La esencia de la democracia

La democracia requiere de hombres y mujeres capaces de juzgar y decidir con independencia. Bien entendida y conocida a fondo, no propicia ni tolera a través de la educación partidismo de ningún tipo, ni la creación de patrones de conducta de indiferencia frente a los valores. Lo primordial es enseñarle al ciudadano a adquirir conciencia de su propia dignidad y del alcance de la libertad, a fin de que conozca a plenitud sus derechos y aprenda a ser tolerante y entienda el valor de su apoyo a un Estado social de derecho.

En cuanto a la religión, la libertad plena presupone el derecho a encontrar el sentido de la vida, por lo que nadie debe ser obligado a aceptar una perspectiva ética o religiosa. La escuela y el sistema de enseñanza no deben forzar a que se crea o acepte a Dios y mucho menos que se abrace una religión determinada.

Tenemos necesidad de propiciar un sistema educativo que transmita, más que conocimiento simple, una conciencia histórica. Lo contrario, la idea de una orientación ideológica o religiosa a través de la educación dirigida, ya sea por el Estado, como es el caso de Cuba y lo fue el de la antigua Unión Soviética, o por grupos y castas religiosas o políticas, conduce irremisiblemente al tutelaje intelectual, con efectos terribles sobre la sociedad en general. Leer más de esta entrada

La doctrina socialcristiana

En un encuentro reciente con universitarios, en mi condición de presidente de la Fundación Democracia y Libre Empresa (FUNDALIBRE), dije que la sociedad tiene la obligación de crear mecanismos de defensa y protección de los más débiles. Un sistema de oportunidades, añadí, tendería a reducir los terribles niveles de desigualdad que caracterizan la relación entre los individuos en el país y que en el campo de la promoción y la dignidad humana estamos muy a la zaga de las conquistas en el área de las libertades políticas.

Sin entender la vinculación me preguntaron si era socialcristiano, a lo que respondí diciendo que si bien no pertenezco a ningún partido, mis concepciones sobre el mundo tienen cierta similitud con los planteamientos de una real democracia cristiana, a excepción de lo religioso. La comprensión que tengo de esta doctrina es lo que me ha hecho comprender cuán lejos se encuentran los socialcristianos dominicanos de ella. Leer más de esta entrada

Juan Bolívar y Uno más Uno

Uno más Uno, el programa informativo que dirige el periodista Juan Bolívar Díaz, celebró este lunes sus primeros treinta años de servicio a la comunidad. El espacio lleva, desde el primer día, el sello inconfundible de su recia personalidad y ha sido siempre una oportunidad abierta a la discusión libre y franca de las ideas. La celebración misma es un reconocimiento a la integridad y perseverancia de un hombre apegado tercamente a su visión del mundo y a su compromiso con las libertades públicas. Pero es también un reconocimiento a la tolerancia de aquellos que en el gobierno lo aceptan como un aporte al crecimiento de la institucionalidad democrática de la nación.

Juan Bolívar y Uno más Uno han sido siempre tenaces críticos de los excesos, a nivel público como privado. En una sociedad democrática ese papel es fundamental y en determinadas circunstancias reemplazo de la debilidad institucional que todavía padecemos. Sus relaciones con la autoridad pública ha sido, a lo largo de la existencia del programa y de su ejercicio profesional, un modelo de coexistencia civilizada. Leer más de esta entrada

La técnica para evitar acuerdos

Semanas después de la ocupación soviética de Checoslovaquia, uno de los partidos comunistas que existían clandestinamente en el país, divulgó un comunicado de respaldo a la intervención en el que también se condenaba “al gobierno yanki-balaguerista de Alexander Dubcek”. En aquella época de guerra fría, era frecuente leer en los diarios toda clase de vituperios contra el régimen “Truji-Johnson” de Israel y cualquier otro con tendencia a valorar sus vínculos con los Estados Unidos.

