¡Patria o muerte, venceremos!

La izquierda latinoamericana, todavía sembrada en la guerra fría, no escatima esfuerzos para desacreditar la inversión extranjera en los países democráticos, pero guarda un sospechoso silencio frente a las cada vez mayores concesiones del gobierno castrista para atraerse capital foráneo, que aumentaron con el restablecimiento de relaciones con los Estados Unidos.

Muchas de esas concesiones serían difíciles de imaginar aun en aquellas naciones en donde, según esa izquierda, existen regímenes de extrema derecha, sometidos a la voluntad del poder imperial estadounidense. Han sido muy escasos los grandes proyectos de inversión emprendidos en la República Dominicana, para citar un ejemplo, en los que esos grupos no se hayan movilizados para desacreditarlos y motorizar campañas de opinión con el propósito de ahuyentarlos. Por fortuna para el castrismo, en Cuba no existe esa izquierda, y por supuesto no se la permite y ni el más convencido de los comunistas se atrevería a oponerse a los planes de atracción de capital foráneo para resolver, por vías del capitalismo, las fallas de la revolución socialista, que tras sesenta y seis años de tiranía mantiene a Cuba en la más humillante pobreza.

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Finlandia, igual a educación de calidad

Finlandia es un fascinante ejemplo del valor de la educación. A pesar de ser un país pequeño con apenas seis millones de habitantes, los estudiantes finlandeses de secundaria alcanzan siempre los primeros lugares en las competencias mundiales de matemáticas y lenguaje. En las clasificaciones de competitividad figura usualmente en el primer puesto.

Por años, la prensa internacional se ha interesado por averiguar las causas de este fenómeno. Diarios tan importantes como el Wall Street Journal de Nueva York y otros en Europa y América Latina han enfocado editorialmente el tema. La pequeña nación europea ha registrado uno de los crecimientos económicos más altos en las últimas décadas, con un consiguiente aumento del nivel de prosperidad de sus habitantes. Su sistema de seguridad social es uno de los mejores del mundo, con un per cápita sólo por debajo de once naciones.

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El pin o veto parental

En España se libra desde hace años una fuerte batalla para evitar que la llamada “Ideología de Género” despoje a los padres del derecho de educar a sus hijos conforme a sus creencias. Un caso emblemático se da en la región de Murcia donde el partido Vox logró en el 2020 que el Partido Popular, dictara una política que permite a los padres decidir si ciertos contenidos educativos, especialmente aquellos relacionados con la sexualidad, el feminismo o las preferencias sexuales, no sean obligatorios para los menores en las escuelas.

El veto o pin parental, como se conoce a esa política, ha ido cobrando respaldo entre familias horrorizadas ante las distorsiones que en la formación de sus hijos han originado las cada vez más fuerte tendencias a imponer el derecho del Estado o del gobierno de decidir las reglas de la educación, incluso en áreas que se estiman dañinas para la conciencia o intimidad de los menores. La oposición a tan controversial ideología proviene de la tesis que ella promueve en el sentido de que la identidad sexual no es el legado de la biología, sino de un antiguo contrato social que generó la condición de hembra y varón y las condiciones de inequidad y discriminación existentes contra la mujer.

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El México de López Obrador

Apropósito del persistente reclamo de perdón del todavía presidente Manuel López Obrador al Vaticano y a España, por las crueldades de la conquista, y a pesar del sentimiento anticlerical que dominó hasta hace pocos años la vida oficial mexicana a partir de la constitución de 1857, que originó la llamada “Guerra de los tres años”, fue un sacerdote, Miguel Hidalgo Costilla, quien en una iglesia en el poblado de Dolores hizo el 16 de septiembre de 1810 el pronunciamiento que inició la guerra de independencia que duró once sangrientos años.

