La saludable crítica a la prensa

La prensa dominicana ha jugado un papel descollante en el proceso de desarrollo democrático del país. Esa es una realidad innegable, que no le puede ser regateada y que resiste cualquier análisis e interpretación histórica, por más prejuicios de que vaya revestida.

Sin embargo, hay una debilidad estructural en ella estrechamente vinculada a su propio crecimiento y desarrollo. El país despertó muy rápido a la democracia y de un largo período de tiranía y oscurantismo saltó a un régimen de libertades públicas y ejercicio democrático sin un paréntesis previo. De la noche a la mañana surgieron decenas de periódicos, noticiarios de radio y televisión que se llenaron de personas sin destrezas periodísticas ni concepto de la responsabilidad que ese oficio conlleva. La necesidad creó profesionales y la especialidad dio paso a la improvisación. De ahí que muy buenos reporteros, con fama en la sociedad, escribieran haber sin “h”, acentuaran la palabra “dijeron” en la última sílaba y pensaran con faltas de ortografía, las que afortunadamente no se ven en los programas de entrevistas y comentarios. Leer más de esta entrada

“Por la verde alameda…”

Aunque dejé de interesarme por el género hace años, siempre he creído que las cosas mejorarían notablemente en el país si de vez en cuando en la actividad política la voz de un poeta dejara escuchar su canto de esperanza. En lugar de tanto ruido y disonancia habría así reposo para el espíritu, suficiente tranquilidad y sosiego para hallar un camino que endulce la ruda y cotidiana discusión de nuestros males. Las crudas desigualdades cercenan la imaginación, el toque mágico que tantas veces se precisa para encontrar fuera del quehacer político, por momentos sórdido e insensible, la llave de soluciones a los problemas del país.

Y es que el defecto principal de muchos de los dirigentes nacionales es su incapacidad para encontrar en la belleza de la forma, un método de acción político y aceptarlo como una fórmula viable. Prefieren el sistema directo y franco de la ofensa y la brusquedad. Tal vez pudieran aprender de aquel que tanto denostaron y que hace años, ante la estatua del poeta en el acto inaugural de una plaza, en medio del trajinar cotidiano de la presidencia, fue capaz improvisando de encontrar la siguiente inspiración: Leer más de esta entrada

Cuando hablamos de democracia

Un régimen de libertades civiles plenas no es, ni podrá ser, contrario a como todavía se cree, el legado de un partido y mucho menos el de un líder. La democracia, con todas sus ventajas colaterales, no se pone en vigencia mediante un decreto presidencial o la simple aprobación de una ley por el Congreso. Es el fruto de la experiencia de una nación y el resultado de un proceso en el que intervienen, en distintas épocas, diferentes hombres, mujeres, partidos y grupos sociales. Cada uno de ellos juega de acuerdo a su capacidad y condicionado por las circunstancias políticas, económicas y sociales del momento.

Con demasiada frecuencia los partidos que ejercen el poder se atribuyen la paternidad de la democracia en que vivimos. Además de constituir una sobrestimación de su rol en el proceso político nacional del último medio siglo, la pretensión denotaría una perspectiva estrecha de las causas que han impulsado los acontecimientos dominicanos, si no fuera por el hecho, por muchos conocidos, de que la modestia no ha sido nunca virtud de quienes han tomado parte en dichos sucesos o dirigido nuestros partidos. Leer más de esta entrada

El combate a la pobreza

¿En qué medida está el país en capacidad de superar su elevado nivel de pobreza y qué fórmulas, dentro de parámetros democráticos, tienen los partidos y sus líderes para plantear solución a ese problema tan acuciante? La realidad es que la democracia dominicana es todavía insustancial a un número elevado de la población. Esto hace que la mayoría se sienta poco ligada a su porvenir y menos entusiasmada con su supervivencia. Por eso, a pesar de los espejismos y las perniciosas tendencias nacionales al auto-engaño y la auto-sugestión, hay tan poca relativa militancia democrática real en este país.

Para aquellas legiones de hombres y mujeres que carecen de trabajo, de seguridades económicas y sociales y, por tanto, imposibilitados de hacer a sus hijos profesionales y los servicios de salud se encarecen cada día, la democracia es una palabra hueca; vacía, sin sentido. No nos engañemos creyendo que es incierto porque caeríamos en el error imperdonable de perpetuar una situación a la que podríamos en cambio dar remedio a mediano o largo plazos. Leer más de esta entrada

Inhóspita y ruidosa

La capital dominicana es una ciudad inhóspita, agresiva, que no ofrece a sus residentes muchos lugares de esparcimientos. Los lugares públicos de entretenimiento y dispersión son escasos e inseguros. Son muy pocos los espacios donde las familias puedan disfrutar de una tarde de ocio los fines de semana o ir a acampar para un picnic, tendido en la hierba, en un área verde, la mayor parte de las cuales han sido cerradas con verjas para limitar el acceso de personas, algo insólito y aberrante.

