Historia de un niño pobre

MIGUEL GUERREROLo conocí una tarde en la redacción, donde se presentó empapado por el fuerte aguacero. En la madriguera donde vivía, la pobreza había dejado en él su marca indeleble. A causa del barro y la dureza del pavimento, sus pies, siempre descalzos, se habían hipertrofiado al punto que ya no resistía zapato alguno. De todas formas, la vez que los tuvo los perdió  la tarde que los dejó a orillas del charco para bañarse porque el agua nunca brotaba por el viejo grifo que su padre, la última vez que estuvo en casa, golpeó salvajemente con una piedra.

Para sobrevivir aprendió a hurtar. Comenzó llevándose una naranja de un puesto de frutas en el mercado que estaba a pocas cuadras del barracón donde él, su madre y sus dos hermanitos compartían ilusiones y estrechez huérfanos de esperanzas. Con el tiempo desarrolló inverosímiles habilidades. Trepando paredes descubrió un frutal donde sació su hambre más de una vez, a cambio de una costilla y una deformidad en su antebrazo izquierdo. Leer más de esta entrada

Un problema global

MIGUEL GUERREROEl exceso de población, sin duda uno de los más graves problemas actuales, adquiere singular dramatismo en los países en desarrollo como la República Dominicana. Nuestra limitada capacidad de producción y la falta de tecnología  dificultan la alimentación adecuada de cientos de miles de seres humanos, que subsisten en condiciones extremas de pobreza e indigencia. Las desigualdades sociales se muestran más patéticas y las necesidades más perentorias. Y paradójicamente los problemas demográficos y de escasez de alimentos no figuran en las listas de prioridades del llamado Tercer Mundo, lo que en el caso dominicano es una cruda y patética realidad.

En las áreas más densamente pobladas este desequilibrio reviste características alarmantes, por lo que están a expensas de una  explosión social  a menos que se adopten medidas correctivas serias y efectivas. No puede pasarse por alto un hecho: a las tasas actuales de crecimiento demográfico, la población mundial crecerá hasta más de siete mil  millones de personas al final de la presente década. Ante cifras tan dramáticas, se requiere de una visión  y de una solución conjunta. Leer más de esta entrada

El exquisito mundo de Eduardo Villanueva

MIGUEL GUERREROMi columna de este martes sobre “Los puritanos” de Bellini movió un generoso comentario de Eduardo Villanueva, uno de los más cultos músicos que jamás haya tratado y cuya labor en la promoción del género musical clásico ha contribuido a mejorar el gusto por la buena música y a entenderla.

Eduardo relacionó mi breve escrito con los 15 años de la muerte de Alfredo Kraus, el legendario intérprete de esa ópera, que muy pocos tenores se arriesgan todavía a incluir en sus repertorios, y cuya partitura el célebre cantante llegó a calificar de “inhumana”. Con su habitual agudeza, me dice que “Los puritanos” era un Monte Everest  que después de Kraus “nadie se atrevería a remontar con éxito”, pero que ahora, gracias a dos tenores, el español Celso Albelo y el afroamericano Lawrence Brownlee, “se ha vuelto un llano”. Leer más de esta entrada

El temor a “Los puritanos”

MIGUEL GUERREROMuy pocos tenores, desde  su estreno en el Teatro Italiano de París en enero de 1835, han incorporado a su repertorio “I puritano” (Los puritanos) la célebre ópera de Vincenzo Bellini, que uno de sus mejores intérpretes de todos los tiempos, el mítico y legendario tenor lírico canario Alfredo Kraus, llegó a calificar de “inhumano” tras renunciar a interpretarlo de nuevo por el enorme es fuerzo que requiere el papel estelar del personaje Arturo Talbot. Algunos biógrafos del compositor aseguran incluso que su temprana muerte, sin haber cumplido los 34 años, meses después del estreno de la obra, tuvo que ver con la fatiga que en él produjo escribirla.

A pesar de su corta carrera, Bellini dejó a la posteridad un amplio catálogo de obras, que incluye otras nueve óperas, algunas de ellas entre las más famosas como Norma y La sonámbula, seis sinfonías, un concierto para oboe y orquesta, numerosas arias, romanzas, cantatas y un tedeum. Leer más de esta entrada

Cosas de algunos lectores

MIGUEL GUERREROContrario a quienes se irritan por las críticas, considero un ejercicio divertido y relajante la reproducción de encendidos comentarios que envían algunos lectores de esta columna. En especial las que atribuyen mis referencias al ex presidente Fernández  y a sus tres administraciones una razón personal, motivada en la envidia o el resentimiento por haberme despedido de un cargo al que renuncié a menos de un mes de su primera presidencia.

