Una esencial tarea de la escuela

Cuando el país asuma seriamente la educación como una prioridad, tarea todavía pendiente, el sistema escolar deberá enfatizar en la necesidad de que los estudiantes mejoren su dicción y aprendan a hablar bien su idioma, el español. Muchos de los problemas que técnicos y profesionales confrontan en el mercado laboral se relacionan con su incapacidad para expresarse correctamente, en especial en los casos en que el lenguaje juega un papel fundamental en el ejercicio de una profesión o un oficio.

Hablar con propiedad es un atributo que se aprende a temprana edad. Y enseñarlo adecuadamente es una tarea primordial de la escuela, desde que se ingresa a ella, porque el regionalismo insular en el habla crea vicios imposibles de superar cuando se alcanza cierta edad. Incluso es preocupante escuchar a muy buenos estudiantes de colegios muy acreditados, excelentes por ejemplo en ciencias y matemáticas, pero penosamente cortos en el hablar.

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La explicación del desorden

Me excusan si el título no corresponde al significado del dicho, “Atento a mí”, que describe uno de los comportamientos más típicos del irrespeto a las leyes y las normas civilizadas que explican muchos de los vicios que se observan en el diario vivir, tanto en la esfera pública como en la privada.

Se alcanza a entender a través de esa expresión la inobservancia de las obligaciones que muchos han asumido al ocupar cargos públicos, por elección o designación del Ejecutivo, cuando llegan tarde e incurren en otras violaciones a sus deberes en el cargo “atento” a él. Y no actúan tampoco con la transparencia y honradez requeridas por la misma razón.

Los ciudadanos comunes se pasan la luz roja “atento a mí” y no toman en cuenta la señal de una vía, no sólo cuando no ven a un policía, sino porque se creen con el derecho de hacerlo, algo que por supuesto les niegan a los demás.

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Los Catón de las redes

Las redes han reivindicado el derecho al mal gusto y abierto un enorme espacio a la mediocridad, la que se expresa a diario y a borbotones con la soberbia y el atrevimiento propios de la ignorancia. Hay ahí una minoría que se cree, por el hecho de tener un espacio en Twitter, con la autoridad para juzgar las posiciones e ideas de terceros, como si fueran jueces y fiscales. Los Catón del siglo XXI, sin el talento de aquél militar, brillante escritor y político romano que hizo de la censura un muro de defensa de las tradiciones romanas frente a las influencias helenísticas procedentes de Oriente. Entusiastas de su intolerancia e incapaces de convivir con criterios que no sean los suyos, sin estar conscientes del flaco servicio que se prestan a sí mismos.

Con todo el daño que le hacen a la convivencia democrática, esta gente parece ser feliz en la oscuridad en que se mueven. No aportan nada al debate de los problemas. Están en las redes con el solo propósito de juzgar lo que no entienden. Navegan en las aguas del más pernicioso de los radicalismos. El más improductivo. El que no se sustenta en nada. Les basta y se bastan a sí mismo con la descalificación.

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La exaltación de antivalores

Cuando el presidente Luis Abinader escribió en su cuenta de Twitter una felicitación al cantante de música urbana conocido como El Alfa, por su presentación a casa llena en el Madison Square Garden de Nueva York, pensé que se trataba de un error inducido. Y creí que el mensaje sería inmediatamente borrado. No sé si me equivoqué en mi apreciación aunque ignoro si el mensaje fue borrado, por lo menos en las horas siguientes.

El texto presidencial exaltaba al artista como un modelo de éxito, al calificarlo como ejemplo y “orgullo” de la dominicanidad, o algo parecido. Estoy totalmente seguro que ese no es el criterio del presidente y que sus valores riñen con los del cantante, un título que tantos buenos artistas de la voz se han justamente ganado.
Eso me hace suponer, y espero no haber llegado a falsas conclusiones, que el texto le fue sugerido, para aprovechar políticamente la popularidad del popular personaje.

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La nefasta longevidad del poder

A medida que envejecen, los gobiernos fuertes se convierten en dictaduras que al final se resisten a morir, con la secuela que ese apego al poder les deja a los pueblos. Corea del Norte les gana a todos. La dinastía Kim (padre, hijo y nieto) rige con mano férrea a esa nación asiática desde 1948. En el segundo lustro de la última década del siglo pasado (entre 1995 y 1998) hubo allí una prolongada hambruna en la que murieron casi tres millones de personas. Las estadísticas oficiales solo reconocen la muerte de más de 200 mil. La ayuda internacional, proveniente de las naciones capitalistas, ayudó a Corea del Norte a paliar las penosas consecuencias de esa falta de alimentos y quiebra de la economía.

