Un sistema simplemente monstruoso
20 noviembre, 2020 Deja un comentario

Para que se tenga una idea de la monstruosidad de nuestra práctica política clientelar, sería suficiente irnos a Francia. Como todos sabemos, el país galo es la segunda economía europea, después de Alemania, es miembro del llamado Grupo de los Siete, que reúne a las naciones más desarrolladas del mundo, y posee su propio arsenal nuclear. Lo habitaban 65.7 millones de personas, según cifras del 2002, y su extensión territorial es de 674,843 kilómetros cuadrados, es decir, seis veces la población dominicana y catorce veces la superficie nacional.
En ese país, cuna de ilustres pensadores y artistas, el tope del gasto en campaña presidencial era de 22 millones de euros, unos 25 millones de dólares, equivalentes a unos 1,087 millones de pesos dominicanos, mucho menos de lo que los 32 senadores de esta economía caribeña se engullen en menos de cuatro años en barrilitos y bonos con motivo de la Navidad, los Reyes, el día de las Madres y otras celebraciones en las que la voracidad de nuestros honorables legisladores hacen cada año su agosto, sin contar, por supuesto, los añadidos que a esa fiesta permanente del desorden, la falta de transparencia y el irrespeto a la legalidad representan en probablemente mayor proporción los 190 diputados de la hipertrofiada Cámara Baja.

