Las viejas quejas de un lector

Aún recuerdo que en noviembre de 2011, un lector de Santiago llamado José me envió un correo diciendo que por esta columna dejó de comprar el periódico. Sin embargo, por lo que me echaba en cara parecía que la seguía leyendo. Me reprochaba que no le reconociera méritos al presidente de entonces y me atribuía el creer que sólo yo conozco el camino correcto, lo que sería un acto de arrogancia que no encuadra en mi forma de ser.

Le respondí que su decisión era un acto de injusticia contra muchos otros columnistas de este diario de gran peso en la sociedad, algunos de los cuales frecuentemente exponen criterios muy distintos a los míos. Al leer estas líneas iniciales, algunos lectores pensarán que concedo demasiada importancia a algo que tal vez no la tenga. Pienso que el enojo de José, como el de tantos ahora, sí la tiene. Y merece que dediquemos en algún momento tiempo de reflexión para analizar este tipo de comportamiento. Leer más de esta entrada

Reflexión de comienzos de semana

La prensa ha jugado un papel muy importante en el relativo pero firme avance democrático experimentado en las últimas décadas, pero aún sufre de grandes defectos. Son muchos sus vicios heredados de un ya lejano pasado de autoritarismo que contaminó de miedo el porvenir. Y ese miedo en cierta medida explica las crónicas debilidades institucionales que padecemos, el temor a expresarnos con absoluta libertad y los temblores que en la mayoría de los ciudadanos, ricos y pobres, cultos e ignorantes, produce disentir de la autoridad y ejercer los derechos fundamentales propios de una democracia, garantizados además por todas nuestras constituciones.

Los medios han caído en la tentación de tutear a los dirigentes políticos y han hecho de esa práctica una norma de su diario quehacer, lo que genera un clima de confianza y acercamiento letal para la crítica y su independencia. Leer más de esta entrada

“El camino del infierno…”

En las tertulias de intelectuales y en el discurso político es frecuente escuchar una frase que leí por primera vez en una edición en español, que a pesar de los años atesoro, de Romeo y Julieta, de William Shakespeare: “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”.

En el tercer acto de la obra, el autor la pone en labios de Mercucio, el íntimo de Romeo, de la familia Montesco, cuando aquél cae abatido en un lance con Tebaldo, pariente de la familia rival de los Capuletos. La escena ocurre luego de que Romeo evadiera batirse con su celoso rival al encontrarse en una plaza el día después en que conociera a Julieta, en una fiesta de disfraces en el palacio de los Capuleto, y ambos confesaran su amor a primera vista. Romeo se arrodilla sobre su amigo y le pide perdón por haber intentado separarlos y evitar así una tragedia lo que aprovechó Tebaldo para herir de muerte a Mercucio. Entonces Romeo enfurece y mata de una estocada a Tebaldo y huye, agravando así la vieja rivalidad entre las dos familias, lo que impide el romance entre los dos jóvenes, en un drama que concluye con la muerte de ambos. Leer más de esta entrada

El salvajismo chavista

No se trata ya de si el país tiene una deuda petrolera impagable con Venezuela y si esa circunstancia condicionó el voto dominicano en la asamblea general de la OEA a favor de la dictadura de Nicolás Maduro. El caso trasciende ya ese tipo de consideraciones, porque la violencia ejercida allí contra la oposición y dos poderes del Estado, como el Parlamento y la Fiscalía General, traspasa todos los límites y viola los principios democráticos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la propia Carta del organismo regional.

Los congresistas dominicanos deberían expresar su solidaridad con sus colegas venezolanos, golpeados muchos de ellos salvajemente por una turba chavista que violentó el fuero de la Asamblea en Caracas. Y no se trata de una primera vez. Lo vivido esta semana allí es otra insólita intervención de un poder independiente, como es ya una costumbre por un gobierno que no respeta nada. Leer más de esta entrada

De verdades y posverdades

De un tiempo reciente a esta parte, en el mundo hispano parlante se ha extendido el uso de la voz “posverdad”, hija bastarda de la inglesa “post-truth”, aunque podría apostarse doble contra sencillo que muy pocos sepan qué se quiere decir con ella. Ahora que la Real Academia Española (RAE), de labios de su director, Darío Villanueva, ha anunciado la inclusión del término en la próxima edición de su diccionario, cabe esperar una explosión de su uso a nivel local, especialmente en los medios y en las tertulias de intelectuales. Como toda novedad, el término tiene un aire aristocrático y su empleo en las conversaciones y en ciertas escrituras dará a quien se lo apropie alguna apariencia de erudición, falsa por supuesto.