Los problemas comunes de una ciudad grande como Santo Domingo se resuelven entre nosotros con la más absoluta falta de originalidad, cerrando el paso, trátese de gente como de vehículos. Así resulta un fastidio asistir a los pocos espectáculos dignos de verse que cada cierto tiempo se presentan en escenarios como el Teatro Nacional, donde dicho sea de pasada los jóvenes talentos líricos tienen menos oportunidades que los reyes del reguetón, la bachata y el rap, el primero y el último de por sí suficientes para matar el espíritu más sensible. Leer más de esta entrada

Dr. Jorge Mera

Por Nélsido Herasme

El doctor Orlando Jorge Mera encarna la autenticidad del político etíco y opósición. Ya el no es Orlandito, el jovencito abogado que vimos junto a un grupo de juristas subir a estrado a defender con gallardía la dignidad y el honor de su padre, mancillados por la poderosa huestes balagueristas.

Ahora de quien se trata es del doctor Orlando Jorge Mera, quien desde diferentes tribunas, y con gran manejo de los códigos  comunicacionales, asume con firmeza y verticalidad su rol como hombre de partido y ente opositor.

Con sencillez, altura y sin arrogancia, desde su columna en este mismo diario leemos a Jorge Mera y, en cada artículo hacer urticantes críticas a un gobierno que el mismo ha calificado de más de lo mismo. Por igual en cada entrega en su programa de televisión, los domingos, en el cual analiza el palpitar nacional e internacional y entrevista a figuras conocedoras del tema para el cual fue invitado. Leer más de esta entrada

Preso por tener hambre

Después de más de medio siglo de revolución, en Cuba existe libertad de expresión no libertad de prensa. La aclaración, ¡válgame Dios! no proviene de un exiliado del régimen. La hizo en septiembre del 2009 en el almuerzo de los medios del Grupo Corripio una sobrina de Fidel Castro e hija del presidente cubano, Raúl, la señora Mariela Castro Espín, quien admitió también las deficiencias de los fieros sistemas de control de difusión radial y televisiva en un país donde el mínimo soplo de disidencia se paga todavía con cárcel.

Pocos días antes de que la hija del anciano dictador cubano nos regalara esa joya de la definición de las libertades ciudadanas, un hombre fue apresado en La Habana y condenado, sin juicio alguno y sin derecho a defensa, a dos años de prisión por el delito de haber gritado “¡tengo hambre, tengo hambre!” ante dignatarios de la Cuba revolucionaria. Un delito grave si consideramos que toda información acerca de las necesidades reales de la gente constituye la divulgación de “un secreto de Estado”, como es también, la salud del comandante en jefe, cuya sobrina dijo en la ocasión citada que no veía desde que él se vio obligado en el 2006 a dejar la presidencia en poder de su hermano por razones de salud. Leer más de esta entrada

Cuando habla un maestro

En papeles viejos hurgando ¡qué fastidio esta sintaxis para no iniciar con un gerundio!, he tenido la dicha de encontrar un recorte del sábado 12 de octubre de 1996, que reproduce el texto de una conferencia dictada por el Premio Nobel de Literatura, el colombiano Gabriel García Márquez, sobre el oficio que muchos periodistas hemos ejercido con pasión y entrega a lo largo de nuestras vidas.

Al releer ese texto magistral, de uno de los más grandes maestros del periodismo latinoamericano, me pareció que muchos de los jóvenes que laboran para nuestros medios pudieran encontrar en él algunas enseñanzas provechosas. Me he permitido por tanto hacer aquí una mención brevísima de esa conferencia con la esperanza de que algunos de ellos, se regale un poco de tiempo para estudiarlo. La lectura de este texto enseña e ilustra más sobre el buen periodismo, que todo un semestre académico en cualquiera de nuestras escuelas especializadas en el arte de la comunicación. García Márquez plantea en esa conferencia, con extraordinaria sencillez y precisión, los conflictos resultantes de la alocada carrera que la tecnología ha traído a nuestro oficio. Leer más de esta entrada