La ley que necesitamos

Necesitamos una ley que nos obligue a escuchar cada mañana y antes de acostarnos, el Concierto en Do mayor para flauta y arpa de Juan Crisostomos Wolfang Amadeus Mozart, para ver si logramos calmarnos y discutir con la serenidad que la nación necesita los asuntos más urgentes. Por ejemplo, los pactos eléctrico y fiscal, establecidos en la Estrategia Nacional de Desarrollo, que trazó el camino de la nación hacia el futuro.

Si la magia espiritual de esa obra majestuosa no nos fuera suficiente, y el segundo movimiento, Andantino, no surtiera en algunos el efecto tranquilizador requerido, la ley debería declararlos “casos perdidos”, con lo cual nuestro país comenzaría, ¡por fin! a tomar al toro por los cuernos.

Tal vez una ley así nunca sería aprobada porque en su discusión se tendría la necesidad de ver de qué se trata y me temo que Mozart sería demasiado castigo para oídos acostumbrados al ruido que ensordece en la búsqueda de solución a los problemas nacionales aún pendientes. Leer más de esta entrada

Los desafíos del próximo Presidente

Algunos aspirantes a la presidencia ignoran lo que les espera si llegaran a conseguirla. Tendrían que lidiar con desafíos para los que no están probablemente preparados, incluso aquellos que ya ejercieron el cargo. Hasta la actual administración no existían normas de control para el manejo de los recursos públicos, por lo menos en la cantidad y con el rigor de los establecidos en el presente mandato. Los gobernantes anteriores jamás imaginaron lo que sería tratar con las redes. Ya no existen los contratos de grado a grado y quienes evaden la restricción se exponen a verse ante la justicia. Esa es una realidad, a despecho de que la justicia no funcione y los controles se pasen por alto.

La sociedad civil ha reducido el papel de los partidos, más enfrascados en las luchas grupales que atendiendo sus obligaciones de contribuir a hacer funcionar los poderes y lograr que el Congreso apruebe las leyes esenciales. Eso dificultará los arreglos de conveniencia. En los últimos meses no se ha aprobado ninguna de las leyes importantes pendientes, después de los casos , casi patéticos, de las relacionadas con la de los partidos políticos y la electoral, la primera de ella después de casi 15 años de dilación. Leer más de esta entrada

A pesar del pesimismo…

Un rasgo muy particular del pesimismo dominicano es creer que todo anda mal incluso en los mejores momentos. Por eso se oyen tantas quejas sobre la marcha de la economía y la situación del país en especial. Cuando se le pregunta a un empresario próspero como se encuentran sus negocios, por lo regular responde:” más o menos”. Y ni hablar de lo que les diría cualquier hombre de la calle. Admito que algunas cosas marchan mal y otras muchas muy mal probablemente. Que no hay una justicia confiable ni respeto por la ley. Pero de ahí a pretender que la nación no avanza poco ayuda al esfuerzo público y privado de ensanchar las perspectivas nacionales.

Lo cierto es que en comparación con la generalidad de los países sobre los cuales tenemos cotidiana información, vivir en el nuestro es un privilegio. Escuché a un político muy conocido por lo sombrío de sus predicciones, protestar en la radio que la república está jodida. Leer más de esta entrada

El arte de la negociación

Un mérito de monseñor Agripino Núñez Collado como mediador fue lograr que las partes no se retiraran al primer desacuerdo. La costumbre ha sido siempre sentarse en la mesa de negociación, no a la mesa, con la concebida idea de obstaculizar un acuerdo. El clima ideal se da cuando se admite que nadie tiene toda la razón. Sólo así es posible arribar al lugar deseado. La sabiduría del prelado consistió en bajarlos a la mesa y colocarlos en ese punto de partida.

Cuando el propósito es evitar un arreglo, las exigencias se formulan para dejar al contrario sin opciones. En muchas ocasiones, a las demandas de carácter social al gobierno de turno, además del arreglo de las calles, el mejoramiento de las redes eléctricas, el suministro de agua potable y la recogida de basura, se añadían el retiro de las tropas de Estados Unidos en el exterior, la excarcelación de los palestinos de las cárceles de Israel, el fin del “bloqueo” a Cuba y otras exigencias ajenas a la
voluntad y decisión de la autoridad local. Leer más de esta entrada

¡Hasta cien barriles de estiércol! (2 de 2)

A los presidentes de los países democráticos, como es el caso nuestro, se les exige una tolerancia extrema y es obvio que el sistema no funcionaría si ella no se diera en la medida que se le reclama. Y lo cierto es que “los cien barriles de m…..”, que un mandatario autoritario como lo era Balaguer debía tragarse casi a diario, era y sigue siendo el fundamento básico y la más firme garantía de un estado de derecho y respeto a las ideas ajenas, sin los cuales es imposible imaginarse el juego político democrático.

