El abismo entre periodismo y literatura (5)

El periodismo literario es un excelente recurso para narrar historias humanas y relatar aquellas que contadas dentro de las normas de redacción de un periodismo esencialmente informativo, carecerían de sentido o serían incapaces de llamar la atención del lector. Obviamente, no podría hacerse en estos tiempos un buen periodismo, un periodismo de altura y calidad, prescindiendo de este nuevo género, que es el periodismo literario.

A partir del éxito de las ferias anuales del libro en nuestro país, evento sepultado desde el 2019, creció el interés entre periodistas e intelectuales dominicanos por la polémica antigua de cómo o cuándo una historia real puede ser convertida en ficción a través de una novela.

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El abismo entre periodismo y literatura (4)

En la actualidad, con el desarrollo de nuevos y sofisticados instrumentos de comunicación, en la era de la cibernética, algunas de las diferencias que separaban la literatura del periodismo han desaparecido o se han estrechado. Pero a todos los fines prácticos, todavía la ficción continúa siendo el alimento vital de la novela y la literatura y la pura narración de los hechos la esencia del periodismo.

Al contrario de los novelistas, que no tienen por qué serlos, los periodistas literarios deben de ser exactos. “A los personajes del periodismo literario se les debe dar vida en el papel, exactamente como en las novelas, pero sus sensaciones y momentos dramáticos tienen un poder especial porque sabemos que sus historias son verdaderas”, dice el académico norteamericano Norman Sims, quien sostiene que la calidad literaria de las obras provienen “del choque de mundos, de una confrontación con los símbolos de otra cultura real”.

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El abismo entre periodismo y literatura (3)

Se olvida frecuentemente que el periodismo es no sólo una fuente de entretenimiento, sino más bien de información y orientación, y, por ende, de educación. Por esa razón, la literatura ejerce en él una influencia positiva. Como en los diversos géneros literarios, los diarios y revistas deben de estar bien escritos porque, entre muchas otras razones, son de más fácil acceso al gran público.

Las crecientes exigencias de información sobre las más amplia gama de acontecimientos, plantean la necesidad de que los periodistas se esfuercen por mejorar sus técnicas de redacción, para decir más cosas con menos palabras, y en un lenguaje lo más próximo posible a la perfección.

Como en literatura, en el periodismo las ideas importan más que las palabras. Esto no significa un desprecio por el valor que el idioma pone a servicio del escritor o periodista para expresar esas ideas. Pero de nada valen las mejores palabras, si detrás de ellas no se ocultan o surgen buenas ideas.

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El abismo entre periodismo y literatura (2)

Otro prominente escritor latinoamericano, muy leído en la República Dominicana, el también Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, fue en sus inicios periodista y lo siguió siendo hasta su muerte. Sus novelas son fantásticas historias extraídas de la realidad, que su fértil imaginación hizo a hecho creíbles.

Existe una tendencia muy arraigada en la prensa de nuestros días a confundir los límites de la actividad literaria de las fronteras del periodismo. Es cierto que las páginas de un periódico o de una revista, y los espacios de radio y televisión, son excelentes vehículos de promoción de los géneros literarios. Más lo es aún el hecho de que todo buen periodismo, en cualquier parte, ha debido nutrirse de la más auténtica literatura y, por supuesto, de los más genuinos representantes de sus géneros.

Pero el periodismo en fondo y esencia es muy distinto de la literatura. Todo intento de hacer literatura a través del periodismo termina en el fracaso y no logra siquiera construir buenas lecturas periodísticas.

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El abismo entre periodismo y literatura (1)

Uno de los entretenimientos más antiguos alrededor del ejercicio del periodismo ha consistido en descifrar la relación que él tiene con la literatura. Grandes escritores y literatos han sido primero periodistas. Y casi todos han confesado alguna vez que la práctica del periodismo, en sus diversas modalidades, mejoró notablemente su habilidad para contar historias.

