El oficio de columnista

Fuera Oscar Wilde o José María Vargas Vila, escribo de memoria, quien dijera que es “más fácil esclavizar el alma de un hombre libre que liberar la de un esclavo”, poco importa para los fines de esta entrega, porque la obligación de redactar una columna diaria puede ser una forma benigna de esclavitud de la que no he podido liberarme por dos o tres semanas para irme de vacaciones.
El oficio de columnista no es tan difícil, pero tampoco fácil como parece, especialmente si se hace a diario, como he venido haciendo desde septiembre de 1978, porque se tocan muchos callos y se corre el riesgo de lastimar a gente a quien se quiere y admira. En los 41 años y cuatro meses como columnista he publicado alrededor de 14,000 artículos, la mayoría de ellos críticos del poder y de denuncias sobre malas actuaciones en el sector público y el único mérito que reclamo por el esfuerzo es el no haber incurrido en un desatino que motivara alguna demanda, como ocurre a menudo en nuestro ambiente político y social contra colegas de más talento.

También me ufano de haber observado las reglas del buen decir en todo ese largo trayecto y sólo en una oportunidad me pararon un artículo. Ocurrió durante la administración de Jorge Blanco. El Caribe no salía los domingos y el sábado Germán Ornes detuvo su publicación. En la redacción al día siguiente, momentos antes de retirarse, Ornes me entregó la columna sin ninguna corrección para que se usara en la edición del lunes y sólo me pidió que la leyera de nuevo. Tras hacerlo la rompí y corrí a mi escritorio a redactar una nueva. Leer más de esta entrada

Una conversación con Bosch

Mientras trabajaba en la investigación del libro “El golpe de Estado: Historia del derrocamiento de Juan Bosch”, tuve la oportunidad de entrevistar varias veces al líder del PLD, en la sencilla residencia donde entonces residía, en la calle César Nicolás Penson. Una de esas entrevistas fue grabada en video. En una oportunidad, entre finales de 1992 y comienzos del año siguiente, la conversación entró en un plano que nada tenía que ver con el propósito de mi investigación. Bosch me habló esa vez con entusiasmo de uno de sus temas favoritos: el de la desigualdad social, muy frecuente en sus alocuciones radiales a través del programa de su partido.

Durante su abortada presidencia, me comentó, sus esfuerzos por reducir la brega social habían tropezado con la avaricia de las élites y la incomprensión existente entonces sobre la esencia de una verdadera democracia y la importancia de reducir los niveles de pobreza, como la vía más idónea y segura para impulsar el desarrollo y la paz y tranquilidad de la República. Aunque no fueron esas necesariamente sus palabras, eran sí el sentido de lo que él me transmitía. Leer más de esta entrada

Cuando el desorden conviene

Muchas de las organizaciones creadas alrededor de actividades esenciales como la educación y la salud, se creen sin la obligación de contribuir a los esfuerzos para mejorar la calidad de esos servicios. Y no creo que puedan mostrarle al país muestras de su empeño para impulsarlos. Todo lo que hemos presenciado es una persistente tarea de parte de algunas de esas entidades para evitar cambios, a fin de que las cosas se mantengan igual. El desorden permanente es lo que les permite seguir haciendo lo que hasta ahora han estado haciendo.

Llegará un día, espero no muy lejano, en que la sociedad cuestionará su pasividad ante esos hechos y exigirá lo que hace tiempo debimos haber reclamado. ¿Piensan los directivos de la Asociación de Profesores (ADP) que el desorden y la mala calidad de la enseñanza pública que hemos venido arrastrando les son totalmente ajenos? ¿Creen acaso que en el esfuerzo dirigido a mejorar el nivel de la escuela pública e igualarla con la de la privada no le corresponde responsabilidad alguna? Porque todo lo que vemos de ese sindicato parece dirigido a obstaculizar el empeño, con una negativa evidente de boicotear o abstenerse de colaborar con el ministerio en esa tarea. Leer más de esta entrada

Cuando el desorden conviene

Muchas de las organizaciones creadas alrededor de actividades esenciales como la educación y la salud, se creen sin la obligación de contribuir a los esfuerzos para mejorar la calidad de esos servicios. Y no creo que puedan mostrarle al país muestras de su empeño para impulsarlos. Todo lo que hemos presenciado es una persistente tarea de parte de algunas de esas entidades para evitar cambios, a fin de que las cosas se mantengan igual. El desorden permanente es lo que les permite seguir haciendo lo que hasta ahora han estado haciendo.