Diarios españoles han anticipado que “posverdad” sería definido en el diccionario de la Lengua Española como el vocablo relacionado a “toda información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público”, pero como todavía la Academia no ha definido con total claridad el significado de la expresión habría pues que esperar la próxima edición del diccionario. Mientras, dudo mucho que su uso entre nosotros, como a menudo ya escucho, tenga conexión con el contexto en que se emplea. Leer más de esta entrada

Las preocupaciones de la Iglesia

Las personas de éxito, el que se deriva del ejercicio de una actividad, no el fortuito producto de un golpe de lotería, tienen conciencia de sus límites. De lo que pueden hacer en base a sus capacidades físicas o intelectuales. Por eso resulta difícil entender lo que con frecuencia se publica en los medios. Por ejemplo, leer, escuchar en diarios y estaciones de radio y televisión, entrevistas realizadas a personalidades de la Iglesia. Obispos y sacerdotes hablando de todo, menos de asuntos relacionados con la fe y sus ministerios.

Se entrevista a estos religiosos sobre los procesos electorales, la crisis interna de los partidos, las quiebras bancarias, la ley de electricidad, la reforma constitucional y años atrás sobre asuntos tan mundanos como el cuestionado contrato sobre informática suscrito por la Junta Central Electoral. Pero nadie parece interesado en saber las opiniones de esos pastores de almas sobre los temas que han estado sacudiendo los cimientos de la Iglesia Católica en las últimas décadas: el aborto, las denuncias de pedofilia contra obispos y sacerdotes, la ordenación de mujeres, el celibato y el divorcio. Leer más de esta entrada

Perdiendo por incomparecencia

En las tres últimas semanas, mientras estuve fuera del país, aparentemente se avanzó en la aprobación de la ley de partidos, cuyo objetivo es crear las bases del funcionamiento ordenado del sistema político. Con esa ley se aspira evitar muchos de los vicios y prácticas cuestionables que caracterizan el quehacer político cotidiano. A pesar de ello, como tantas otras veces en el pasado, los peldaños avanzados reflejaron la falta de voluntad para caminar juntos en pro de una meta común. Si esa ausencia se prolonga, el producto final responderá a una facción y no quedarán razones posteriores para la queja.

Los recelos entre las distintas fuerzas políticas lograrán frenar otra vez las intenciones de laborar en las áreas de coincidencia, paradójicamente más amplias que las diferencias, casi siempre de puro matices. Si algo está claro entre nosotros es la ausencia de diversidad ideológica en el espectro político, pues los grandes partidos se ubican todos en el conservadurismo de derechas. Aquello de socialdemocracia, democracia cristiana y centro derecha o de izquierda es pura pretensión, como lo es también en mayor dimensión lo de “progresistas” de lo que se ufanan los grupos más ultra conservadores. Leer más de esta entrada

El exceso de población

El exceso de población, sin duda uno de los más graves problemas actuales, adquiere singular dramatismo en los países en desarrollo como la República Dominicana. Nuestra limitada capacidad de producción y la falta de tecnología dificultan la alimentación adecuada de cientos de miles de seres humanos, que subsisten en condiciones extremas de pobreza e indigencia. Las desigualdades sociales se muestran más patéticas y las necesidades más perentorias. Y paradójicamente los problemas demográficos y de escasez de alimentos no figuran en las listas de prioridades del llamado Tercer Mundo, lo que en el caso dominicano es una cruda y patética realidad.

En las áreas más densamente pobladas este desequilibrio reviste características alarmantes, por lo que están a expensas de una explosión social a menos que se adopten medidas correctivas serias y efectivas. No puede pasarse por alto un hecho: a las tasas actuales de crecimiento demográfico, la población mundial crecerá hasta superar los seis mil quinientos millones de personas al final de la presente década. Ante cifras tan dramáticas, se requiere de una visión y de una solución conjunta.  Leer más de esta entrada