Reflexión sobre igualdad e inclusión

¿Qué sería del debate nacional, ya aburrido y gris, si por prejuicios de la era moderna nos viéramos obligados a renunciar al sarcasmo y a la ironía en la discusión de los problemas nacionales?

Lo primero es que esa discusión carecería de sentido, por su falta de contenido y elegancia. Y lo segundo, peor aun, sería la imposibilidad de una discusión pareja en el ámbito mediático. Vayamos al grano.

Supongamos que las elecciones se limitaran a la confrontación de dos candidatos, uno de los cuales fuera una mujer. ¿Qué sucedería, fuera cierto o no, si el varón dijera públicamente que su oponente, la mujer, es incompetente, desconocedora de la realidad, e ignorante de los asuntos de Estado, sin capacidad alguna para manejar la crisis por la que atraviesa la nación?, un discurso típico en la política dominicana.

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Para oxigenar el ambiente navideño

A menudo menospreciado por los amantes de la ópera, el tenor estadounidense de origen italiano Mario Lanza, cuyo nombre verdadero era Alfredo Cocozza Lanza, tiene un lugar privilegiado entre los grandes del bel canto. Entre muchos otros méritos, se le reconoce mundialmente por haber popularizado el género, al llevarlo al gran público gracias a sus famosas interpretaciones en el mundo cinematográfico, como después hicieron otros tres gigantes Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras, a través de presentaciones y recitales.

Su breve paso por los escenarios, murió a la temprana edad de 38 años, no impidió que fuera inspirador de muchos jóvenes talentos de su época, entre los que se cuenta el famoso trío de tenores ya mencionados, cuyas actuaciones conjuntas generó las críticas de otros portentos del canto lírico como fue el caso del tenor canario Alfredo Kraus, que entendía como una aberración el que un aria, composición para una voz, fuera desnaturalizada por un trío de voces.

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El pesimismo dominicano

Un rasgo muy particular del pesimismo dominicano es creer que todo anda mal incluso en los mejores momentos. Por eso se oyen tantas quejas sobre la marcha de la economía y la situación del país en especial. Cuando se le pregunta a un empresario próspero cómo se encuentran sus negocios, por lo regular responde: “más o menos”. Y ni hablar de lo que les diría cualquier hombre de la calle. Admito que algunas cosas marchan mal y otras muchas muy mal probablemente. Que no hay una justicia confiable ni respeto por la ley. Pero de ahí a pretender que la nación no avanza poco ayuda al esfuerzo público y privado de ensanchar las perspectivas nacionales.

Lo cierto es que en comparación con otros países sobre los cuales tenemos información, vivir en el nuestro es casi un privilegio. Escuché a un político muy conocido por lo sombrío de sus predicciones, protestar en la radio que la república está jodida. Tal vez sería injusto de mi parte quitarle la razón porque habrá sin duda muchos jodidos, él entre ellos. Pero a despecho de la enorme dosis de pesimismo que nos envenena, este país funciona y cada día el panorama se ensancha, con una economía sólida en crecimiento y gente emprendedora esforzada en seguir avanzando, a pesar del Gobierno.

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Salcochar todo, pero nunca el sancocho

Recuerdo que un amigo de antaño, decepcionado por la corrupción de los gobiernos, me preguntó hace ya un tiempo cuál era la expresión correcta si “salcocho”o “sancocho”, para el exquisito y humeante milagro de la gastronomía criolla, que todos apreciamos y que de manera inexplicable apuramos bien humeante en los calurosos mediodías de nuestros cálidos veranos, con la servilleta en la mano izquierda para secarnos el sudor.

Como no soy lingüista, casi me rompí la sesera para calmar tan persistente emplazamiento. Confieso que me puso entre la espada y la pared, y en el dilema de dedicarme a descifrar, sin tiempo para la tarea, un enigma que le quita todo encanto al placer de saborear tan demandada y sofocante propuesta culinaria.

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La voz de la Iglesia

Las personas de éxito, el que se deriva del ejercicio o práctica de una actividad, no el fortuito producto de un golpe de lotería, tienen conciencia de sus límites. De lo que pueden hacer con base en sus capacidades físicas o intelectuales. Por eso me resulta difícil entender lo que con frecuencia se publica en los medios. Por ejemplo, leer, escuchar o ver en diarios y estaciones de radio y televisión, detalles de entrevistas realizadas a personalidades de la Iglesia. Obispos y sacerdotes hablan de todo, menos de asuntos relacionados con la fe y sus ministerios.

Se entrevista a estos religiosos sobre el proceso electoral, la crisis interna de los partidos, las quiebras bancarias, la ley de electricidad, la reforma constitucional y años atrás sobre asuntos tan mundanos como un cuestionado contrato sobre informática suscrito por la Junta Central Electoral. Pero los católicos están ávidos de leer las opiniones de esos pastores de almas sobre temas que han estado sacudiendo los cimientos de la Iglesia católica en las últimas décadas, como la ordenación de mujeres, el celibato y el divorcio, además del aborto, opinión que sí conocemos.

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Los verdaderos guardianes del periodismo

El periodismo no es el mejor oficio del mundo, como tampoco en algunos casos el peor pagado. Muchos periodistas, algunos muy talentosos otros mediocres, viven muy bien y hacen buenos negocios. La mayoría, de entre el resto, se dedicaría a otras tareas si tuviera oportunidad de hacerlo. Pero hay entre estos últimos una considerable cantidad que renunciaría a cualquier riqueza con tal de seguir tercamente en la oscuridad de un viejo escritorio en la redacción, donde muchos consumen su existencia e inteligencia, en la vana ilusión de que construyen el futuro.

Son estos los que han hecho vida en las redacciones y aman apasionadamente lo que hacen. Es este raro espécimen humano el que ha preservado los valores de la práctica del periodismo y el que lucha diariamente, a veces con enormes riesgos personales, para preservar los niveles de dignidad que el ejercicio de la profesión tanto necesita ante el descrédito a que lo ha llevado la vulgaridad y la injerencia del partidismo político.

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En la práctica todos se parecen

A la larga todos resultan iguales tan pronto como alcanzan el poder. Al principio muestran diferencias de matices. Nadie, sin embargo, quiere ya parecer distinto o establecer una distancia razonable de lo que hacían los otros. Ni los que llegaron con otras banderas resultaron ser una excepción a la regla.

Escuchando esta reflexión, alguien me preguntó si creía que el sistema político nacional era básica y esencialmente corrupto. Le respondí que hiciéramos un listado de dirigentes políticos que hayan ocupado cargos públicos importantes en los últimos veinte años y comparemos después cómo vivían antes con su estatus actual. La conclusión, con pocas excepciones, produciría un gran espasmo nacional.

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Variaciones sobre un tema

Ni siquiera en los períodos de mayor crecimiento económico hubo en este país avances en las condiciones de vida en sentido general. Incluso atravesamos una fase de empobrecimiento de la clase media verdaderamente trastornador, con un deterioro de la calidad de vida de las ciudades, a causa de una crisis aguda en los servicios públicos.

La penosa realidad nacional es que las conquistas en el marco político tras varias décadas de ensayo democrático superan las obtenidas en el plano de la distribución del ingreso.

Probablemente la inflación, la caída de precios en los mercados internacionales de los productos básicos de exportación del país y otros factores ajenos a la voluntad y decisión de los gobiernos, hayan entorpecido el avance hacia un equilibrio más o menos aceptable de esta balanza de las realizaciones democráticas. Pero se impone por eso un esfuerzo más sostenido para hacer posible el ideal de reducir las enormes e inquietantes brechas sociales existentes.

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