Es cierto que la comunidad internacional tiene un compromiso con la recuperación de Haití, pero como todo en la vida tiene un límite. Las naciones desarrolladas, que pueden asumirlo, encaran sus propias dificultades. Los europeos enfrentan un flujo de migración que ha puesto a prueba los ideales de la unión por los efectos en su escala de valores, a lo que se añade una amenaza real de violencia y terrorismo que ya ha mostrado su rostro.
Si se llegara al ideal de transparentar el financiamiento de las campañas electorales, dudo que el país pueda ser el mismo y que los partidos y líderes reclamantes resulten ilesos. La demanda sobre el uso de dinero de dudosa procedencia en campañas se centra principalmente sobre dos de las tres últimas para cuestionar la elección y reelección del hoy expresidente de la República. Pero para nadie sería extraño que algunos sanedrines de la política dominicana pierdan la virginidad si llegara a lograrse esa meta, porque si algo se acepta como una verdad inconmovible como el pico Duarte es que el dinero llega a todas partes, en proporción a las posibilidades de partidos y candidatos.
De manera pues que con toda seguridad, y muy pocas excepciones, la transparencia relacionada con el financiamiento de las campañas dejaría al país estupefacto, y no encuentro otra palabra para describir la sensación que sentiríamos en caso de que ese necesario ejercicio de moralización política se hiciera sin prejuicios y, por supuesto, sin excepción alguna. El caso es que ni siquiera el uso del dinero legal procedente del financiamiento estatal se transparenta y los informes de los partidos a la Junta Central Electoral dan ganas de llorar, sin que se hable de ello en los medios.
Si para muchos funcionarios y dirigentes, tanto en el ámbito oficialista como en el de oposición, la libertad de prensa es un privilegio y no un derecho legítimo, no es nada raro que la honradez sea para ellos una virtud y no un deber elemental, una obligación, en el ejercicio de funciones públicas. De ahí que para la mayoría la actuación más o menos pulcra en el desempeño de cargos en el Gobierno constituya un motivo de alabanza personal, merecedora de comunicados pagados con altisonante prosa.
Esta grave distorsión del papel del servidor público nace de la creencia errónea, pero bastante generalizada en nuestro ambiente político, de que la democracia y el frágil ejercicio de las libertades individuales, es un regalo y no el fruto de una larga lucha en la que muchos otros sectores, políticos y no políticos, han tenido un desempeño igualmente importante.
Muy pocos tenores, desde su estreno en el Teatro Italiano de París en enero de 1835, han incorporado a su repertorio “I puritano” (Los puritanos) la célebre ópera de Vincenzo Bellini, que uno de sus mejores intérpretes de todos los tiempos, el mítico y legendario tenor lírico canario Alfredo Kraus, llegó a calificar de “inhumano” tras renunciar a interpretarlo de nuevo por el enorme esfuerzo que requiere el papel estelar del personaje Arturo Talbot.
Algunos biógrafos del compositor aseguran incluso que su temprana muerte, sin haber cumplido los 34 años, meses después del estreno de la obra, tuvo que ver con la fatiga que en él produjo escribirla.
A pesar de su corta carrera, Bellini dejó a la posteridad un amplio catálogo de obras, que incluye otras nueve óperas, algunas de ellas entre las más famosas como Norma y La sonámbula, seis sinfonías, un concierto para oboe y orquesta, numerosas arias, romanzas, cantatas y un Tedeum.
Un acercamiento muy provechoso e interesante para las comunidades, fue el que observamos recientemente en las redes sociales entre el director ejecutivo del Instituto de Aguas Potables y Alcantarillados, Wellington Arnaud y la presidenta de la Fundación Sur Futuro, Melba Segura, reunión esta en la que acordaron de forma conjunta trabajar para beneficiar a las personas residentes en zonas rurales, remotas y vulnerables con la finalidad llevarles agua y proteger sus fuentes.
