Llena de color y musicalidad

MIGUEL GUERREROUna de las grandes voces de las últimas décadas fue la del tenor italiano de origen siciliano Salvatore Licitra, quien falleciera en un accidente de tránsito en septiembre del 2011, a la edad de 43 años. La crítica más exigente llegó a considerarlo como el heredero natural de Luciano Pavarotti, por la extraordinaria belleza y fuerza de su voz.

Poseía, escribieron los críticos, “el sonido más gloriosamente fresco que ha producido un tenor”, en decenas de años. Su voz fue la de un clásico lírico spinto, resonante, llena de color y vibraciones, con un dominio casi perfecto de los recursos técnicos, pletórica de musicalidad y elegancia. Su penetrante y firme registro agudo, a pesar de lo cual lograba un equilibrio poco común en sus distintos registros, hizo de él un cantante excepcional con enorme facilidad para roles muy difíciles y principales en Un ballo in maschera (Un baile de máscara), ópera con la cual debutó en 1998, con apenas 27 años, y Riggoletto y Aida, también de Verdi, al igual que en Tosca y Madame Butterfly de Puccini, que llegó a interpretar en los más exigentes y famosos teatros del mundo. Leer más de esta entrada

La Iglesia, el Estado y la economía (IV de IV)

MIGUEL GUERREROCuando la distribución de la propiedad es un obstáculo “al normal rendimiento de la economía”, lo cual no es originado siempre por la extensión del patrimonio privado, en interés del bien común el Estado “puede intervenir para regular su uso, o también, si no se puede proveer justamente de otro modo, decretar la expropiación mediante “ la conveniente indemnización”.

La sentencia no es hija de un discurso populista ni proviene de un líder comunista. Formó parte del mensaje radial de Pío XII, uno de los papas más conservadores de la historia, de septiembre de 1944, que citáramos en nuestra entrega de ayer. En Octagesima Advenies, años después, el Papa Paulo VI llegaba a conclusiones más radicales en materia económica. Leer más de esta entrada

Un celular no vale una vida

MIGUEL GUERREROLos asesinatos y atracos para despojar a las víctimas de un teléfono celular se deben al hecho de que las compañías telefónicas los reactivan, sin exigir la procedencia del aparato. No hay otra explicación. El ministro de la Presidencia, Gustavo Montalvo, se ha quejado públicamente de esta práctica irresponsable, que ha costado la vida a muchos jóvenes, en su mayoría estudiantes prometedores, y enlutado a decenas de familias, a quienes esos desalmados dejan un dolor y un vacío para el resto de sus vidas.

Cada vez que ocurre un hecho de esa naturaleza suelo preguntarme si los autores de esos horrendos asesinatos y atracos merecen un tratamiento distinto al que dan a sus víctimas. Y cada vez la realidad me pone de frente ante el espejo de una justicia corrupta que trata a esos delincuentes como si fueran ángeles enviados del cielo, por lo que quedan casi siempre libres de sanción para seguir cometiendo sus fechorías. La única posibilidad de reducir esa modalidad del crimen es imponiendo severas sanciones a las empresas que reactivan esos aparatos y exigir del INDOTEL  normas y supervisiones más rigurosas. Leer más de esta entrada

La Iglesia, el Estado y la economía (III de IV)

MIGUEL GUERREROUno de los teóricos más sobresalientes y polémicos de la Doctrina Social de la Iglesia, C. Van Gestel, sostiene que en ciertos momentos y bajo determinadas circunstancias, el bien común puede exigir una restricción del derecho de propiedad privada. Desde ese punto de vista oficial de la Iglesia, la nacionalización de una u otra industria “puede recomendarse en ciertos casos”.

