La evasión fiscal

En varias oportunidades he señalado que la lucha contra la evasión fiscal no es sólo tarea de la Dirección de Impuestos Internos. Los altos niveles de evasión cargan sobre quienes cumplen con sus obligaciones impositivas todo el peso de la estructura tributaria. De manera que quienes incumplen con esa obligación elemental engañan al Estado, reduciendo con ello su capacidad para encarar los graves problemas de la nación, y a todos aquellos que observan sus deberes, sean empresas o particulares.

Los evasores se justifican en el alegato de que el sistema es injusto y represivo de la actividad productiva, lo que, de ser cierto, no se le aplicaría por cuanto no pagan los impuestos que las leyes establecen. A causa de los enormes montos de evasión, la carga tributaria sobre el PIB se estima en más de un 15%, cuando en realidad puede sobrepasar dos y hasta tres veces esa cifra en algunos casos, a quienes pagan, si se le suma el pasivo laboral que la Seguridad Social representa para toda la actividad económica. En el ámbito empresarial, la evasión es mucho más perniciosa porque elude también los pagos de los servicios obligatorios de salud en perjuicio de empleados y trabajadores. Leer más de esta entrada

Cuando recuerdo mis yerros

Escribir una columna diaria, limitada a un espacio breve que obliga a contar con cada frase o idea el número de palabras y caracteres, tiene enormes riesgos para quien respete su trabajo. En una oportunidad le atribuí la autoría de “Las bodas de Fígaro” de Mozart a Rossini, en una imperdonable confusión impropia de alguien que ama tanto la ópera como el béisbol. Pero lo de un sábado, último día del caluroso mes de junio de 2007, supera cuantos errores pudiera haber cometido desde aquella lejana jornada de septiembre de 1980, cuando don Germán Ornes aceptó mi propuesta de escribir para El Caribe una columna diaria de opinión, lo cual entonces no era usual entre reporteros o ejecutivos de la redacción.

Fue gracias a un inteligente y evidentemente culto lector residente en Swampscott, Massachussets, quien por cierto se llama también Miguel, omito su apellido porque no le pedí autorización para referirme a su correo, en que vine a darme cuenta de eso que él llama “lapsus”, cuando ya era inútil para todo fin práctico porque estaba publicado. El caso es que refiriéndome a las ambigüedades que se observan en las actitudes dentro de la política, en relación al tratamiento a la inversión extranjera, escribí esta joya del disparate: “…las contradicciones a un alto nivel son contradictorias”. Leer más de esta entrada

El Papa y la pobreza

Ahora que el papa Francisco ha llamado los ricos a poner fin a la “cultura del egoísmo” y pedido a los jóvenes que promuevan “lío en las diócesis” y que el presidente Danilo Medina ha subrayado la imperiosidad de reducir la pobreza, es preciso insistir en que si esta sociedad aspira a vivir en paz y bajo cierto grado de estabilidad política, debe hacer más esfuerzos para combatir la indigencia. Los logros en el campo de la seguridad social y la democracia económica están muy a la zaga de las conquistas en materia de desarrollo político y respeto a las libertades individuales. Una democracia funcional requiere de cierto equilibrio de esos elementos fundamentales. Por eso, para muchos sectores de población, nuestro sistema político es insustancial y no le representa nada.

La pobreza no es el factor fundamental de la desobediencia social y la subversión, aunque la fomenta y en determinados momentos la justifica, desde un prisma puramente ideológico. El hecho de que algunos de los movimientos guerrilleros más exitosos hayan actuado en sociedades más o menos adelantadas, desde una visión tercermundista, como Argentina y Uruguay, demuestra que en la sedición y las guerrillas operan fuerzas y elementos ajenos totalmente a la pobreza imperante en el medio en donde actúan. Leer más de esta entrada

El Bosch que combatí y conocí ( y 2)

En mi obra “El golpe de Estado” se revelan los esfuerzos fallidos pero persistente del gobierno de facto que le reemplazó para presentar a Bosch como un político corrupto y justificar por ello la asonada ante la comunidad internacional y ofrecerle asimismo al país un pretexto que sirviera de excusa al quebramiento del orden constitucional.

El relato que sigue muestra cómo lo intentaron: “En las semanas siguientes al golpe, el Triunvirato hizo ingentes esfuerzos por presentar al efímero régimen de Bosch como corrupto. Fue uno de sus grandes fracasos. La reputación del expresidente era la de un hombre austero, decidido a vivir del producto exclusivo de su trabajo. Las insinuaciones de corrupción encontraron poco eco en la prensa internacional. Muchos diarios del exterior, por el contrario, dedicaron amplios espacios para resaltar la sencillez con que Bosch y su esposa vivían”.

