La frase mágica del desorden

Me excusan si el título no corresponde al significado del dicho, “Atento a mí”, que describe uno de los comportamientos más típicos del irrespeto a las leyes y las normas civilizadas que explican muchos de los vicios que se observan en el diario vivir, tanto en la esfera pública como en la privada. Se alcanza a entender a través de esa expresión la inobservancia de las obligaciones que muchos han asumido al ocupar cargos públicos, por elección o designación del Ejecutivo, cuando llegan tarde e incurren en otras violaciones a sus deberes en el cargo “atento” a él. Y no actúan tampoco con la transparencia y honradez requeridas por la misma razón.

Los ciudadanos comunes se pasan la luz roja “atento a mí” y no toman en cuenta la señal de una vía, no sólo cuando no ven a un policía, sino porque se creen con el derecho de hacerlo, algo que por supuesto les niegan a los demás.

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Miremos el futuro, no el pasado

A despecho de las desavenencias partidistas, tenemos la necesidad de proponernos metas como nación y lograr un programa de acción que defina lo que queremos ser y cómo deseamos vernos dentro de quince, veinte y cincuenta años. Obviamente, tan grande esfuerzo no corresponde a una sola administración, ni mucho menos a una fuerza política. Se trata de un ejercicio de conjugación de voluntades, por encima de toda confrontación o prejuicio partidista o de cualquiera otra naturaleza.

Si permitimos que nuestras diferencias nos sigan distanciando en la búsqueda de ese objetivo común inaplazable, las posibilidades de un futuro promisorio serán escasas. En sociedades democráticas las disparidades de criterio, enriquecen el debate y ayudan a encontrar senderos seguros hacia el desarrollo y el fortalecimiento institucional.

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Verdi, Rigoletto y Víctor Hugo

Pocas composiciones despiertan el entusiasmo de los aficionados a la ópera como Rigoletto, el drama de venganza, amor filial, pasión y engaño en tres actos de Giuseppe Verdi (1813-1901).
Para muchos verdianos el momento más emocionante se da en el acto final en el que el Duque de Mantua interpreta la famosa aria para tenor La donna é mobile a la que sigue el no menos famoso cuarteto Bella figlia dell amore.

Los entendidos consideran esta ópera, estrenada en 1851, como una excepcional e inigualable obra maestra, y al compositor como genuino exponente del tránsito entre el bel canto de Rossini, Donizetti y Bellini, y la corriente verista y Puccini.

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La prioridad de prioridades

Con la pretendida finalidad de evitar roces e insultos en campaña electoral, organizaciones de la sociedad civil y la Iglesia católica llegaron a plantear la necesidad de dejar fuera del debate político algunos de los temas más importantes, uno de ellos el de la corrupción. Si bien el respeto que deben tenerse los candidatos y el liderazgo político es esencial a la buena y armoniosa marcha del proceso, tan buenos deseos pudieran echar a rodar la excepcional oportunidad de poner en claro en los próximos comicios la real dimensión del más grande problema de la nación.

Cuando en el país se habla de prioridades, saltan a relucir de inmediato los temas de la educación, la salud, el medio ambiente y la seguridad ciudadana. Pero muchas veces pasamos por alto que una de las causas del legendario fracaso nacional para alcanzar las metas anheladas en cada uno de esos sectores fundamentales, es la terrible y cada vez más intensa corrupción que corroe los cimientos de la sociedad y convierte a los gobiernos en instrumentos de enriquecimiento ilícito de los clanes en el poder. Todo eso nos enseña que a menos que se enfrente con energía ese cáncer social y se sancione severamente a los responsables, sin importar qué lugar ocupen en el gobierno, el Congreso, la Justicia, los medios y el sector privado, aquí no habrá buena educación ni servirá el 4% para el sector, los hospitales continuarán siendo almacenes de enfermos y seguirá haciéndose con el patrimonio público lo que siempre se ha hecho.

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El déficit y el pacto fiscal

Hay urgencias que dejan de serlo cuando las partes las echan a un lado. Sucedió con el famoso Pacto Fiscal, un mandato de la ley que creó la Estrategia Nacional de Desarrollo. El tema del déficit en las cuentas del Gobierno dominó la escena y es el nudo a desenredar para alcanzar ese objetivo. ¿Es ese déficit el problema básico de la economía; el trauma a superar para sanear la actividad productiva de la nación o podría en última instancia convivir con un alentador crecimiento del PIB sin erosionar las bases del desarrollo nacional?

