y exclusivistas. Por el contrario, es un concepto mucho más amplio y generoso. En él concurren  todas las actividades individuales o de grupos producto de la libre decisión del ser humano. Abarca todas las actividades y campos del saber, desde el vendedor ambulante, hasta el próspero empresario que tiene en su nómina a más de 500 trabajadores, pasando por el artista que plasma en lienzos el fruto de su inspiración y vive de ello. Leer más de esta entrada

La iglesia y la economía

La más reciente encíclica de Benedicto XVI, “Caritas un Veritate”, revive un debate surgido en la Iglesia Católica desde los tiempos de León XIII: el papel que ella le reconoce u otorga al Estado en la economía.

Juan XXIII dijo que la historia y la experiencia demuestran que “en los regímenes políticos que no reconocen a los particulares la propiedad, incluida la de los bienes de producción, se viola o suprime totalmente el ejercicio de la libertad humana en las cosas fundamentales”.

Sin embargo, este respaldo a la propiedad, fundamentado ya en Rerum Novarum (1891), no admite por la Iglesia el derecho a una acumulación ilimitada de riqueza. De hecho la ética moral de la doctrina social de la Iglesia trata de situar a éste en un punto intermedio entre el individualismo extremo, manifestado en la teoría de mercado libre, y los enfoques estatistas o colectivistas, expresados en los modelos de sociedad comunista.

El rechazo a esto último ha sido objeto de numerosas interpretaciones a partir del señalamiento de Juan Pablo II en el sentido de que “tampoco conviene excluir la socialización”, en las condiciones oportunas, de ciertos medios de producción, tal y como lo citaron años antes los obispos norteamericanos en su famosa Carta Pastoral de 1985-86.

Además, en Rerum Novarum se habían dictado las normas de intervención del Gobierno, al exponer el Pontífice claramente que “si, por tanto, se ha producido amenaza o algún daño al bien común, a los intereses de cada una de las clases que no pueda subsanarse de otro modo, necesariamente deberá afrontarlo el poder público”.

Pero es Juan XXIII quien, muchas décadas después, sintetiza más profundamente la posición de la Iglesia frente a esta cuestión tan largamente debatida en todo el mundo, al señalar que el Estado no puede permanecer al margen de las actividades económicas cuando está en juego el bien común. Leer más de esta entrada

Un célebre concierto para piano

Los amantes de la música tendrán la privilegiada oportunidad de escuchar el miércoles 26, en el Teatro Nacional, una de las piezas más difíciles del legado clásico romántico europeo: el Concierto No. 3, para piano y orquesta en re menor, opus 30, de Serguei Rachmaninov, el célebre compositor y pianista ruso fallecido en 1943, a la edad de 70 años.

Esta soberbia composición fue completada en 1909 y estrenada ese mismo año en la ciudad de Nueva York, con notable éxito. Consta de tres movimientos, un primer allegro en re menor, un intermezzo- adagio en  fa menor-re menor y un final “alla breve”, rápido y vigoroso, en re-menor re mayor, al que se entra sin pausa desde el segundo movimiento y en los que se vuelve a los temas de los dos primeros imprimiéndole al concierto una unidad temática impresionante.

A pesar de su belleza este concierto no figura en los repertorios de los grandes pianistas debido a sus grandes exigencias técnicas.  Los biógrafos de Rachmaninov, dicen incluso que el famoso pianista, JózefHofmann, a quien el compositor le dedicó el concierto, nunca lo interpretó en público. Leer más de esta entrada

Por el buen uso de los impuestos

Pagar impuestos donde buena parte de esos recursos financian políticas clientelistas que anquilosan las oportunidades colectivas y para sostener una burocracia gorda y prostituida que enmohece las instituciones, llora ante los ojos de Dios. Y tener que anticiparle a un Estado propiciador de esas prácticas impuestos sobre ingresos no percibidos bajo la presunción de que en el año los ingresos serán iguales o mayores que en el anterior, es todavía más aterrador, porque la finalidad es permitirle valerse de las finanzas públicas para mantener un paternalismo de Estado improductivo que lleva inexorablemente a la situación de desastre en que nos encontramos.

