Gobiernos interventores

Lo ideal serían gobiernos menos interventores, lo que sólo sería posible si llegaran a aceptar su carácter esencialmente normativo.

Renunciando a la pretensión de controlar todo el cuerpo social y económico del país, los gobiernos podrían adquirir una mayor capacidad y eficiencia para  cumplir con sus funciones reales. Podrían dotar así al pueblo de los servicios que no han sido capaces de brindar en las áreas tan sensibles e importantes como la educación, la salud, el transporte, la agricultura, entre otras.

Gobiernos menos poderosos de los que hemos sufrido, ayudarían a atenuar además las ambiciones políticas. Menos gente estaría dispuesta a buscar su plena realización en el sector público. Y, naturalmente, descendería el número de patriotas y revolucionarios dispuestos a darlo todo por la nación y el bienestar colectivo de sus ciudadanos, lo que haría inmensamente feliz a buena parte de la población. Leer más de esta entrada

Variaciones sobre un tema

Las reservas que inspiran las tendencias a conferirle al Estado un papel preponderante en la economía, descansan en las penosas experiencias de ensayos pasados y presentes.

Por acción de los gobiernos y a pesar de su ostensible incapacidad para atender con rigor sus responsabilidades esenciales, el Estado ha crecido de forma tan brutal que interviene o husmea  en la vida de cada ciudadano, de manera directa e indirecta, creándole  una carga muy difícil de sobrellevar. No existe una actividad social o económica que no esté de alguna forma ligada, atada, comprometida o asociada con el Estado, o paralizada por él.

Así, mientras falla en dotar  a las escuelas de pupitres, pagar a tiempo a los servidores públicos, muchos de los cuales no desempeñan funciones, y no encuentra cómo darle ocupación a miles de médicos desempleados, no obstante las terribles deficiencias de los servicios de salud que presta, los gobiernos se empeñan en ensanchar su radio de acción convirtiéndose en instrumentos abrumadoramente dominantes. Leer más de esta entrada

Mejor cierren esa vaina

Por el Internet circula copia de una supuesta  correspondencia de la Oficina de Acceso a la Información Pública del Ministerio de Hacienda sobre las exoneraciones concedidas a senadores y diputados, que de ser cierto lo que allí se dice lo mejor que pudiera pasarnos es que cerraran el Congreso.

Según esa carta, de fecha 8 de abril del 2011, en respuesta  supuestamente a un reclamo de Participación Ciudadana, las exoneraciones para esa fecha a los “honorables” miembros del poder legislativo sumaban 127 con un valor FOB de US 13.3 millones y “un sacrificio fiscal” estimado en RD$ 571.2 millones.

Como el período actual de los congresistas es de seis años y cada dos se auto entregan exoneraciones  abiertas de vehículos, con la que pueden traer sin pagar impuestos desde un pequeño auto de cuatro cilindros al más caro de los automóviles existente, lo cual han hecho muchos de ellos, cabe suponer que al final del período para el cual fueron electos  sólo por ese concepto los congresistas dominicanos infligirán al erario un “sacrificio fiscal” equivalente a RD$ 1.713.6 millones, un cálculo conservador basado en un promedio de 127 exoneraciones que no abarcan a toda la matrícula de ese poder del Estado.

Si a esta barbaridad se suman el “barrilito”, el “cofrecito” y los bonos que por cualquier pretexto se auto otorgan para supuestamente cumplir con labores sociales, cosa esta que no entra en las obligaciones de los congresistas, tendríamos que llegar a la penosa conclusión que ese costo es demasiado alto para un país que cada 16 meses es abatido con una reforma tributaria para precisamente poder llenar el hueco fiscal que esa clase de privilegios produce en las finanzas públicas.

No me molesté en confirmar con Participación Ciudadana si esa carta existe, porque de sólo pensar que atrocidades así sean normas en el Congreso lo racional sería clausurarlo.

Aprendamos de otras naciones

¿Cómo se explica el  sorprendente desarrollo  industrial, tecnológico y cultural de  Israel, Taiwán y Corea del Sur, en circunstancias tan adversas, y el estancamiento de un país como el nuestro, rico en recursos naturales y geográficamente situado en el centro del Caribe, con fácil acceso a los grandes mercados como Estados Unidos y Europa?

No pretendo hacer comparaciones, por lo general enojosas. Pero la respuesta pudiera estar en la incapacidad como nación para planificar a largo plazo y en la intensa pasión por la retórica estéril, que agota las energías y nos hace mirar siempre por el retrovisor, no por lo que figura delante de nosotros. Nos falta tal vez vocación para concertar compromisos, mientras nos sobra entusiasmo para la improductiva tendencia a escuchar el eco de nuestras propias voces, descartando las demás.

