Bosch, en el 60 aniversario del golpe (4)

En la historia oficial del golpe que derrocó a Bosch la madrugada del 25 de septiembre, hace ya 60 años, se señala como responsables a la oligarquía, los comerciantes e industriales, los herederos del trujillismo en la esfera militar y, por supuesto, la jerarquía católica y el gobierno de los Estados Unidos a través de la Agencia Central de Inteligencia.

Con respecto a este último, la verdad es que si bien la llamada tolerancia de Bosch hacia las actividades de los grupos emergentes de la izquierda, especialmente el Catorce de Junio que lideraba Manuel Aurelio Tavárez Justo, Manolo, propiciaba creciente desconfianza acerca de sus ideales democráticos en esas esferas, especialmente en los círculos más conservadores de la sociedad de entonces, la Casa Blanca veía en Bosch una esperanza de cambio democrático. Durante los meses siguientes a la asonada militar, el Triunvirato que reemplazó a Bosch no encontró apoyo en Washington hasta días después del asesinato del presidente Kennedy y el alzamiento insurreccional del Catorce de Junio.

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Bosch, en el 60 aniversario del golpe (3)

En su propia definición de lo que era saber gobernar, podría decirse que Bosch desconocía cómo hacerlo. En medio de la campaña electoral, Bosch dijo que Trujillo, que había sometido al país a una sangrienta y corrupta tiranía de tres décadas, entendía esos secretos porque había sabido mantenerse en el poder por tantos años. Tal afirmación mostraba un aspecto cuestionable de su formación política e intelectual, fuera hoy de toda discusión racional dado que el inventado Bosch que sus discípulos reverencian en altares, no tolera indagación alguna sobre aspectos contradictorios de su personalidad.

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Bosch, en el 60 aniversario del golpe (2)

La costosa interrupción del proceso democrático iniciado con las elecciones del 20 de diciembre que dieron al triunfo a Bosch sobre las fuerzas conservadoras aglutinadas en la Unión Cívica Nacional, fue el resultado lógico y brutal de una conjugación de factores que el mismo Bosch contribuyó a crear voluntaria e involuntariamente. Se ha discutido mucho desde entonces si él estaba en condiciones de evitar los tristes acontecimientos que trajeron consigo su salida forzosa del poder, pero es poco probable que pueda llegarse a conclusiones que no sean las especulativas derivadas de la pasión que su memoria todavía despierta entre seguidores y detractores.

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Bosch, en el 60 aniversario del golpe (1)

El culto póstumo a la personalidad del expresidente Bosch, que él en vida rechazaba, terminará disminuyendo su estatura histórica y sus aportes a la creación de una conciencia democrática en el pueblo dominicano. Contribuciones que, a mi juicio, ayudaron a desmontar el mito de la tiranía de Trujillo y enseñar a la población la importancia de su presencia activa en la política, entendida esta como una actividad esencial para la preservación de los derechos ciudadanos.

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La libertad tiene sentido si se ejerce

Si para muchos funcionarios y dirigentes, tanto en el ámbito oficialista como en el de oposición, la libertad de prensa es un privilegio y no un derecho legítimo, no es nada raro que la honradez sea para ellos una virtud y no un deber elemental, una obligación, en el ejercicio de funciones públicas. De ahí que para la mayoría la actuación más o menos pulcra en el desempeño de cargos en el Gobierno constituya un motivo de alabanza personal, merecedora de comunicados pagados con altisonante prosa.

Esta grave distorsión del papel del servidor público nace de la creencia errónea, pero bastante generalizada en nuestro ambiente político, de que la democracia y el frágil ejercicio de las libertades individuales es un regalo, y no el fruto de una larga lucha en la que muchos otros sectores, políticos y no políticos, han tenido un desempeño igualmente importante.

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Los desafíos del sistema educativo

Dicen que se llega al lugar deseado tomando a veces el camino equivocado. Me sucedió cuando sentí que había encontrado mi verdadera vocación, que ha sido la del periodismo y con ella más tarde la investigación histórica. Fue en el segundo del bachillerato, cuando el teorema de Pitágoras casi me deja sin neuronas. Eso de que en todo triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos, no venía conmigo. Lo digo en serio. Tener que emburujarme con aquello de que en todo triángulo rectángulo si la dimensión del cuadrado de la hipotenusa es C y las longitudes de los catetos A y B, la fórmula sería c es igual a a+b, o b sería igual a c-a y por tanto a sería igual a c-b, y con todo ese mundo que de ello se desprendía, me decía ya que tenía que ganarme la vida de otra manera.

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El viejo mito de los bienes públicos

Apropósito del valor que asignamos a los bienes públicos y del fanático concepto de nacionalismo y soberanía tan en boga en estos días, deberíamos ser realistas y tratar de aprender de experiencias pasadas. La estatización de la mina de oro de Pueblo Viejo, por ejemplo, no pudo ser más decepcionante. El inmenso pasivo ambiental de esa zona es el único legado de esa nacionalización, recibida en su momento como un acto de soberanía, reivindicativo de nuestros recursos naturales.

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Sin vencidos ni vencedores

El más grande de nuestros defectos, el que traba el crecimiento y muestra el alto nivel de violencia que se oculta detrás de las sonrisas, es el desprecio a la ley y a las normas de la buena convivencia observable a toda hora en calles, oficinas, academia e incluso en los hogares.

Una muestra de esa realidad se observa cuando propietarios o conductores de vehículos de lujo, que se suponen con nivel de educación suficiente para saber la importancia del respeto a las leyes, copan las intersecciones, se suben a las aceras para rebasar y se estacionan indebidamente. Cómo esperar entonces que los del concho y las guaguas “voladoras” las observen. Si los dirigentes políticos suben la voz en la discusión de los temas fundamentales en la creencia de que el ruido los hace más creíbles. Si para ellos el “transfuguismo” se reduce a idealismo cuando el que se va se inscribe en su partido y traición cuando es uno de los suyos el que se va; si periodistas e intelectuales usan los medios sin el menor respeto a las buenas costumbres, creyéndose dueños de la verdad absoluta y algún líder religioso corta una discusión por él empezada con un tajante “no hablo con maricones”, tendríamos que convenir que la culpa de nuestros problemas es colectiva y no exclusivamente del Gobierno.

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