Lo que a muchos cuesta imaginar es que frecuentemente la tolerancia que exigimos al gobierno y a sus funcionarios es mucho mayor de la que normalmente se les pide, si es que se les pide, a los demás actores políticos, como a la dirigencia sindical, a los líderes empresariales y, por supuesto, a la alta dirigencia de los partidos. Un Presidente no puede ni debe mostrar públicamente su enojo por un editorial, no importa de qué se le acuse, a menos que no esté dispuesto a pagar el precio de su disgusto, lo que a menudo trae severas consecuencias en términos de popularidad y credibilidad.

No importa que al frente de la casa de gobierno se le grite corrupto, ladrón y hasta asesino, obligándose a guardar la compostura y tragarse cuanto escuche o lea, a despecho de que lo sea o no. Leer más de esta entrada

¡Hasta cien barriles de estiércol! (1 de 2)

Es la intriga interna lo que mina la estabilidad de un gobierno. A finales de los ochenta  entrevisté varias veces al presidente Balaguer en la investigación de obras sobre Trujillo. En una de ellas, la cita me fue concedida semanas después. Al terminar la entrevista me percaté que su interés al recibirme poco tenía que ver con el mío cuando preguntó sobre Carlos Morales, Vicepresidente de la República. Morales tenía unas dos semanas que no iba a su despacho enfadado por las intrigas del cerrado anillo que rodeaba al Presidente, lo que daba la impresión de haber caído en desagracia. Yo estaba al tanto de su enojo desde el día en que salimos al balcón para eludir las escuchas colocadas por todas partes en su oficina.

Yo le respondí al Presidente que tenía tiempo que no veía a Morales y que de hecho desde mi renuncia como director de CORDE meses atrás, apenas nos reuníamos. Me preguntó si era que algo le molestaba, lo que me convenció de que su propósito era indagar, o confirmar probablemente, las razones personales del alejamiento de su Vicepresidente. Me aventuré a decirle que el disgusto parecía ser su resistencia a tolerar la dosis que en Palacio le estaban dando. Balaguer sonrió inquiriendo de qué medicina se trataba. Leer más de esta entrada

Un desafío a la razón y a la historia

Cuando Leonel Fernández asumió la Presidencia, en agosto de 1996, mis dos nietas no habían nacido. En el 2020 cuando intenta volver al poder, la mayor estará en su tercer año de carrera y la segunda entrará a la universidad. La pretensión de quien ha sido tres veces presidente desafía las leyes del tiempo y de la historia. El país quedaría congelado en el pasado, víctima de la ambición de un liderazgo mesiánico resistido a aceptar que todo en la vida tiene fin y que la inmortalidad es uno de los tantos mitos que el narcisismo y la excesiva autovaloración generan.

En mayo del 2020, cuando nos toque nuevamente acudir a las urnas, cientos de miles de electores, talvez dos o tres millones en condiciones de ejercer el sufragio, no existían cuando el señor Fernández se ciñó por primera vez la banda presidencial. ¿Puede una nación moverse hacia el futuro quedándose en el pasado? ¿Podría hacerse en un cuarto mandato, 24 años después de inaugurarse en el cargo, lo que no se hizo o dejó de hacerse en tres anteriores? Y peor aún, quién o qué le garantizaría a la República que no se repetirían los hechos que la permisividad permitió en todos esos años. Leer más de esta entrada

Un error de percepción

Nadie es tan ingenuo para pretender que vivimos en un paraíso. Pero empecinarse en restarle méritos a cuanto hace el gobierno, como si todo fuera negativo, es un error común a la oposición. Esa actitud le quita a los partidos opositores el respaldo y la simpatía de aquellos sectores beneficiarios de muchos de los planes de carácter social que han sido puestos en marcha por la administración. Me refiero, entre otros, a la construcción de escuelas y la tanda extendida, las carreteras y puentes, las estancias infantiles y las llamadas “visitas sorpresa”, de un gran valor intangible, tan importante o más que los aportes materiales que ellas llevan a grupos de productores de las comunidades visitadas.

Muchos dirigentes políticos yerran al creer que el país que conocen en sus recorridos de campaña es el mismo que encontrarán en el Palacio Nacional. Bajo esa creencia, critican programas que la condicionante realidad les obligaría a mantener y profundizar si alcanzaran el poder.

Las encuestas, aún las más críticas, dicen que más de la mitad de la población está conforme con el estilo de gobierno del presidente Medina. Eso hace a muchos dominicanos, dentro y fuera de la nómina estatal, sentirse a gusto e incluso orgullosos de formar parte del gobierno. Leer más de esta entrada