¿Se puede ser neutral?

Recibí un emplazamiento de un seguidor del oficialismo, incriminándome por no asumir la defensa de su líder e impulsar la de su adversario principal. Su lógica se basaba en un silogismo: si no estaba con el suyo, por lógica elemental, tenía que estar a favor del otro. Hubo un segundo emplazándome a definirme dentro de lo que llamaban mi “imparcialidad parcial”.

Esos y otros mensajes en idéntica tónica procedentes del mismo litoral, me llevaron a una reflexión. Me pregunté si es correcto, en la situación en que se encuentra el país, permanecer neutral. Y recordé la descripción que hace Dante en la Divina Comedia de un lugar de lamentaciones a las puertas del Infierno reservado para aquellos que no creen en Dios ni se rebelan contra él. Justo el lugar al que deben ir los que permanecen neutrales en momentos o situaciones de crisis.

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La respuesta de Netanyahu

Muchos lectores se orientan por la falsa impresión de que la defensa del derecho de Israel a existir como nación dentro de fronteras seguras, implica el desconocimiento del mismo derecho que les asiste a los palestinos, un pueblo tan sufrido como sus primos israelitas.

El problema no es tan sencillo como muchos analistas entienden. Intentar la búsqueda de soluciones sobre la base de una interpretación unilateral de la historia del conflicto sólo ayuda a perpetuarlo. Si se le analiza desde la perspectiva de cada una de las partes se verá con extrema facilidad de que ambas pueden esgrimir razones a su favor. La dificultad ha consistido en buscarle una salida sobre las razones de una de las partes y no en base a los intereses comunes, que en el fondo son más que sus diferencias.

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En busca de la identidad nacional

Por invitación, asistí hace ya un tiempo a una reunión de intelectuales preocupados por la situación nacional. Pensé que se hablaría del problema energético, el déficit cuasi fiscal, el aumento del gasto público, el clima de inversión y algunos otros temas que agobian la vida diaria de los dominicanos, conforme deduje de la invitación.

Resultó que la preocupación allí tenía que ver más con lo que alguien llamó crisis de identidad nacional y las raíces del pueblo dominicano. Cada uno de los doce participantes disparó un discurso sobre el exterminio de la población indígena y el saqueo de las riquezas de nuestros aborígenes. Todos, sin excepción, plantearon la necesidad de profundizar la búsqueda de las causas de nuestra pobreza en ese acontecimiento histórico. Me dije toda clase de cosas para mis adentros e identifiqué de inmediato la puerta de salida.

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La noche de los cristales rotos

El ciclo de antisemitismo que invadía Europa en los años treinta del siglo pasado subrayaba la necesidad de una patria segura para millones de seres que en el sufrimiento de dos mil años de dispersión habían insistido en seguir siendo judíos. Palestina no era ya una ficción sino una realidad que debía materializarse todavía con mucho sacrificio. A través de sus organizaciones en Alemania, los judíos habían descubierto la inminencia del nuevo peligro. Los nazis acuñaban una terrible palabra que no dejaba lugar a dudas de su designio.

En los discursos del führer y en la propaganda de Goebbels, “vernichtung”—aniquilación—se oía siempre. Los pogromos que estremecieron las poblaciones alemanas y austriacas todo el día y la noche del 10 de noviembre de 1938, y que ha pasado a la historia como “La noche de los cristales rotos”, fue solo un anticipo de lo que esperaba a las comunidades judías del continente.

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El feo rostro del subdesarrollo

Los cinturones de miseria se han expandido por todas las capitales de esta parte del mundo en desarrollo. Es el gran legado común del atraso y la corrupción que ha caracterizado el ejercicio político en nuestros países.

Hispanoamérica posee en conjunto uno de los mayores potenciales energéticos, hidráulicos, minerales y agrícolas del mundo. No obstante, el desempleo, el analfabetismo, la insalubridad y la falta total de identidad son sólo algunas de las dificultades todavía lejos de ser resueltas.

