Una lejana oportunidad perdida
11 enero, 2021 Deja un comentario
En el ajedrez, como en la vida y en la política, se presentan oportunidades que en la generalidad de los casos no vuelven a repetirse. Las he visto pasar en infinidad de veces. Llegan con un sonido apenas perceptible o con un ruidoso toque de tambor. En las XVI Olimpiadas Mundiales de Ajedrez, celebradas en el verano de 1964 en Tel Aviv, enfrenté una de ellas. Jugábamos contra Grecia y en mi encuentro contra el maestro Hadziotis, se presentó la posición que ilustra el diagrama. Las negras atan mi dama a la defensa de la casilla g2 y amenazan Ra8 seguido de f5. Medité más de media hora mi siguiente jugada y anoté: 30.Rb:b5!
El libro del torneo puso el signo de admiración al sacrificio de la torre, señalando que era “la más elegante manera de ganar”. También era muy fuerte 30.Re1!,D:c2,e6!, con la amenaza de jaque en f7 (31…,B:e6;32.R:e6)Si 30..Qg6;31.Rea1!,Ra8;32.R:a8,R:a8; 33.R:a8,K:a8; 34.Qa1+ Ka6:37.Qc8+,Ka5; 38.Bb4+!, seguido de mate en dos. Hadziotis jugó entonces: 30…,c;b5 , a lo que siguió: 31.R:b5+,Kc8? Esta jugada me permitía terminar la partida de la más “espectacular manera”, como dice el libro del torneo, entregando en sacrificio la otra torre. También si el griego hubiera jugado 31…,Kc5, seguiría 32.Re5+,con mate rápido. Apremiado por el tiempo jugué: 32.Re5+? La entrega de la torre llevaba a una impresionante victoria.