Por la enorme influencia del catolicismo, un líder independentista, Ignacio Allende, invitó a Hidalgo a enrolarse en el movimiento. A las cinco de la mañana de aquel histórico día, el sacerdote enardeció los ánimos de la población con un grito en medio de la misa: “¡Mexicanos, viva México! ¡Muera el mal gobierno!”, lo que dio comienzo a la lucha contra el colonizador español. Una viva adicional agregó Hidalgo a la Virgen de Guadalupe, lo que curiosamente une la independencia de uno de los países con mayor tradición anticlerical a la historia de la iglesia.

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La pobreza del debate

Tienen sobrada razón quienes lamentan la pobreza del debate y bastaría con lo que usuarios de las redes creadas por partidos y candidatos dicen a diario de las opiniones y posturas de quienes han incluido en sus listas de objetados. Un listado negro, hijo de la peor intolerancia, de viejos adversarios y de quienes incluso gozaron alguna vez de sus afectos y hoy no concuerdan con sus discursos electorales.

Antaño se creía que esa extrema intolerancia provenía únicamente de la esfera oficial. Pero hoy la vemos, con absoluto asombro, provenir de iglesias y litorales políticos, donde muchos hasta hace poco beneficiarios de la corrupción, que hoy denuncian con absoluto desprecio de sí mismos, se autoerigen profetas de la redención y de la moralidad pública. Cuán penoso es observar jóvenes líderes de potencial creciente, promesas del relevo generacional que tal vez muy pronto el país demandará, rendidos a la tentación de doblegar la constancia de quienes, en el multicolor escenario de las ideas, ven que no todo es oscuro en el Gobierno y en la gente que lo integra, ni todo diáfano en la acera opuesta.

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La perfección del disparate: el chavismo

Con cada equivocación, para los venezolanos por desgracia muy frecuentes, el presidente Nicolás Maduro se inventa una crisis con Estados Unidos y Colombia, antes de Petro, sus enemigos favoritos. Agotado el éxito inicial de tal estratagema, legada por su antecesor, el comandante Chávez, apenas le queda el ridículo. Sus frecuentes y fallidos intentos de desviar la atención de la comunidad internacional y del pueblo sobre su mágico poder de hundir a una de las naciones más ricas del planeta en un reino de escasez, en un tiempo récord y sin mucho esfuerzo, le pondrá fecha en cualquier momento a su trágico y deprimente heredado ensayo revolucionario. La paciencia venezolana pondrá la fecha. Pero está escrita ya en el calendario de la desesperación que la agobia.

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Una mirada de cara al futuro

Si alguna prioridad tenemos es la de proponernos metas como nación y lograr un programa de acción que defina lo que queremos ser y cómo deseamos vernos dentro de quince, veinte y cincuenta años. Obviamente, tan grande esfuerzo no corresponde a una sola administración ni mucho menos a una fuerza política. Se trata de un ejercicio de conjugación de voluntades, por encima de toda confrontación o prejuicio partidista o de cualquiera otra naturaleza.

Si permitimos que nuestras diferencias nos sigan distanciando en la búsqueda de ese objetivo común inaplazable, las posibilidades de un futuro promisorio serán escasas. En sociedades democráticas las disparidades de criterio enriquecen el debate, y ayudan a encontrar senderos seguros hacia el desarrollo y el fortalecimiento institucional.

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El drama social dominicano

Si analizamos la estructura social del país, la composición de las fuerzas que la guían, no tardaríamos en observar una curiosa suerte de estancamiento, como si la sociedad hubiera permanecido al margen de la marcha inexorable del tiempo y de la historia. Las estructuras de mando que gravitan todavía con fuerza determinante, son las mismas que dominaban en los albores de los años sesenta. Y lo que es peor aun, muchos de los gritos y quejas de las multitudes de entonces siguen caracterizando las demandas actuales.

La dolorosa verdad es que después de casi sesenta años de ejercicio democrático, el modelo dominicano no ha enseñado evidencias de que sea más idóneo que la dictadura para resolver los graves e inaplazables problemas de los grandes núcleos de población del país. Los conflictos y limitaciones en las áreas de la salud, la educación, el transporte público, el costo de la vida, los servicios municipales, son hoy tan graves y alarmantes como lo fueron hace cincuenta años.

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