La tiranía de los Castro en Cuba le sigue en edad. Es la más longeva e ineficiente de los gobiernos que han padecido los países del hemisferio. Tras una guerra de guerrillas de tres años, Fidel Castro asumió en enero de 1959 el control total de la isla. Seis décadas después el resultado es un país muy rezagado, con índices económicos y atrasos tecnológicos considerables en relación con otros países de la subregión a los que superaba antes del triunfo de la revolución.

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El mal empleo oficial del “contrapunto”

A mediados del siglo XIV, los grandes compositores europeos introdujeron en sus partituras el “contrapunto”, una técnica para hacer más variada y vivaz sus obras. La novedad muy pronto se hizo una práctica habitual que alcanzó su pleno desarrollo en el Renacimiento extendiéndose hasta nuestros días. Se la define como una técnica de improvisación y composición musical que trata la relación entre dos o más voces independientes, con el propósito de conseguir un apreciado nivel de equilibrio armónico. Desde entonces, son contadas las obras de compositores occidentales en las que no figure esa técnica.

Entre muchos ejemplos conocidos, tal vez los más famosos entre nosotros sean el cuarteto del acto final de Rigoletto, de Verdi, basado en un drama de Víctor Hugo, y la escena con que Puccini baja el telón para cerrar el primer acto de Turandot, obra que no alcanzó a terminar, según sus biógrafos.

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El responsable ejercicio de la libertad

El ejercicio de la libertad requiere de los ciudadanos un alto nivel de responsabilidad y de civismo y la inobservancia de esos principios básicos terminará erosionando el clima democrático. Muchos dominicanos confunden su derecho legítimo a la protesta con el supuesto derecho a irrespetar las leyes, desconocer la autoridad y hacer uso de la violencia para canalizar inquietudes o defender sus intereses particulares o de grupos. La arrogancia de esos grupos llega al extremo de pretender de los demás el endoso como borregos de sus actuaciones y, peor aún, de adueñarse de la facultad de juzgarlos sumariamente.

Bajo cualquier pretexto, los gremios sindicales y profesionales faltan a su obligación al dejar sin servicio a quienes están en el deber de atender, para asaltar las calles en demandas de todo tipo, irónicamente en menoscabo muchas veces del alcance de sus propios reclamos y en desconocimiento casi siempre de los derechos de los demás. Se han dado casos muy emblemáticos de esa carencia de responsabilidad ciudadana. Por ejemplo, los ocurridos en zonas turísticas. En repetidas ocasiones, los reclamos han llegado a crear en esos lugares ambientes de intimidación incluso entre los propios turistas, con un impacto muy negativo para el sector y en especial para quienes viven y se benefician de la actividad, entre los que paradójicamente suelen encontrarse los manifestantes.

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Reflexiones sobre el concepto de equidad

La justa lucha de las mujeres por la equidad de género en la política, plantea interrogantes que deben ser discutidas en el plano de igualdad que ellas merecen. Por ejemplo, ¿qué sería del debate nacional, ya aburrido y gris, si por prejuicios de la era moderna nos viéramos obligados a renunciar al sarcasmo y la ironía en la discusión de los problemas nacionales?

Lo primero es que esa discusión carecería de todo sentido, por su falta de contenido y elegancia. Y lo segundo, peor aún, sería la imposibilidad de una discusión pareja en el ámbito mediático. Vayamos al grano. Supongamos que las elecciones se limitaran a la confrontación de dos candidatos, uno de los cuales fuera una mujer.

¿Qué sucedería, fuera cierto o no, si el varón dijera públicamente que su oponente, la mujer, es una incompetente, desconocedora de la realidad del país, e ignorante de los asuntos de Estado, sin capacidad alguna para manejar la crisis por la que atraviesa la nación?, un discurso típico en la política dominicana. ¿Cómo lo tratarían los medios? ¿Y cuál sería el caso si ese mismo tono viniera de la candidata contra su oponente? ¿Tendría ella el beneficio de criticarle a su contrario lo que él no pudiera usar contra ella?

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