Prensa extranjera analiza seguridad periodista dominicano.

Por Jacqueline  Charles y Ezra Fieser/miamiherald.com

Santo Domingo.- Una borrosa foto en blanco y negro del padre de Nuria Piera cuelga sobre su escritorio en los estudios donde ella produce un programa investigativo semanal de noticias.

Piera tenía ocho años cuando José Enrique Piera, también periodista de televisión, fue asesinado en 1970. Mientras crecía, ella creía que su padre había sido una víctima de la violencia política de “ojo por ojo” que marcó aquella época. Pero, ya adulta, supo que su padre fue probablemente asesinado por exponer un negocio sucio de tierras que implicaba a funcionarios del gobierno supuestamente corruptos.

Más de tres décadas después del asesinato de su padre, Piera encara ahora amenazas de muerte contra su vida. Durante la campaña de las recientes elecciones presidenciales dominicanas, Piera informó que un influyente senador había supuestamente enviado millones en sobornos a políticos haitianos a cambio de millones en contratos para la reconstrucción después del terremoto. Días después de que el informe saliera al aire en abril, un senador dominicano anunció que se había enterado de un complot para matar a Piera.

Desde el momento en que el informe salió al aire y hasta las elecciones, Piera fue acompañada cotidianamente por guardaespaldas. Su hija tuvo escoltas armados en la escuela y en la casa.

Aunque Piera restó importancia a la amenaza, otros temían por su vida. Un grupo de periodistas la apoyó, pidiendo que las autoridades defendieran a los reporteros ante el peligro.

“Lo que hagan y lo que amenacen con hacer no me va a impedir que siga haciendo esto”, dijo Piera en una entrevista reciente con The Miami Herald. “No me asustan”.

Sin embargo, como el incidente dejó en claro, la práctica de periodismo de investigación aquí no es mucho más segura de lo que era cuando el padre de Piera fue asesinado. Periodistas y defensores de la libertad de prensa dijeron que las arcaicas leyes sobre difamación, las amenazas de violencia o de muerte, y la falta de independencia, atentan contra la libertad periodística en República Dominicana.

Los reporteros de otros países latinoamericanos, como México, están en peligro mucho más grave que los que trabajan en República Dominicana. Pero organizaciones por la libertad de prensa dijeron que están preocupadas por una reciente ofensiva contra los periodistas.

“Hasta el año pasado, la situación en República Dominicana para los periodistas había estado bien”, dijo Mariela Hoyer, asesora de prensa de la libertad para América Latina y el Caribe del Instituto Internacional de Prensa (IPI), con sede en Viena. “En el último año, se ha vuelto mucho peor”.

En agosto, el periodista de televisión José Silvestre fue secuestrado y asesinado después de informar sobre el narcotráfico y sus presuntos vínculos con hombres de negocios en la ciudad oriental de La Romana. El cuerpo de Silvestre fue descubierto con dos heridas de bala en el abdomen. La policía arrestó a cinco hombres.

El temor al procesamiento penal es a menudo un elemento de mayor de disuasión que las amenazas de muerte. Al igual que muchos otros países de América Latina y el Caribe, República Dominicana cuenta con leyes penales sobre difamación en virtud de las cuales los periodistas culpables de difamación o de calumnia pueden recibir penas de cárcel y fuertes sanciones económicas.

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