De todas maneras pagar impuestos es una necesidad a la que todos estamos obligados, legal y moralmente. Entre nosotros  se hace cuesta arriba aceptar esa ley universal  por una cruda realidad: mientras los ciudadanos incurren en sacrificios para estar al día con esa obligación, en muchas instituciones estatales los funcionarios se otorgan aumentos no autorizados e ignoran las reglas básicas del buen comportamiento, en perjuicio de una sana administración de los bienes públicos. Leer más de esta entrada

El temor a “los puritanos”

Muy pocos tenores, desde su estreno en el Teatro Italiano de París  en enero de 1835, han incorporado a su repertorio “I puritano” (Los puritanos), la célebre ópera de VincenzoBellini, que uno de sus mejores intérpretes de todos los tiempos, el mítico y legendario tenor lírico canario Alfredo Kraus, llegó a calificar de “inhumano”, tras renunciar a interpretarlo de nuevo por el enorme esfuerzo que requiere el papel estelar del personaje Arturo Talbot. Algunos biógrafos del compositor aseguran incluso que su temprana muerte, sin haber cumplido los 34 años, meses después del estreno de la obra, tuvo que ver con la fatiga que en él produjo escribirla.

A pesar de su corta carrera, Bellini dejó a la posteridad un amplio catálogo de obras, que incluye otras nueve óperas, algunas de ellas entre las más famosas como Norma y La sonámbula, seis sinfonías, un concierto para oboe y orquesta, numerosas arias, romanzas, cantatas y un Te Deum.

En el amplio espectro de la lírica actual, son escasos los tenores que se arriesgan a interpretar a Arturo por la agudísima tesitura vocal que Bellini le imprimió a su personaje y que dos magníficos tenores españoles, el catalán Josep Bros, y el valenciano José Sampere, lo han asumido con mucho éxito en los últimos años.

Bros ha dicho que el calificativo de “inhumano” que Kraus le dio al personaje, después de haberlo interpretado en numerosas ocasiones, no es exagerado si se toma en cuenta la partitura para tenor, “infernal” a su juicio, por lo difícil y agotador que resulta un primer acto en el que canta, un segundo en el que no hace nada y un final en el que el tenor no para prácticamente de cantar durante unos 45 minuto, por lo que termina casi siempre destrozado por el sobre esfuerzo.

Sin embargo, como el resto de la producción de Bellini, Los puritanos es una ópera sublime capaz de conducir al público más exigente a un éxtasis si los intérpretes cumplen su rol. (esta columna se publica en el periódico elCaribe)

Sana relación de adversarios

La más sana relación entre el gobierno y la prensa es la de adversario. Es la lección que aprendimos cuando Germán Ornes dirigía el Caribe y que debería ser la divisa principal del periodismo ante el incansable empeño de la administración Fernández, finalizada el 16 de agosto, de controlar a los medios al través de una fanática adhesión y la compra de conciencia.

Nunca antes, en el periodo posterior a la tiranía de Trujillo, se vio el infeliz espectáculo de periodistas difamando a otros periodistas por no compartir las políticas oficiales.

Nadie, a excepción de un fanático, se presta gratuitamente a esa tarea humillante. En modo alguno incluyo en esa lista a aquellos que por convicción asumen su derecho a defender a un líder o a un gobierno, que  hoy son muchos y a quienes valoro, porque lo hacen con dignidad y con respeto a las ideas ajenas y entre los cuales hay periodistas de mucha categoría. Leer más de esta entrada

¡Cuestionemos la autoridad!

Con frecuencia me preguntan la razón por la cual me resisto a elogiar las acciones de los funcionarios y asumo siempre posturas críticas contra el poder político. Mi respuesta la extraigo de Ralph Waldo Emerson, quien enseñó la trascendencia de cuestionar la autoridad y las leyes para mejorar la sociedad.

Uno de los signos más ominosos del acontecer nacional es la tendencia a atribuir virtudes al cumplimiento del deber. Así los funcionarios honestos, aquellos que no se aprovechan de sus funciones para enriquecerse ilícitamente, son personas virtuosas, cuando en realidad lo que hacen es cumplir con la obligación para la cual fueron designados o elegidos.

Ahora bien, una cosa es el elogio a una persona y otra reconocer las buenas medidas de un gobierno. Reconocer y apoyar las políticas que puedan beneficiar al país, no implica un compromiso. Leer más de esta entrada