Una mañana de diciembre en Jerusalén

El sol parecía perezoso aquella mañana de diciembre. Tardaba en aparecer sobre los amarillentos y milenarios muros de Jerusalén y sus tenues rayos apenas calentaban el frío pavimento de la antigua Vía de Juliano, hoy avenida del rey David. Una brisa glacial hería las mejillas y retozaba sobre los revueltos cabellos de una joven pareja que cogida de la mano esperaba la llegada del autobús, a una cuadra del hotel King David. El sonido de los vehículos corriendo hacia el sur, donde se halla el centro comercial judío destruido a comienzos de la guerra de 1948, se entremezclaba con el cántico sereno de los pinos y los eucaliptos mecidos por el viento.

Desde mi habitación veía los verdes senderos del Monte de los Olivos. Y, más allá, las viejas y sagradas murallas de la vieja ciudad. Frente a las vetustas murallas del muro occidental, o Muro de las Lamentaciones, judíos de luengas barbas madrugaban para decir sus antiguas oraciones oscilando rítmicamente el pecho hacia delante, en señal de reverencia. Leer más de esta entrada

Cuando sobran los controles

En Latinoamérica sobran los controles, algunos fomentados por empresarios para preservar sus privilegios. El sistema de libre empresa apenas existe. Las deficiencias que se le atribuyen son el fruto de medidas gubernamentales que lo hacen inoperante. El gigantismo estatal estrangula el modelo, en beneficio algunas veces de pequeñas y privilegiadas elites empresariales que obstaculizan. En casi todo el continente, estos grupos han tenido mucho éxito en propiciar alianzas con la burocracia gubernamental, en franca conspiración contra los verdaderos intereses de sus naciones.

Si las oportunidades no son las mismas para todos los agentes económicos no podemos hablar de libertad económica. El inmenso poder discrecional de los funcionarios públicos, México, Brasil y Venezuela son casos icónicos ejemplos, ha dejado a esos países penosos legados de corrupción e ineficiencia, con un altísimo costo moral, social y económico, que se repiten como modelos en las demás naciones. Leer más de esta entrada

De patriotas y revolucionarios

Los controles oficiales concebidos teóricamente para garantizar suministros adecuados de productos básicos a la población, terminan erosionando los canales de comercialización y abastecimiento. No se trata de negar la importancia del papel del Gobierno en la vida de una nación.

El problema estriba que al trascender su presencia por encima de lo que dictan sus obligaciones constitucionales, los gobiernos descuidan sus tareas fundamentales y tenemos el caso patético de Venezuela. Y esto normalmente ocurre en detrimento de las propias responsabilidades adicionales que tratan de asumir. En definitiva  ni una cosa ni la otra.

Lo ideal serían gobiernos menos interventores, lo que sólo sería posible si llegaran a aceptar su carácter esencialmente normativo. Renunciando a la pretensión de controlar todo el cuerpo social y económico del país, los gobiernos podrían adquirir una mayor capacidad y eficiencia para  cumplir con sus funciones reales. Podrían dotar así al pueblo de los servicios que no han sido capaces de brindar en las áreas tan sensibles e importantes como la educación, la salud, el transporte, la agricultura, entre otras. Leer más de esta entrada

El excesivo papel del Estado

Si bien la falta de regulación originó el desorden financiero causante de las más recientes crisis globales, el exceso de ella puede provocar más daño a la economía. La desproporcionada intervención del Estado suele producir distorsiones capaces de paralizar el ritmo de crecimiento y obstaculizar las inversiones y el ingreso de capitales tan necesarios para impulsar el desarrollo, fomentar el empleo y combatir las consecuencias de la mala calidad del gasto público.

Existen muchas reservas sobre la tendencia, a conferirle al Estado un papel de mayor preponderancia en la vida económica de las naciones. La razón descansa en las penosas experiencias de ensayos pasados y presentes. Por acción de los gobiernos, en América Latina en muchos países el Estado dominicano ha crecido de forma brutal, al punto que interviene o husmea en la vida de cada ciudadano, de manera directa e indirecta, haciéndole la vida una carga muy difícil de sobrellevar. No existe en la mayoría de ellos, de hecho, una actividad social o económica de impacto que no esté de alguna forma ligada, atada, comprometida o asociada con el Estado, o paralizada por él. Leer más de esta entrada

La prensa no está libre de crítica

La prensa crítica ha jugado su papel en el desarrollo democrático del país. Esa es una realidad innegable, que no le puede ser regateada y que resiste cualquier análisis e interpretación histórica, por más prejuicios de que vaya revestida. Sin embargo, hay una debilidad estructural en ella estrechamente vinculada a su propio crecimiento y desarrollo.