Llegará un día, espero no muy lejano, en que la sociedad cuestionará su pasividad ante esos hechos y exigirá lo que hace tiempo debimos haber reclamado. ¿Piensan los directivos de la Asociación de Profesores (ADP) que el desorden y la mala calidad de la enseñanza pública que hemos venido arrastrando les son totalmente ajenos? ¿Creen acaso que en el esfuerzo dirigido a mejorar el nivel de la escuela pública e igualarla con la de la privada no le corresponde responsabilidad alguna? Porque todo lo que vemos de ese sindicato parece dirigido a obstaculizar el empeño, con una negativa evidente de boicotear o abstenerse de colaborar con el ministerio en esa tarea. Leer más de esta entrada

La llamada “ideología de género”

Que me excusen los que pudieran sentirse ofendidos, pero creo que este asunto de la ideología de género ha llegado demasiado lejos. Imagínense que una tarde, al regreso de la escuela, un hijo de seis u ocho años les diga a sus padres que su nombre no es Juan, sino Verónica, o al revés si se tratara de una niña, porque el profesor les enseña que la identidad sexual no proviene de las características biológicas con que se nace. Según esa “ideología”, la condición de hembra o varón es el fruto de la cultura, de una tradición que no es más que el resultado de un contrato social, de la que proviene la raíz de la desigualdad de género que la ideología pretende superar.

No es imaginación. Eso ya ocurre en España y en otros países europeos. En Madrid, no hace mucho, la Alcaldía de la comunidad se incautó y prohibió la circulación de un autobús por un letrero que rezaba: “Las niñas tienen vagina y los niños tienen pene”, porque ofendía a los promotores de esa ideología y protectores de los colectivos LGTB, para quienes lo correcto es que también “las niñas tienen penes y los niños vagina”. Leer más de esta entrada

De Víctor Hugo a Giuseppe Verdi

Pocas composiciones despiertan el entusiasmo de los aficionados a la ópera como Rigoletto, el drama de venganza, amor filial, pasión y engaño en tres actos de Giuseppe Verdi (1813-1901). Para muchos verdianos el momento más emocionante se da en el acto final en el que el Duque de Mantua interpreta la famosa aria para tenor La donna é mobile a la que sigue el no menos famoso cuarteto Bella figlia dell amore.

Los entendidos consideran esta ópera, estrenada en 1851, como una excepcional e inigualable obra maestra, y al compositor como genuino exponente del tránsito entre el bel canto de Rossini, Donizetti y Bellini, y la corriente verista y Puccini.

Lo fascinante de este cuarteto es que el tenor debe cantar todo el tiempo en registro agudo y mantenerse así por encima de las otras tres voces de barítono (el jorobado bufón Rigoletto, protagonista del drama), soprano (Gilda, su hija) y contralto (Maddalena). La pieza es una de las más celebradas del reportorio verdiano, debido a que esas cuatro voces se fusionan excepcionalmente al final de la melodía hasta formar un todo pleno de fuerza sobrecogedora. Leer más de esta entrada

El desafío del futuro

Necesitamos definir lo que queremos ser y cómo deseamos vernos dentro de quince o cincuenta años. Tal esfuerzo no corresponde a una administración ni mucho menos a una fuerza política. Se trata de un ejercicio de conjugación de voluntades, por encima de toda confrontación o prejuicio partidista. Si las diferencias prosiguen obstaculizando la búsqueda de ese objetivo común inaplazable, las posibilidades de un futuro promisorio serán escasas.

En sociedades democráticas las disparidades de criterio enriquecen el debate y ayudan a encontrar senderos seguros hacia el desarrollo y el fortalecimiento institucional. La imperiosa necesidad de encontrar vías de consenso para enfrentar los desafíos del porvenir de manera alguna significa una renuncia a esas diferencias. Una cosa es la diversidad de opinión, que es la esencia misma de una sana práctica democrática, a la rencilla que ha caracterizado el juego político en el país. El país ha encontrado siempre, aún en los momentos más trágicos de su historia, fuerza suficiente para salir airoso de las situaciones más difíciles. Leer más de esta entrada

Entre la lógica aristotélica y la leonelística

En su obra Crítica de la razón pura, Enmanuel Kant nos dice que la lógica no retrocedió desde la época de Aristóteles y a pesar de que muchos académicos sostienen que el legado del filósofo griego solo sirve como referencia histórica tras la llegada de la lógica matemática, el modelo de razonamiento aristotélico sirve todavía para cuestionar los modelos de argumentación (afirmación, negación) y cobra validez en el impasse que estamos atravesando por la resistencia del expresidente Leonel Fernández a aceptar los resultados de las primarias del partido que él preside.

Aristóteles planteó que los argumentos se componen de juicios; oraciones con un sujeto y un predicado, con el cual se afirma o se niega el sujeto. No puedo perder las elecciones, ha dicho Fernández. Ese es un juicio o afirmación al que los resultados de las primarias han opuesto una negación, realidad que Fernández se niega a aceptar. En la lógica aristotélica cabe suponer que nadie tiene la victoria antes de que se produzca, lo que a él, Fernández, le sería fácil entender. Leer más de esta entrada