La real tragedia haitiana

La verdadera tragedia haitiana no radica en la inestabilidad reinante, ni en la falta de un gobierno firme ni en la espantosa pobreza que se arrastra desde el mismo día de su independencia en 1804. Lo que paraliza a Haití es la falta absoluta de compromiso de sus élites, académicas, políticas y económicas. Solo los haitianos pueden hacer lo que su país requiere para recuperar el camino perdido.

Nuestro país, que comparte la isla, padeció los mismos dolores de parto de la independencia e idénticos embates naturales, duras e injustas intervenciones extranjeras y dictaduras tan crueles y largas como las del vecino. Pero a diferencia de Haití, las élites nacionales asumieron el papel que el futuro les impuso y así llegamos al punto de crecimiento y desarrollo en que nos encontramos. En Haití no ha sucedido igual. Sus élites disfrutan la tranquilidad de academias y negocios en el exterior, adquirida muchas veces con la más vil explotación de los recursos de su nación.

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Reclamo para oídos sordos

En diferentes oportunidades he escuchado decir al presidente Luis Abinader, a los que los antecedieron, como jefes de Estado y como candidatos, al igual que a los que aspiran a sustituirlo, que propiciarían un régimen tributario justo, en el que cada ciudadano pague conforme a sus posibilidades reales, y promover igualmente un ambiente favorable al crecimiento de las pequeñas y medianas empresas. Nada de eso se ha cumplido. Y como ocurre con toda promesa electoral, la débil memoria nacional se ha encargado después de sepultarla.

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Preguntas sobre el impasse del Masacre

Sería interesante determinar, más allá de los razonamientos políticos, el efecto real de la construcción de un canal para el uso de las aguas del río Masacre, en el aspecto ambiental y económico.

El presidente Luis Abinader ha dicho que el uso de esas aguas sería perjudicial para áreas de producción de los dos países dentro de la esfera de influencia de esa fuente, al afectar a cientos de productores agrícolas dominicanos y haitianos. Así lo reiteró en su discurso del domingo.

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Haciendo crisis de problemas menores

Las medidas del Gobierno en la frontera en respuesta a la construcción de un canal en Haití para el aprovechamiento de las aguas del río Masacre, que nace y desemboca en la costa atlántica del territorio dominicano, no ayudan a mejorar la conflictiva situación que tradicionalmente nos llega a través de esa zona. La disposición oficial anulará los débiles hilos diplomáticos existentes y no servirá para detener el permanente y creciente flujo de inmigración ilegal procedente del lado opuesto de la frontera. Todo lo contrario, en lo que se refiere a lo último.

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Ultimátum como modelo de diplomacia

La capacidad del presidente Luis Abinader para hacer de un minúsculo problema una crisis de dimensión bilateral ha quedado nuevamente demostrada con el manejo del Gobierno en el caso de la construcción de un canal en Haití para el uso de las aguas del río Masacre.

Apenas dos años y algo más de tres meses atrás, a finales de mayo de 2021, la Cancillería dominicana suscribió una declaración con su par haitiana en la que se reconocía al Estado vecino el derecho de uso de aguas de esa fuente hídrica para fines agrícolas, lo que hoy niega y desconoce sin hacer mención alguna de ese documento, de amplia circulación en las redes y mencionado por algunos diarios nacionales.

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¿Y ahora qué?

El manejo de las aguas del Masacre ha provocado una crisis que podría conducir a un congelamiento de las relaciones bilaterales, sin precedentes desde la experiencia de 1963, que llevó al borde de una guerra con el vecino país.

Abinader convocó el lunes de esta semana una reunión de emergencia del Consejo Nacional de Seguridad. En ella, según lo anunciara él mismo, se acordó dar un plazo de 48 horas al gobierno haitiano para suspender los trabajos de un canal para el desvío de las aguas del Masacre, y se amenazó con un cierre aéreo, marítimo y terrestre de la frontera y otras medidas de excepción sobre el intercambio comercial fronterizo.

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Vacíos de la comunicación oficial

A pesar de la frecuencia inusual de las comparecencias públicas del presidente Luis Abinader, existe la firme impresión de que asuntos del mayor interés para el país no son tratados con la transparencia de la que se ufana el mandatario. Por ejemplo, los temas relacionados con la situación bilateral con Haití, muy especialmente los relacionados con la situación fronteriza y el río Masacre o Dajabón, que nace en Loma de Cabrera, y en su recorrido de 55 kilómetros, apenas baña 500 metros en el territorio vecino, para terminar desembocando en la costa dominicana del océano Atlántico.

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Un modelo intermedio y justicia social

Las economías centralizadas o cualquiera de sus hijastros generan estrechez y pobreza; constriñen el desarrollo y degeneran en el planeamiento de la vida ciudadana. También es cierto que una economía de mercado sin restricción alguna impide la justicia social. En la práctica ambas se asemejan. De manera que un modelo intermedio puede garantizar el principio de la distribución del poder y propiciar oportunidades más equitativas dentro de un sistema de libre concurrencia.

La pronunciada presencia del gobierno en la actividad económica genera una peligrosa asociación de funcionarios y empresarios corruptos con los resultados que todos aquí conocemos, como es el caso emblemático de Venezuela, a punto de una grave confrontación civil.

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