La inquietud surge a propósito del déficit en las finanzas públicas del gigante petrolero Arabia Saudita provocado por el descenso en los precios del crudo, que en el 2015 alcanzó los 80,000 millones de euros (unos 100 mil millones de US$), mucho más que la suma anual de todos los bienes y servicios de la República Dominicana. Aunque resulte difícil imaginarlo, el déficit saudí creó desempleo y decenas de miles de trabajadores extranjeros tuvieron meses sin cobrar, en situación desesperante, según reseñara la prensa internacional. La razón de ese déficit estribaba en un descenso de los ingresos petroleros de un 41.2% de los ingresos públicos en el 2011 a un 14.2% en el 2016, según el FMI.

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La crisis de la escuela y el magisterio

Cuando nos preguntamos sobre la degradación observable en amplias esferas y actividades de la vida nacional, terminamos simplificando el problema mirando solo hacia el gobierno. La verdad es que el tema no es tan sencillo. Un enfoque más realista y sin prejuicio nos llevaría rápidamente a conclusiones más cercanas a la realidad en que vivimos.

Pongamos, por ejemplo, lo que la generalidad considera como la primera de nuestras muchas prioridades: el sistema educativo. En esa área fue notable el esfuerzo de la administración de Danilo Medina para mejorar la enseñanza pública y acercarla a la calidad que se le reconoce a la enseñanza privada, a pesar de que sabemos que no todos los colegios pasarían la prueba. Pero la educación es una tarea tan compleja y de tan largo alcance que reclama un compromiso colectivo, en el que el magisterio debe jugar un rol determinante. El gobierno podrá aportar cuantos recursos demande el mejoramiento del sistema, pero al final corresponde al maestro hacer que la inversión rinda sus frutos.

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Un explosivo de mecha corta

La preocupación expresada en las redes y en los medios por ciudadanos de diferentes capas sociales, entre ellos dirigentes políticos y congresistas, ante la masiva y aparentemente creciente inmigración ilegal haitiana, no los hace xenófobos ni es indicio de una actitud colectiva racista. Aunque muchos han pretendido taparse los ojos ante esa realidad, lo cierto es que estamos ante un problema real y grave.

Esto no significa que menospreciemos la importancia que a través de los años esa inmigración, bajo cierto control, ha tenido para la economía y para el auge de ciertas actividades productivas. Ni tampoco que restemos trascendencia al valor que representa una buena y armoniosa relación comercial y diplomática sentada sobre bases claras y firmes, que eviten el contrabando y otras prácticas ilícitas muy propias entre países que comparten una frontera común. Pero la presencia cada vez mayor de ciudadanos haitianos sin los permisos legales de estadía o residencia, podría estar llegando a un nivel capaz de generar futuros conflictos en los que el país llevaría la peor parte en el campo internacional, como ya muchos suponemos.

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Datos para una Memoria no escrita

El clima de libertad se resquebraja cuando su defensa flaquea y los medios ceden a las presiones de los gobiernos por el control que ejercen a través de la publicidad, que mantiene o sepulta a muchos de ellos.

Por efecto de esas presiones, no siempre soterradas, a finales del 2011, a seis meses de las elecciones, terminó mi labor de comentarista en un canal de noticias y tiempo después en la entonces intervenida Zol 106.5, se me informó del cierre del programa con una nota de prensa de la que me enteré después de ser publicada.

Luego se le puso fin a mi programa Portada 15, con un aumento triple de la tarifa mensual que mi afortunado suplente estaba dispuesto a sufrir. Tan esmerada atención a mi labor les permitió a la autoridad de entonces, atribuirme el mérito de organizar, en mi propia casa, una conspiración con otros colegas para impedir, ¡cuán grande genio les parezco!, el triunfo electoral del oficialismo, obra de una dimensión antológica, en la que unas cuantas copas de vino, unos pedazos de pollo y unos bocadillos, hubieran superado uno de los mayores gastos que en campaña alguna se recuerde todavía.

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