Atrapado en su laberinto

El presidente Luis Abinader, que definiera la reelección como la causa de los males políticos de la República, deberá decidir muy pronto si opta por un segundo mandato. La reelección no está prohibida. Lo que la Constitución no permite es que un presidente en ejercicio pueda postularse para un tercer mandato consecutivo. Sin embargo, la fórmula establecida en la reforma del 2010 es perversa, pues permite la reelección diferida sin límites.

La Carta Magna anterior establecía un máximo de dos mandatos con un vete tranquilo a casa. Era lo que hubiera pasado con el expresidente Leonel Fernández, cuya vida presidencial moría con la entrega del mando en agosto del 2012.

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El secreto plan de regularización

El canciller Roberto Álvarez ha informado sobre un nuevo plan de regularización de los inmigrantes ilegales haitianos, pero no ha entrado en detalles y el anuncio ha generado suspicacias en el ánimo público. Los temores tienen lógica, porque cabe la pregunta sobre el método de identificación a emplearse ante gente que no ha sido contada y cuyo número aumenta cada día por la falta de control migratorio en la frontera.

Como se ha dicho que los inmigrantes carecen de documentación oficial de su país, es difícil concebir entonces cómo las autoridades podrán regularizar a personas sin identidad ni documentación alguna. De esa manera sería imposible determinar si muchas o algunas de ellas tienen antecedentes penales o son prófugos de la justicia haitiana.

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Que me perdonen si he pecado

La distorsión más dañina al periodismo ha sido la creencia de que un medio está obligado a publicar o difundir todo lo que recibe, escriben o plantean sus reporteros y comentaristas. Los promotores de ese periodismo de “vanguardia” y de “compromiso con la verdad” entienden que la negativa del medio en que laboran a aceptar cuanto quiera decirse o escribirse en sus espacios y páginas constituye una violación a la libertad de prensa y una limitación del derecho a la libre expresión. La pretensión carece de base. En una sociedad democrática y plural como la nuestra imponerla lesiona el derecho de propiedad, tan legítimo como las demás libertades básicas.

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El ruido aleja el acercamiento

Al ver la creciente animosidad del debate, pienso en una ley que nos obligue a escuchar cada mañana y antes de acostarnos, el Concierto en Do mayor para flauta y arpa de Juan Crisostomus Wolfgang Amadeus Mozart, para ver si logramos calmarnos y discutir con la serenidad que la nación necesita los asuntos más urgentes. Por ejemplo, dotar al organismo responsable de organizar las elecciones del poder necesario para garantizar su transparencia y feliz realización.

Si la magia espiritual de esa obra majestuosa no nos fuera suficiente, y el segundo movimiento, Andantino, no surtiera en algunos el efecto tranquilizador requerido, la ley debería declararlos “casos perdidos”, con lo cual nuestro país comenzaría, ¡por fin! a tomar al toro por los cuernos.

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El día que debemos evitar

Cuando se lee y se escucha por la radio y la televisión el incesante saqueo de los bienes públicos, sin sanción alguna, mientras se habla de pactos o medidas fiscales que supondrían inevitablemente nuevos impuestos y más sacrificios para la clase media y los pobres, asalta el temor de que el día menos pensado la relativa tranquilidad en que vivimos se aleje de nosotros. Un día en que todo será distinto. En el que la autoridad, indiferente y cómplice de los hechos que agotan la paciencia nacional, no será suficiente para sofocar la ira de las multitudes.

Será el día en que aquellos que incluso le huyen a esa posibilidad, acudirán a un llamado de redención que alguien, tal vez desconocido, formulará bajo cualquier consigna, porque cuando llegue ese día ya nada importará y todo lo que resulte del desorden y la destrucción será para la multitud menor que todo cuanto existía. Me temo que la ceguera y las ambiciones de una clase política corrupta estén acelerando la llegada de ese día fatal que nos ocultará la luz por muchos años, como ya ocurre en otros países.

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Un Nobel de química para el chavismo

Por más que lo intente la mal llamada izquierda dominicana, que de izquierda solo tiene la mano zurda, es imposible defender una dictadura tan infame como la que desde hace 24 años sufre el pueblo de Venezuela. Cerca de siete millones de venezolanos han huido del país, tratando de buscar en otras naciones las oportunidades que la dictadura chavista les niega y en muchos casos les conculca.

Las democracias de la región, entre las que se cuenta la República Dominicana, faltan a la debida lealtad al sistema, cuando en los foros internacionales se esfuerzan por estropear todo intento de denunciar el absurdo que hoy gobierna a los veinte y tantos millones de venezolanos que padecen el rigor del gobierno de Nicolás Maduro. El país más rico en recursos naturales de todo el hemisferio sur tiene cifras espeluznantes de escasez de productos básicos, salarios miserables y hambruna.

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Intentos fallidos de juicio político

En el 2018, dos diputados de izquierda, Fidelio Despradel y Fidel Santana, propusieron a la cámara un juicio político contra el entonces presidente Danilo Medina, para su destitución sumaria. La propuesta fue perturbadora aun cuando tal posibilidad era improbable. Ya en otra oportunidad un grupo de ciudadanos, en los que figuraban intelectuales y periodistas, lo había solicitado añadiendo al pedido la celebración de elecciones anticipadas, lo que generó reacciones contrarias de amplios círculos de la sociedad, incluso dentro de la propia oposición, conscientes de que tal pretensión podía conducir a una situación de enfrentamiento, caos y vacío político cargado de incertidumbre.

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A merced de la ignorancia “twitera”

Las redes han reivindicado el derecho al mal gusto y abierto un enorme espacio a la mediocridad, la que se expresa a diario y a borbotones con la soberbia y el atrevimiento propios de la ignorancia. Gente que se cree, por el hecho de haber abierto un espacio en Twitter, con la autoridad para juzgar las posiciones e ideas de terceros, como si fueran jueces y fiscales.

Son los Catón del siglo XXI, sin el talento de aquél militar, brillante escritor y político romano que hizo de la censura un muro de defensa de las tradiciones romanas frente a las influencias helenísticas procedentes de Oriente. Tuiteros entusiastas de su intolerancia e incapaces de convivir con criterios que no sean los suyos, sin estar conscientes del flaco servicio que se prestan a sí mismos.

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