Los empeños por encontrar solución a esos problemas al través del esfuerzo conjunto han fracasado. La Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) que una vez simbolizó el sueño iluso de una América hispana grande, unida, próspera y solidaria, se desvaneció en medio de la apatía, el cansancio y la desilusión. Igual ocurrió con otros esfuerzos de integración subregional. La cruda realidad nos lleva ahora con mejores expectativas hacia un libre comercio con los Estados Unidos, dejando atrás décadas de prejuicio y populismo.

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Los reyes del transporte

El transporte público es uno de los grandes problemas del país y parece que lo seguirá siendo todavía.

Con el tiempo el problema se ha hecho mayor, y se ha convertido en una perfecta calamidad cotidiana para la mayoría de los ciudadanos que residen en las principales ciudades. La forma en que conducen estos señores del concho—uno de los últimos reductos del surrealismo criollo—y los de las llamadas “voladoras”, que parecen extraídas de las páginas de una horripilante novela de terror, constituyen un verdadero peligro público.

No hay autoridad para esa gente. Las luces de los semáforos sólo cuentan aparentemente para los conductores privados. Los de automóviles y autobuses públicos, pequeños, medianos y grandes, cruzan a enormes velocidades las señales de paro ante la indiferencia de los agentes de la autoridad llamados a regular el servicio, tan celosos, sin embargo, al uso de los teléfonos celulares en los vehículos privados.

Ni hablar de los motoristas. Llegan por manadas a las esquinas, la copan, entrecruzándose entre un vehículo y otro en fascinante y demencial exhibición de desprecio a las leyes de tránsito, y provocan incontables accidentes día tras día. Para ellos, las señales de una vía o de pare no existen. Para los agentes parecería como si esos conductores no estuvieran ceñidos a los mismos reglamentos que los demás.

Nadie en este país ha podido organizar a los sindicatos del transporte público, que se pelean con extremada violencia en las calles, sin importarles la seguridad de quienes usan ese servicio. Ni siquiera en los aeropuertos estos señores del transporte se ajustan a las normas de organización y buena conducta.

Ninguna autoridad ha podido lograr incluso que estos gremialistas acepten la colocación de tablillas de identificación, lo que se hace cada vez más necesario ante el auge de la criminalidad y el deterioro del clima de seguridad ciudadana.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

El oscuro dinero en las campañas

Si se llegara al ideal de transparentar el financiamiento de las campañas electorales, dudo que el país pueda ser el mismo y que los partidos y líderes reclamantes resulten ilesos. La demanda sobre el uso de dinero de dudosa procedencia en campañas se centra principalmente sobre dos de las tres últimas para cuestionar sus resultados. Pero para nadie sería extraño que algunos sanedrines de la política dominicana pierdan la virginidad si llegara a lograrse esa meta, porque si algo se acepta como una verdad inconmovible como el pico Duarte es que el dinero llega a todas partes, en proporción a las posibilidades de partidos y candidatos.

De manera pues que con toda seguridad, y muy pocas excepciones, la transparencia relacionada con el financiamiento de las campañas dejaría al país estupefacto, y no encuentro otra palabra para describir la sensación que sentiríamos en caso de que ese necesario ejercicio de moralización política se hiciera sin prejuicios y, por supuesto, sin excepción alguna.

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El obsceno lenguaje castrista

Sesenta y seis años después del triunfo de la revolución, la tiranía surgida de ese movimiento rebelde sigue llamando a sus adversarios, dentro y fuera de Cuba, con el epíteto de “gusano”. El léxico castrista denota no sólo una falta absoluta de imaginación, sino también una abominable ausencia de contenido.

En seis décadas y media la revolución ha sido incapaz siquiera de modificar su retórica, llena de lugares comunes y de consignas, con los que enfrenta la oposición a las terribles realidades de pobreza, marginación y atraso en que los hermanos Castro sumieron al pueblo cubano.

Para que se tenga una idea de tan deprimente escasez de argumento, el diario Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, y vocero del gobierno, al referirse hace ya unos años a una película aparentemente crítica del régimen titula su reacción de la manera siguiente: “Rosa y el ajusticiador del canalla. Otra canallada propagandística de la gusanera y la C.I.A.”. Más abajo, como segunda información de la fecha, mayo del 2010, Granma dice: “Una judía octogenaria y un gusano delincuente”. Y nada ha cambiado desde entonces.

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