Gestel también considera que el Estado puede abrogarse el derecho de imponer un estatuto jurídico especial a ciertas empresas o sustraer ciertos productos del mercado libre “reservándolos para los armamentos”, aunque su intervención deberá más bien atender a la extensión que a la restricción del derecho de propiedad privada, “de suerte que el régimen de bienes corresponda más directamente al destino universal de los bienes terrenos”. Leer más de esta entrada

La Iglesia, el Estado y la economía (II de IV)

MIGUEL GUERREROAl analizar el papel del Estado en la economía, Juan XXIII escribió que uno de sus deberes ineludibles es intervenir a tiempo a fin de contribuir a producir bienes materiales en abundancia. Además, constituye una obligación del Estado “vigilar que los contratos de trabajo se regulen con justicia y equidad” y que en los ambientes laborales “no sufra mengua ni el cuerpo ni el espíritu, la dignidad de las personas humanas”. El rechazo de la acumulación de riquezas por particulares planteada en infinidad de documentos oficiales de la Iglesia, se aplica igualmente al Estado o al Gobierno.

La norma de fijación del ámbito de esa intervención gubernamental es el principio de la subsidiariedad, que ya había enunciado Pío XI en Cuadragesimo Anno y que ha servido de guía a los papas sucesivos. En esencia, este principio de subsidiariedad reconoce únicamente el derecho del Gobierno a hacerse cargo de iniciativas necesarias para proteger la justicia, en todos los órdenes que excedan en todo caso la capacidad de los individuos o grupos privados. Leer más de esta entrada

La Iglesia, el Estado y la economía (I de IV)

MIGUEL GUERREROLa última encíclica de Benedicto XVI, “Caritas un Veritate”, revivió un debate surgido en la Iglesia Católica desde los tiempos de León XIII: el papel que ella le reconoce u otorga al Estado en la economía. Juan XXIII dijo que la historia y la experiencia demuestran que “en los regímenes políticos que no reconocen a los particulares la propiedad, incluida la de los bienes de producción, se viola o suprime totalmente el ejercicio de la libertad humana en las cosas fundamentales”.

Sin embargo, este respaldo a la propiedad, fundamentado ya en Rerum Novarum (1891), no admite por la Iglesia el derecho a una acumulación ilimitada de riqueza. De hecho la ética moral de la doctrina social de la Iglesia trata de situar endoso en un punto intermedio entre el individualismo extremo, manifestado en la teoría de mercado libre, y los enfoques estatistas o colectivistas, expresados en los modelos de sociedad comunista. Leer más de esta entrada

El mito de una revolución

MIGUEL GUERREROLa complicidad de los gobiernos con la tiranía castrista y su injustificable indiferencia ante las violaciones de los derechos humanos en Cuba, es tan espantosa que año tras año se intenta justificarla con el eterno pedido de supresión del selectivo embargo comercial estadounidense, como si los problemas generados por la revolución residieran en ese hecho u obedecieran a factores externos. Es decir, la presunta permanente conspiración del imperialismo y la burguesía, que aún califican de “gusanería”, en una retórica digna de la edad de piedra.

Cuando escucho a la izquierda abogar por la eliminación del embargo a Cuba, que no incluye alimentos ni medicinas, me vienen a la memoria los gritos de la multitud en las calles de nuestras ciudades pidiendo el mantenimiento de las sanciones impuestas al régimen de Trujillo por la OEA. Leer más de esta entrada

La vulgaridad en los medios

MIGUEL GUERRERONo me cansaré de repetir la fascinación que me produce el que algunos propietarios de medios electrónicos pretendan ignorar que son moralmente responsables de cuanto se diga o haga en sus estaciones de radio o televisión. Que las ofensas y alegres insinuaciones lanzadas sobre honras o tranquilidades hogareñas tienen su precio. Que si bien la popularidad que esa obscena práctica genera produce por un tiempo mucho dinero, en algún momento se transforma en descrédito y rechazo.

En definitiva, que nadie es tan tonto para creer que esas cosas suceden sin el consentimiento o visto bueno de sus dueños o empleadores. Lo peor de todo este fenómeno es que las permanentes competencias de vulgaridad que por algunos medios se escuchan y ven, están creando modelos y pautas en el oficio periodístico. Muchos jóvenes talentosos y otros que no lo son, han visto en ello una vía fácil de alcanzar metas, desdeñando el buen decir y la ecuanimidad que tanta falta le hacen a una sociedad dominada por el afán desmedido de lucro y fama. Además, el que esas atrocidades se originen en horas inapropiadas es algo intolerable, por el daño irreparable que supone. Leer más de esta entrada