El valor de la iniciativa privada

Con el paso de los años, la clase política ha logrado inculcarle a la gente la idea de que el país vive permanentemente enfrentado al choque de intereses contrapuestos. De un lado, el interés nacional, representado por el Estado y quienes ejercen el poder, y el particular, que emana de la actividad privada. En el falso criterio de valoración sobre el que esa tesis se sustenta, el primero es el legítimo y el segundo es espurio, del que surgen todas iniquidades que hacen de la nuestra una nación socialmente injusta debido a las enormes desigualdades existentes.

La teoría de la desigualdad basada en la existencia de los intereses particulares ha servido para encubrir la corrupción y el enriquecimiento ilícito de una clase política incapaz de plantear soluciones de fondo a los graves problemas nacionales y preservar de este modo los grandes y crecientes privilegios que el secuestro de la vida política por los partidos le ha permitido a sus dirigentes. Leer más de esta entrada

El gigantismo estatal

Las grandes necesidades nacionales y los efectos de la crisis financiera exigen, sin mayores dilaciones, cambios drásticos en la agenda nacional. No podemos permanecer ajeno a cuanto ocurre en el mundo. La visión de corto plazo tiene que ser sepultada y dar paso a tareas de largo alcance, que permitan consolidar los sectores más dinámicos de la economía, conquistar los mercados que se han abiertos con la firma de tratados de libre comercio con los grandes centros de consumo e impactar positivamente así las expectativas de la población.

La ilusión de progreso como ilusión al fin es una burbuja porque el país está empeñado hasta los tuétanos debido a una elevada deuda externa que no para de crecer. Por tanto no es aconsejable continuar poniendo parches en las llagas de sus grandes heridas. Nos hacemos la idea de que avanzamos pero en el fondo ese crecimiento es sólo material. Tenemos más universidades y escuelas que antes pero la calidad de la educación se deteriora cada día, si bien justo es admitir que criterios nuevos afloran en esa área. Leer más de esta entrada

El reto inaplazable

Una cosa es innegable. Los problemas son demasiado evidentes y grandes como para que no hayan podido ser identificados. Todo el mundo habla de ellos. Y a diario escuchamos a nuestros dirigentes políticos sugerir fórmulas para resolverlos. Sorprende los grados de identificación visibles en los discursos y propuestas políticas de los partidos. Y asombra la dificultad que encuentran para ponerse de acuerdo en aquellos puntos en que no guardan diferencias. Tampoco consiste la crisis que padecemos en la falta de recursos para enfrentarla, si bien es preciso reconocer que ellos no son siempre los necesarios. Todo el mundo sabe de las prioridades. La esencia no reside en este punto.

La debilidad fundamental radica en nuestra inveterada inclinación a ceder a los encantos de la retórica, que tantas veces relega lo básico del debate y posterga indefinidamente la acción, tan imprescindible como insustituible. Pero más allá de la denuncia y los lamentos ¿qué hemos logrado al cabo de centenares de foros, millones de textos apilados en inútiles estudios de poca aplicación práctica, para encontrar una solución rápida a este enorme flagelo moderno que es la pobreza generalizada? Leer más de esta entrada

La tragedia del Tercer Mundo

La insuficiencia de recursos para acometer las tareas del desarrollo, fomenta un enorme escepticismo popular. Las esperanzas se marchitan y las expectativas que han sustanciado el ejercicio democrático en una extensa parte del mundo languidecen. Es evidente que en la medida en que se acentúa la crisis económica y disminuyen las posibilidades de ensanchar el porvenir social y económico, decrecen la confianza y el interés de millones de seres humanos en la defensa de los valores básicos y fundamentales de nuestro sistema de vida político.

Tenemos ante nosotros un enorme e inaplazable desafío de mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos. Libertad, democracia y desarrollo deben traducirse indefectiblemente en realidades para esas grandes capas de población marginadas y sin esperanzas que habitan nuestras ciudades, aldeas y campos, si se quiere preservar el ideal de vida democrático que encierran esas palabras. He llamado a este reto la lucha inevitable. Leer más de esta entrada

Para entender el presente (14 de 14)

El trato de Bosch con los militares se hizo difícil por su poco conocimiento de la vida castrense y su rechazo instintivo a cultivar la amistad de estos. Varios incidentes ilustran la naturaleza escabrosa de esas relaciones, aún en los comienzos del gobierno, cuando todavía la aureola de triunfo elevaba su imagen hasta alturas inimaginables. Después de juramentarse, Bosch comenzó a visitar campamentos militares. A comienzos de abril se presentó en el Batallón Blindado de la base aérea de San Isidro. Las unidades blindadas estaban dispuestas en formación para una inspección de rigor del presidente.