En busca de un tema encontré un viejo artículo sobre uno de sus muchos viajes, reproducido en Almomento.Com,  que provocó las más diversas reacciones. Uno de los correos llegados a ese medio me mandaba a callar por ignorante y otro, igualmente generoso, me tildaba de obstinado dispuesto a criticar cuanto hiciera el presidente. Leer más de esta entrada

El legado de Trujillo (3 de 3)

MIGUEL GUERREROFueron muchas las causas de la caída de Trujillo: la degeneración del régimen, la degradación moral del tirano y el hastío que el estancamiento social y la férrea represión fomentaron en la sociedad. Sin embargo, se pueden apuntar dos hechos sobresalientes. Primero el intento de asesinato del presidente Betancourt, de Venezuela, en junio de 1960, que provocó el aislamiento total del régimen, y el todavía más grotesco asesinato de las hermanas Mirabal, a finales de noviembre de ese mismo año.

Este último acontecimiento rompió los débiles lazos que todavía unían a Trujillo con importantes sectores de la sociedad dominicana. Naturalmente, estos dos hechos fueron secuelas de las expediciones de junio de 1959, que marcaron el principio del fin de la etapa de sombras que oscureció a la nación por más de treinta años. Leer más de esta entrada

El legado de Trujillo (2 de 3)

MIGUEL GUERREROCon respecto a los colaboradores de la tiranía trujillista y sus aportes al país, se ha orquestado toda una leyenda intentando justificar la sumisión que siempre existió a su alrededor, en la pretensión de que muchas de sus obras fueron positivas. Hay que reconocer que los propulsores de esa fórmula de evaluación histórica han tenido un éxito relativo. Nada más hay que ver cómo jóvenes que sin la menor idea del terror imperante en esa etapa funesta de la República, se hacen eco de aquellas voces irresponsables que se atreven a señalar que entonces se estaba mejor que ahora. Peregrina afirmación basada en el desorden que ha caracterizado la vida nacional después de su muerte y que es herencia viva de aquel régimen de oprobio.

Existe entre nosotros la tendencia a valorar la tiranía de Trujillo única y principalmente sobre la base de sus realizaciones materiales. Estos parámetros de medición son inadecuados y no permiten un enjuiciamiento correcto de la fase que vivió el país en el interregno 1930-1961. Anteponer a la libertad y al desarrollo social y económico, la construcción de unas cuantas carreteras, por importantes que éstas hayan sido, o la edificación de hospitales y escuelas, mercados y locales del Partido Dominicano, es un absurdo intento de justificar la supresión de los derechos ciudadanos y las más crueles formas de tortura y represión que existieron en aquella época. Leer más de esta entrada

El legado de Trujillo (1 de 3)

MIGUEL GUERREROLa prolongada tiranía de Trujillo, que alguna gente entre nosotros todavía añora, representó un enorme retroceso en todos los aspectos de la vida nacional. El país sufrió con Trujillo un atraso de treinta años, que nos ha costado recuperar.
Aún vivimos el nefasto legado de esa larga y oscura sombra de nuestra historia. La triste herencia del trujillismo está todavía patente en casi todos los rasgos del acontecer cotidiano dominicano. El autoritarismo y la intolerancia que caracterizan ciertos comportamientos nacionales, en la política como en la esfera privada, son elementos importantes de ese legado histórico.

Trujillo representó una etapa en la vida del país imposible de reivindicar, a despecho de lo que pretenden entre nosotros muchos panegiristas de ese régimen con influencia todavía en nuestro quehacer político, y gente que trata por ese medio de justificar sus propios errores y claudicaciones pasados. En ocasión de una conferencia en el exterior, alguien del público me preguntó cómo podría definirse la personalidad de Trujillo. Mi respuesta fue que en el país personas que le sirvieron han tratado de crear una imagen paternal de ese odioso personaje. Trujillo fue un tirano sanguinario y corrupto, que actuó siempre con mano impiadosa contra todo asomo de oposición. Fue un hombre incapaz de inspirar sentimientos nobles o grandes empresas nacionales, que no fueran aquellas concebidas para su propio beneficio personal. Era un megalómano que disfrutaba con la humillación de amigos y adversarios. Una personalidad torcida en todo el sentido de la palabra.

En él, a diferencia de otros tiranos de su época, los únicos métodos válidos de interpretación de la realidad, fuera política, social o económica, eran la represión y la intimidación, en cuya aplicación se le reconoció siempre verdadero virtuosismo y crueldad incomparable.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe.)