Cuando les llegó el momento de asumir grandes decisiones, los israelíes, taiwaneses y surcoreanos no vacilaron.

Parecería, en cambio, que a los dominicanos nos faltan voluntades para hacer lo que precisa necesario, cuando la oportunidad se presenta a nuestras puertas. Leer más de esta entrada

Una reforma tras otra

La falta de argumentos para justificar la hemorragia impositiva es lo que hace más pesado los intentos de imponer cada cierto tiempo más carga a la población.

Uno de los pretextos esgrimidos ha sido siempre que los dominicanos “vivimos como ricos”, con la más baja tasa tributaria del continente. Pero todo ese costoso esfuerzo publicitario dirigido a demostrarlo, resulta inútil ante la contundencia de los hechos.

La verdad es que lejos de vivir como señores, los dominicanos en su mayoría han estado sometidos a las mayores privaciones y constricciones.

El alegato gubernamental, esgrimido en los últimos ocho años para justificar seis reformas impositivas, tal vez se aplique a un pequeño grupo de privilegiados y, por supuesto, a una buena parte del equipo burocrático que llega con cada gobierno. El resto de la población no escapa ni ha escapado a los embates de la inflación y al proceso de retroceso social, que se da pronunciadamente en los sectores de clase media e ingresos fijos. Leer más de esta entrada

Una práctica aberrante

En tiempos de Trujillo, las loas al tirano eran obligadas en todos los actos oficiales.

Los funcionarios, los intelectuales y los dirigentes comunitarios competían con las más absurdas exaltaciones para ganarse el favor del amo y señor del país y así poder preservar sus cargos y privilegios.

Entre las más serenas de las alabanzas, llegaron a decirse cosas como estas: “Ningún estadista en la historia de la humanidad ha hecho tanto por su patria, como Trujillo por la República Dominicana”. Póngale atención a esta otra, un tanto más atrevida: “A Trujillo hay que canonizarlo, pero hay que canonizarlo vivo, porque las cualidades espirituales de Trujillo sobrepasan las de San Agustín”.

Muchos creíamos en este país que esas aberraciones quedaban atrás; que eran ya parte de un pasado que no padeceríamos otra vez. Pero cuán equivocados estábamos. El culto de la personalidad  renació durante la administración de Leonel Fernández y el beneficiario de la adulación no lo rechazó ni mucho menos condenó como una práctica antidemocrática y negativa para el país, como en verdad lo es. Por eso estamos expuestos a ver genuflexiones aún más humillantes que las que el rigor de la tiranía forzaba a todo servidor público o ciudadano prominente, si el Presidente actual no lo prohíbe. Leer más de esta entrada

Por fin ¿quién es el jefe?

Apenas tres horas después de juramentarse, el presidente Medina decepcionó a quienes alentaban esperanzas de cambio con su llegada al poder, al anunciarse la composición del equipo gobernante.

Con muy escasas excepciones, un gabinete integrado por funcionarios leales al líder de su organización, el ex presidente Fernández, responsables en gran medida la mayoría de ellos del desastre financiero y moral que le ha costado sortear.

Funcionarios famosos por el enorme inventario de mentiras con las que le inyectaron al país durante ocho años la ilusoria idea de un paraíso de bienestar y progreso. Un paraíso virtual que la realidad ha mostrado en toda su crudeza. Un pequeño clan inamovible que su antecesor rotó en escasas ocasiones, dotándolos de una antigüedad que los ha hecho creerse dueños de pleno derecho de las posiciones que desempeñan. Leer más de esta entrada

Otra oportunidad perdida

El presidente Danilo Medina tal vez haya perdido una oportunidad  excepcional de conciliarse con la sociedad  al promulgar la ley de reforma tributaria, en momentos en que el rechazo al denominado “paquetazo”, se hacía más evidente.

Analizando el tema desde una perspectiva oficial, pienso que sus asesores bien pudieron convencerlo de ganar un poco de tiempo observándola, en lugar de promulgarla para inmediatamente después modificarla para eliminar el impuesto a las compras por Internet.

Ese aspecto de la ley pudo usarse como pretexto para enviarla de nuevo al Congreso. Una iniciativa de esa naturaleza hubiera  puesto a pensar a muchos críticos sobre la posibilidad de que el presidente modificara el contenido de la reforma para hacerla más potable.

Una reestructuración inmediata del gabinete, cuya conformación le ha traído tantas antipatías a la administración, le pudo haber dado al gobierno el respiro que necesita para encontrarle una salida a la grave situación de déficit que su compañero Leonel Fernández le dejó como legado al entregarle la presidencia. Leer más de esta entrada