Economía centralizada y libertad económica

En el país sobran los controles, algunos fomentados por empresarios para preservar sus privilegios. El sistema de libre empresa apenas existe. Las deficiencias que se le atribuyen son el fruto de las medidas gubernamentales que lo hacen inoperante. El gigantismo estatal estrangula el modelo, en beneficio algunas veces de pequeñas y privilegiadas elites empresariales que obstaculizan el desarrollo nacional.

Estos grupos han tenido mucho éxito en propiciar alianzas con la burocracia gubernamental, en franca conspiración contra los verdaderos intereses nacionales. Si las oportunidades no son las mismas para todos los agentes económicos no podemos hablar de libertad económica. El inmenso poder discrecional de los funcionarios públicos los pone por encima de la ley, lo que le ha dejado al país un penoso legado de corrupción e ineficiencia, con un altísimo costo moral, social y económico. Lo que en verdad necesitamos es una mayor dosis de iniciativa individual, tanto en la economía como en las demás facetas del quehacer cotidiano. Los mercados bien abastecidos han sido siempre aquellos dejados en situaciones normales a la libre competencia y a las fuerzas naturales del mercado.

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La riqueza es mucho más que el dinero

Diariamente mi correo electrónico amanece lleno de basura que elimino sin leer. Otras veces, me trae alentadores y edificantes mensajes sobre la vida y las cosas de valor que giran a nuestro alrededor. Quisiera compartir con los lectores de esta columna uno de esos mensajes. Tiene que ver con la riqueza y con las distintas definiciones que se pueden obtener de ella.

A dos grupos se les hizo la siguiente pregunta: ¿Qué es la riqueza? En el primero el arquitecto la identificó con proyectos que generan mucho dinero. El ingeniero con sistemas útiles y bien pagados. El abogado con casos judiciales que dejen ganancias. El médico con muchos pacientes que le permitan comprar una casa grande y bonita. El gerente con una empresa en niveles de ganancias altas y crecientes. El atleta con la fama y el reconocimiento mundial, para estar mejor pagado.

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El “delito” de blasfemia contra el Islam

Las naciones democráticas libran desde hace años una fiera batalla contra los intentos de 57 países islámicos de imponerle a las Naciones Unidas una resolución para convertir en delito de difamación o blasfemia toda referencia o actitud que consideren ofensiva al Islam o a Mahoma. Con ello se pretendía validar las sentencias condenatorias impuestas en muchos países musulmanes contra ciudadanos acusados de difamar a la religión, como fue el caso de la cristiana paquistaní, Asia Bibi, condenada en el 2010 a muerte por ofender al profeta.

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El retrato preferido de mi madre

En la soledad de sus últimos años mi madre encontró un compañero con quien mataba su tedio en interminables soliloquios. Era un viejo cuadro de Jesús colgado encima de un retrato de mi padre que sus manos arrugadas movían a cada momento de un lugar a otro, en un espacio físico de apenas unas cuantas pulgadas. La imagen del Cristo tenía una sonrisa débil de tristeza, como si se empeñara en estar a tono con la tranquila soledad que sufría su acongojada propietaria. Era un recuerdo de bodas, que Esther, mi esposa, salvó de la destrucción años atrás enviándolo a enmarcar a tiempo.

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El periodismo es una adicción

Sobre el periodismo crítico que muchos medios y periodistas ejercen para honra del oficio, es bien cierto que los cambios experimentados por la sociedad han alejado el fantasma de la fuerza bruta, pero la intolerancia viste otros ropajes y se oculta casi siempre detrás del disfraz de la complacencia. Esos cambios y el proceso de globalización han dificultado la tarea de los censores y ya les resulta muy difícil a los gobiernos clausurar diarios y encarcelar periodistas por el solo hecho de ejercer la libertad de expresión y criticar las políticas gubernamentales.

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El compromiso ético del periodismo

La mayoría de los lectores cree que los columnistas somos personas superdotadas, con conocimiento pleno de cuantos asuntos abordamos. La percepción no es real. Pero lo importante es que los temas se traten con responsabilidad. En una democracia es indispensable la crítica y el ejercicio de la libre expresión del pensamiento.

Escribir una columna, especialmente si se hace una obligación cotidiana, conlleva un compromiso. No del tipo que usualmente se contrae al asumir una afiliación partidista. El compromiso al que me refiero es de naturaleza ética. Por lo general establece distancias que involuntariamente se crean con cada entrega diaria. En esencia cada artículo se convierte en una experiencia propia.

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¡Patria o muerte, venceremos!

La izquierda latinoamericana, todavía sembrada en la guerra fría, no escatima esfuerzos para desacreditar la inversión extranjera en los países democráticos, pero guarda un sospechoso silencio frente a las cada vez mayores concesiones del gobierno castrista para atraerse capital foráneo, que aumentaron con el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos.

Muchas de esas concesiones serían difíciles de imaginar aún en aquellas naciones en donde, según esa izquierda, existen regímenes de extrema derecha, sometidos a la voluntad del poder imperial estadounidense. Han sido muy escasos los grandes proyectos de inversión emprendidos en la República Dominicana, para citar un ejemplo, en los que esos grupos no se hayan movilizados para desacreditarlos y motorizar campañas de opinión con el propósito de ahuyentarlos. Por fortuna para el castrismo, en Cuba no existe esa izquierda, y por supuesto no se la permite y ni el más convencido de los comunistas se atrevería a oponerse a los planes de atracción de capital foráneo para resolver, por vías del capitalismo, las fallas de la revolución socialista, que tras sesenta y cinco años de tiranía mantiene a Cuba en la más humillante pobreza.

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La injusta valoración de mis críticas

A diario recibo correos y mensajes en las redes de la más diversa índole. Me llamó mucho la atención el de un buen hombre, un médico de profesión, me dijo, quien entiende que mis opiniones son fruto de una oposición a ultranza, criterio este al parecer muy expandido en la esfera oficial, según se me ha hecho saber por distintas vías. Cuando sopeso esta interpretación a las observaciones que con frecuencia hago a políticas, proyectos y conductas del sector público, me asalta la dolorosa sensación de que incurro en el mismo pecado capital en el que caen altas figuras y seguidores fieles del Gobierno; es decir, incapacidad para hacerme entender con claridad.

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