Hace un buen rato que vemos a Sur Futuro promover el desarrollo y bienestar social de las comunidades pobres de República Dominicana, en la búsqueda de reducir los altos niveles de pobreza, mientras la actual gestión del Inapa ha sorprendido al país con el levantamiento de todas las plantas de tratamientos y acueductos, muchos de ellos encontrados en condiciones deplorables, abandonados e inservibles.
De acuerdo con declaraciones formuladas entonces por Arafat, el hostigamiento de aquellos días era respaldado con el lanzamiento de cohetes y fuego de artillería a un ritmo de aproximadamente uno por segundo. Esto había dado lugar a la muerte de centenares de jóvenes, mujeres, ancianos y niños palestinos, hechos que no despertaron el mismo sentimiento de indignación que provocó una matanza anterior, sólo, quizás, por la imposibilidad de implicar en ella a los judíos.
Desde mi óptica de columnista no llegaba a explicarme las razones por las que el arresto de un militante izquierdista en determinado país, o la muerte de cuatro personas en una refriega callejera en Chile, era capaz de desatar una ola de indignación y la severa protesta de líderes internacionales, mientras esos mismos dirigentes mantenían silencio ante la horrible matanza de palestinos por otros árabes, y los fanáticos atentados dinamiteros contra cuarteles de soldados norteamericanos, franceses e israelíes en el Líbano, con saldos de centenares de víctimas. Teníamos entre nosotros, por desgracia, constantes ejemplos de esta singular hipocresía política.
La respuesta estaba quizás en el hecho deplorable de que vivíamos en realidad un proceso de inversión de los valores y que en nombre de una causa revolucionaria podía cometerse toda clase de atrocidades.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)
Cuando el mundo gritó de indignación por las horrorosas matanzas de palestinos en los campos de refugiados de Chatila y Sabra, en 1982, las acusaciones de genocidio contra Israel pretendían desconocer la innegable verdad oculta en esos hechos.
Nadie mencionó el dato fundamental de que los palestinos habían sido acribillados por adversarios libaneses, en un acto de represalia por el asesinato de líderes maronitas en un atroz atentado dinamitero. Los secuestros de aviones, la matanza de atletas y la colocación de cargas dinamiteras en escuelas, mercados públicos y otras acciones terroristas, encontraban siempre justificación pública.
Cuando las fuerzas armadas israelíes penetraron el suelo libanés, en medio del caos en que se hallaba inmerso ese destruido país, la condena internacional ignoró el hecho brutal de que otros dos ejércitos extranjeros se hallaban allí luchando desde hacía tiempo: Siria y las guerrillas palestinas. Los reclamos encaminados a restablecer la soberanía libanesa, continúan todavía hoy ignorando esa circunstancia.
No obstante, ya existían en aquella época evidencias contundentes de activa participación siria en combates contra fuerzas libanesas y en respaldo a las facciones rebeldes de palestinos que pugnaban por destruir el liderazgo de Yasser Arafat.
Tampoco dejaba que resultar irónico el que los grupos y líderes internacionales, silenciaran entonces su grito de desesperación ante las crueles matanzas que el ejército sirio, con la ayuda de palestinos rebeldes, causaba en campos de refugiados en el centro del Líbano.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)
En su libro La rebelión judía, Jacob Tsur, dice: .Gracias a ellos muchas ideas y estructuras específicas han subsistido hasta nuestros días: las nuevas formas sociales, el espíritu de cooperación la austeridad elevada al rango de virtud, el culto del trabajo y el respeto por el trabajador, un celo irreductible en la persecución del objetivo.
Como en muchos de sus lugares de orígenes se les prohibía a los judíos trabajar la agricultura y ejercer otros .trabajos dignos., los primeros kitbuz fueron obras titánicas de la imaginación. Debieron vérselas con toda clase de dificultades: la escasez de recursos, un medio hostil y una tierra árida y abandonada.