Al llegar a la hilera de tanques AMX, los más modernos de la dotación, Bosch se dirigió a los oficiales diciendo que esperaba que esas máquinas no se usaran contra el pueblo por lo que sería mejor venderlas para comprar barcos de pesca. Un joven oficial, el capitán Juan Oscar Contín intervino ante el estupor que las palabras del mandatario habían provocado, diciendo que no estaba de acuerdo porque esos equipos eran insustituibles para la defensa nacional. Leer más de esta entrada

Para entender el presente (13-14)

El padre Marcial Silva era muy popular no sólo entre los oficiales sino en los círculos donde se movían los cadetes y, en un plano bajo, los soldados. Frecuentemente iba al club de oficiales y al cine de alistados a dar charlas.

Cuando se le preguntaba qué opinaba de Bosch, respondía con seguridad y sin titubeos: “Es un hombre peligroso”. Bosch era de cuidar, a juicio del sacerdote, por sus ideas marxistas y porque estaba “en contra de la Iglesia”.

En sus charlas insistía en que Bosch era “ateo, anti hispánico y un anticatólico rabioso”, que había bebido de las enseñanzas hostosianas racionalistas. En su opinión, Bosch era el Hostos dominicano “irrespetuoso de la religión”.  Leer más de esta entrada

Para entender el presente (12-14)

En la pastoral de censura a la nueva Constitución promulgada el 29 de abril de 1963, el Episcopado llamaba a la población a oponerse a la misma, en los términos siguientes: “No podemos terminar, sin hacer un llamado vehemente a nuestro pueblo, profundamente preocupado ante la presencia de ideologías contrarias a Cristo, a la persona humana y a sus derechos; ideologías que siembran la agitación, el terrorismo, y que augurarían el caos moral, social y económico, y finalmente la esclavitud”.

El 31 de julio, la Iglesia reanudó sus ataques al gobierno. En una declaración dirigida a la autoridad pública, dirigentes políticos, laborales y patronales sobre la situación del país, los obispos manifestaban “su profunda preocupación ante la realidad amarga del momento”, signada por “la incertidumbre y la desconfianza” que ponían en peligro las aspiraciones genuinas de la familia dominicana. Era el más duro y directo de los ataques de la jerarquía católica contra el régimen, en el que se hablaba del tortuoso camino que había tomado el gobierno, haciendo mención nuevamente a la ideología comunista que atribuía a la administración de Bosch. Leer más de esta entrada

Para entender el presente (11-14)

Cuatro días antes de la promulgación de la nueva ley sustantiva, el Episcopado hizo leer en todos los templos una pastoral condenándola. Los obispos observaban que el texto constitucional no estaba “de acuerdo con los derechos de Dios y de la Iglesia”, por cuanto carecía de fundamento “en las situaciones históricas concretas” del país.Se quejaban del fracaso de cuantos esfuerzos se realizaran ante la Asamblea Constituyente para lograr soluciones a “los graves problemas planteados” con la nueva Carta Magna, que ignoraba la adhesión de los dominicanos al catolicismo. La Constitución, decía la pastoral, ignoraba esa realidad histórica, por lo que no llenaría su alta finalidad. Para lograr sus objetivos, toda Constitución no podía, como parecía ser el caso, responder al criterio de un hombre o de un solo partido.

El punto crucial del conflicto lo constituía lo que los obispos llamaban “ausencia total de un reconocimiento explícito de los derechos de Dios y de la Iglesia”. La cuestión, sin embargo, seguía siendo qué significaban esos derechos celestiales en medio de una confrontación entre lo que Bosch llamaba tutumpotes, los de arriba, con los hijos de Machepa, los desamparados. Leer más de esta entrada