La amenaza tras una precandidatura
17 septiembre, 2019 Deja un comentario
A ritmo de merengue y a pesar de la prohibición constitucional, el entonces presidente Leonel Fernández anunció en septiembre del 2014, una nueva candidatura para darle otra “pela” a la oposición en el 2016. La frase no sorprendió porque el señor Fernández es un político que nunca ha respetado a sus adversarios. Contrario a la imagen del “estadista” sosegado, que parecía musitar cuando hablaba en los foros internacionales y en sus contactos con la élite empresarial que todavía lo financia, su verdadera personalidad es la que exhibe ante las multitudes; cuando se contornea, baila y gesticula, embriagado por los aplausos que mitigan sus complejos.
Propinarles “pela” a los adversarios, así como encabezar una turba ante el Congreso, no parecen propios de un demócrata, ni tan extemporánea amenaza ayudaba entonces al desarrollo de una campaña decente y respetuosa, a la que todo candidato estaba obligado por respeto a los electores y al sistema. Con esa actitud, la zurra terminaría recibiéndola el proceso y aquellos que aún creemos en la importancia de los partidos.
La bipolaridad de quien ha sido ya tres veces presidente de la República queda al descubierto con esos esporádicos exabruptos; con su conocida arrogante negativa a discutir con sus contrarios los problemas nacionales, al considerarlos indignos, y sus despectivas referencias a aquél Congreso en control del perredeísmo al que llegó a calificar de arrabal, pese al apoyo que éste le prestó aprobándole todas sus leyes, préstamos y contratos.
La ambición del señor Fernández acabará con la tolerancia que caracteriza la democracia dominicana, porque si llegara ser candidato en octubre, su eventual cuarto ascenso a la cúspide del poder político acabaría toda posibilidad de discusión libre, y al igual que Trujillo y Balaguer, la presidencia, el poder, será su prioridad hasta el último día de su vida.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