“El 30 de septiembre, mientras Bosch navegaba hacia el exilio, el Miami Herald publicó un despacho de su enviado especial Art Burt que decía: “La breve y rara leyenda del presidente Juan Bosch terminó con la reclamación de los muebles de su casa por una tienda y una cuenta bancaria de $ 101.04 que dejó para pagar a sus acreedores”. Leer más de esta entrada

El Bosch que combatí y conocí (1 de 2)

Años después de su muerte, y por mucho que se le exalte desde entonces, Bosch sigue siendo prácticamente un desconocido para las nuevas generaciones, incluso dentro del partido que él creó y formó, en opinión de sus críticos, a su imagen y semejanza. La forma en que se le recuerda no es la que él hubiera aspirado. Los honores que se le rinden no encajaban en su personalidad. No usó nunca la banda presidencial en el territorio nacional y la única vez que se la ciñó fue en México, dos semanas antes del golpe, por exigencias de un protocolo sobre el cual nada podía hacer.

Odiaba los reconocimientos oficiales porque entendía que esa práctica era nociva para la democracia dominicana, al considerar que gran parte de la sociedad la vería como réplica o legado del trujillismo, ávido de medallas y condecoraciones. Por eso, de su pecho pendieron pocas.

Su carácter, a veces explosivo, le granjeó adversarios y mientras se le mantuvo como la única opción de su partido para alcanzar el poder jamás alcanzó la valoración que su capacidad intelectual y su honradez se merecían. Leer más de esta entrada

Ante el peor de los dilemas

Asistí a una reunión en la que otro invitado, quejándose de la mala reputación de la justicia, indicó que un cambio de administración nos daría oportunidad de superar esa “terrible deficiencia”, enviando a la cárcel a quienes el ojo escrutador de la opinión pública señale como autores de actos indecoros contra el patrimonio nacional. Por lo general este tipo de reunión me resulta aburrida pero viniendo de un abogado la observación me sacudió.

Me asusta que alcancemos un nivel de desconfianza tal en la independencia de los poderes, cuya única posibilidad de ganarle terreno a la corrupción consista en vulnerar ese principio fundamental. Sea el actual o el que le reemplace en las elecciones del 2020, la responsabilidad del Gobierno es cuidar que los bienes públicos sean religiosamente guardados y de reunir las pruebas necesarias para llevar a la justicia a los responsables de violar las normas de un pulcro ejercicio de las funciones públicas. Determinar la culpabilidad final es una tarea de los tribunales. Son estos los que deben dictar las sentencias, sean de culpabilidad o de absolución. Leer más de esta entrada

En un lugar sagrado

Rodeada de murallas tan antiguas como el hombre, una gigantesca mezquita se levanta sobre un pequeño monte en el centro de Jerusalén, la ciudad sagrada de las tres religiones monoteístas. Es la mezquita de Omar o Domo de la Roca, lugar venerado por los musulmanes. Al fondo, en la planicie del Monte Moriá, un templo islámico menor, se encuentra la mezquita de El Aska, a cuyo alrededor se ven siempre a cientos de ciudadanos árabes, unos andrajosos otros potentados, luciendo túnicas de mil colores. La tradición cuenta que desde el interior de la mezquita de Omar, rodeada por una baranda, Mahoma ascendió al cielo montado sobre una mula blanca.

Ante esa roca sagrada sobre la cual muchos metros más arriba se levanta la cúpula enorme de la mezquita, se arrodillan miles de fieles a implorar a Alá, su Dios. En prueba de sumisión y reverencia dejan sus zapatos a la entrada de los cuatro portales de la fachada, cubierta de lozas de mármol de llamativos colores en las que hay escritas citas del Corán. Leer más de esta entrada

Beethoven y Bonaparte

De todas las obras del genial compositor alemán Luidwig Van Bethoven, ninguna tuvo el impacto que la Tercera Sinfonía, La Heroica, en Mi bemol mayor, opus 55, que al decir de los expertos marcó el comienzo del romanticismo musical, rompiendo con los cánones del tradicional clasicismo de su época.

Esta obra, que Beethoven dedicó inicialmente a Napoleón Bonaparte, no fue bien recibida tras su estreno en Viena en 1805, bajo su dirección. Sus críticos, que no resistían su temperamento apasionado y agrio, la calificaron de excesivamente larga, inconsistente y aburrida. La obra le había costado al autor dos años de arduo trabajo.

Cuando Bonaparte se proclamó emperador en 1804, Beethoven rayó el nombre con enfado y sustituyó el segundo movimiento, “La marcha triunfal”, por una marcha fúnebre, y llevó después ese segundo movimiento al último de su Quinta Sinfonía. Cuando la obra fue posteriormente publicada, en 1806, le dio el título de “Sinfonía Heroica compuesta para celebrar el recuerdo de un gran hombre”, para mostrar su desencanto con el restablecimiento del imperio francés. Leer más de esta entrada