“Por quién doblan las campanas” de Ernest Hemingway, es sólo un ejemplo, tal vez de los más conocidos entre nosotros. Pero son incontables las grandes historias perpetuadas en la literatura universal nacidas de las experiencias vividas por sus autores como reporteros.

Algunos de nuestros mejores novelistas y literatos han salido de las redacciones de los medios de comunicación y continúan ejerciendo al mismo tiempo la profesión de periodistas. Incluso en la actualidad, muchos grandes novelistas e historiadores ejercen simultáneamente la profesión, ya sea como comentaristas, articulistas o corresponsales de prensa extranjera.

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Rigoletto, Verdi y Víctor Hugo

Muchas de las composiciones de Verdi fueron objeto de censura, y en el caso de una de sus más famosas, Rigoletto, basada en una novela de Víctor Hugo, cambió los nombres de los personajes para evitarla.

La ópera fue inspirada en Le roi s´samuse, del escritor francés, publicada en la tercera década del siglo XIX y que fue prohibida, porque ofendía a la nobleza de la época, durante los siguientes cincuenta años. Rigoletto forma parte de la famosa trilogía que completan La traviata y El trovador, con las que Verdi comenzó a alejarse de la tradición italiana del belcanto de mediados de ese siglo.

El compositor dijo las razones por la que Rigoletto solo tenía en sentido estricto una sola aria, no La donna é mobile, escrita apresuradamente para el tercer acto final, por las exigencias de un tenor que necesitaba con qué lucírsela. Quería que la obra fuera una serie interminable de dúos “porque estaba convencido” de que debía ser de ese modo.

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Sobre gasto y brecha social

Es cierto que el crecimiento sostenido de la economía durante tres décadas no ha reducido la brecha social existente en la medida en que el Producto Interno Bruto se ha expendido. Pero la única vía para lograrlo es a través del gasto público. Y un gasto público de calidad, del que tanto se habla, se refiere a la inversión en los ámbitos de la educación, la salud pública, el mejoramiento y ampliación de la red vial y, sobre todo, en los programas de carácter social en las zonas urbanas como en las rurales.

Ningún programa de política económica surte efectos duraderos de largo alcance en el corto plazo. Es un enfoque equivocado valorar su efectividad en base a los efectos inmediatos, porque la mentalidad nacional no se cambia o transforma de un año a otro y el alto contenido cultural de nuestra pobreza trasciende los límites de las carencias materiales. Para mejorar la educación no basta con las reformas curriculares. Es un largo proceso que involucra un cambio en la mentalidad del gobierno y del magisterio, más comprometido con sus reivindicaciones laborales que con sus obligaciones en las aulas. Mismo ocurre en el área de la salud, donde hay un visible esfuerzo por mejorar la planta física hospitalaria y las condiciones de los profesionales del área.

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El servicio de la deuda y el déficit fiscal

El crecimiento de la deuda debe ser, sin duda, un motivo de preocupación, pero el nivel que ella tiene en relación con el Producto Interno Bruto, alrededor de un 38%, es inferior al de la mayoría de las naciones latinoamericanas, ninguna de las cuales registra tasas de crecimiento económico superiores a la dominicana. De acuerdo con cifras de organismos internacionales, tanto regionales como mundiales, la deuda nacional es mucho más baja que la de México, Venezuela, Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Perú, Ecuador, Costa Rica y Uruguay, en monto y en relación con el tamaño de sus economías.

Naturalmente, esa realidad no es óbice para que el país pierda la perspectiva y se descontrole, porque una parte importante de sus ingresos se destinan ya al pago del servicio de la deuda. El caso es que el país ha podido mantenerla bajo control, mientras cumple con sus obligaciones honrándola. Mientras la presión tributaria se mantenga estática, apenas un 14%, el gasto tributario del gobierno represente cerca de un 6.5% del PIB, y la evasión siga siendo un histórico dolor de cabezas, tendrá que seguir financiándose en base a préstamos, so pena de paralizar el crecimiento y poner en riesgo la estabilidad macroeconómica, que ha sido la base de la estabilidad monetaria y de la paz social que indudablemente disfrutamos desde hace décadas.

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