El país despertó muy rápido a la democracia y de un largo período de tiranía y oscurantismo saltó a un régimen de libertades públicas y ejercicio democrático sin un paréntesis previo. De la nada surgieron decenas de medios que se llenaron de personas sin destrezas ni concepto de la responsabilidad que ese oficio conlleva. La necesidad creó profesionales y la especialidad dio paso a la improvisación. De ahí que muy buenos reporteros, con fama en la sociedad, escribieran haber sin “h”, acentuaran la palabra “dijeron” y pensaran con faltas de ortografía, las que afortunadamente no se ven en los programas de entrevistas y comentarios. Leer más de esta entrada

Por un poco de poesía en la política

Aunque dejé de interesarme por el género hace años, siempre he creído que las cosas mejorarían notablemente en el país si de vez en cuando en el ámbito de la política y en esferas del poder, sea en el gobierno como en la oposición, la voz de un poeta dejara escuchar su canto de esperanza. En lugar de tanto ruido y disonancia habría así reposo para el espíritu, suficiente tranquilidad y sosiego para hallar un camino adecuado, en medio del laberinto al que nos conducen las diferencias.

La añeja crudeza de nuestras realidades ha cercenado la imaginación, el toque mágico que tantas veces se precisa para encontrar fuera del quehacer político, sórdido e insensible, la llave de soluciones a los problemas del país. Y es que el defecto principal de los dirigentes nacionales es su incapacidad para encontrar en la belleza de la forma un método de acción político y aceptarlo como una fórmula viable. Prefieren el sistema directo y franco de la ofensa y la brusquedad. Tal vez pudieran aprender de aquel que tanto denostaron y que hace años, ante la estatua de un poeta en el acto inaugural de una plaza, en medio del trajinar cotidiano de la Presidencia, fue capaz de encontrar la siguiente inspiración: Leer más de esta entrada

El pesimismo dominicano

Los dominicanos nos estamos volviendo en extremo pesimistas. Vamos en camino de perder la fe en el futuro y en nuestras propias capacidades para enfrentar los desafíos que la dura realidad impone. Y aunque no es justo generalizar, se puede ver por todas partes. El empresario próspero habla de lo mal que le va en el negocio. El profesional de clase media se queja de que los ingresos no le alcanzan. Las jóvenes parejas no se casan porque temen que la falta de oportunidades les impida educar correctamente a sus hijos.

Entiendo que existen razones que conducen a ese estado de ánimo casi colectivo. Pero si no cambiamos de actitud jamás podremos conseguir todo lo que el potencial nacional permite. Estaremos tan mal como pensemos. Y mientras mayor sea el nivel de derrotismo, peores serán los resultados de nuestros esfuerzos como nación.

No intento desconocer la desconsoladora situación que confrontamos y el hecho de que en muchos aspectos de la realidad social retrocedemos en lugar de dar pasos hacia delante.
Pero todo en la vida es cuestión de actitud. Leer más de esta entrada

El secreto que duró 30 años

Hasta la publicación en 1991 de mi obra Los últimos días de la era de Trujillo, se desconocía el lugar donde permaneciera oculto durante seis meses el después mayor general Antonio Imbert Barreras tras el asesinato de Trujillo, ocurrido treinta años antes. Imbert se refugió en la residencia de los cónsules italianos, los esposos Mario y Dirse Cavagliano, quienes antes habían también arriesgado sus vidas y las de sus hijos ocultando a Guido D’Alessandro (Yuyo), a quien ayudaron incluso a salir del país disfrazado de turista en un buque de pasajeros.

Imbert llegó a la casa de los Cavagliano dos días después del tiranicidio, eludiendo la represión que se había desatado contra los responsables de la muerte de Trujillo. Temiendo ser descubierto, esa misma noche dictó una carta narrando la forma en que habían consumado el hecho. Liliana, la hija de Mario y Dirse, pasó a máquina el dictado que luego firmó Imbert. Días después, Mario aprovechó que Armando D’Alessandro, hermano de Yuyo, fuera excarcelado por gestiones de la OEA, para visitarlo en su residencia ubicada en las cercanías del Palacio Nacional para entregarle el documento. Leer más de esta entrada