La “genialidad” de esos grupos se daba más pronunciadamente en sus demandas al gobierno. Por años conservé recortes en los que esos grupos aparecían pidiendo, como condición para poner fin a una huelga contra el presidente Balaguer, la liberación de los presos políticos en la Nicaragua de Somoza, la retirada israelí de los territorios ocupados en la Cisjordania y el cese de la represión en Corea del Sur. Recrearlos ahora resulta divertido. Pero por muy alocadas que parezcan, no siempre estas extravagancias eran fruto de la ignorancia o de un pobre conocimiento de la realidad internacional.  Leer más de esta entrada

Haití y la comunidad internacional

Días después del terremoto en Haití escribí que el desastre era de tal magnitud que no bastaría con la ayuda humanitaria que solidariamente se enviaba desde el país y otras partes del mundo, para contribuir a aliviar el sufrimiento de millones de haitianos.

Se hacía necesario un esfuerzo de la comunidad internacional que trascendiera el plazo en que la tragedia dominara los titulares y la atención de la prensa mundial. Un esfuerzo gigantesco que sobreviviera al entusiasmo inicial que el sentido de la solidaridad humana volcaba en esos días sobre esa nación.

Siete años después se hace indispensable todavía una acción gigantesca a favor de esa empobrecida y golpeada nación; un esfuerzo colectivo de larga duración, similar al dolor y al sufrimiento causado por el fenómeno. Lo que Haití requiere es un plan como el que Estados Unidos llevó a cabo para salvar a Japón y Europa de la destrucción de la guerra. Leer más de esta entrada

Los intereses petroleros en Medio Oriente

Las grandes compañías petroleras del Reino Unido, Estados Unidos, Holanda y otras naciones industrializadas, no respaldaron la creación del Estado judío. Por el contrario, se le opusieron fervientemente. Los gigantes consorcios petroleros, bien asentados en Arabia Saudita, Libia y los Emiratos Árabes, abrigaban temores de que la materialización del sueño sionista promoviera sentimientos nacionalistas en el vasto mundo islámico que a la postre afectaría sus intereses y fabulosas ganancias.

Con la complacencia de ambiciosos y corruptos jequezuelos, las compañías petroleras habían logrado excelentes condiciones en contratos de explotación de crudo en casi todas las naciones árabes y la terquedad de los judíos de convertirse en una nación soberana amenazaba entonces su posición en el Medio Oriente. Existen infinidad de documentos, libros, memorandos y otros testimonios que prueban la conspiración de los grandes consorcios y compañías petroleras para frustrar la partición de Palestina y la creación allí de dos estados independientes, el que se ha convertido en el moderno Israel y el que hubiera podido ser un estado árabe palestino, tal y como establecía la resolución de Naciones Unidas. Leer más de esta entrada

En el fondo del problema

Israel, contrario a lo que se vende, no es el resultado de una imposición imperialista en el Medio Oriente. Más bien nació y creció contra la voluntad de los grandes intereses petroleros de Estados Unidos y otras potencias coloniales. Inglaterra era entonces el gran poder colonial en el Levante. La Unión Soviética defendió el derecho de los judíos de formar una nación y vivir en paz dentro de fronteras seguras, porque entendía que la creación de un Estado sionista constituiría un factor de deterioro de la influencia británica en la región, pues ya los judíos habían combatido el poder colonial de Londres. Estaba además la desconfianza que los señores feudales y jeques petroleros árabes infundían en el mundo comunista.

Las naciones árabes, especialmente Egipto y Siria, habían colaborado estrechamente con la Alemania nazi. Stalin y otros líderes de la Europa oriental, que apenas comenzaba a emerger de las ruinas de la guerra, tenían fresca en su memoria el hecho de que comandos musulmanes habían luchado dentro del ejército alemán en el Este de Europa. Leer más de esta entrada

El octavo pecado capital

Tomás de Aquino definió los pecados capitales como aquellos vicios “a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada”. De acuerdo con la literatura católica son siete: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia. Se le llaman capitales no tanto en razón de su gravedad, sino porque cualquiera de ellos puede originar otros males o pecados condenados por la moral cristiana. Cuentan que una vez se dio a elegir a un príncipe de la Iglesia entre los siete y escogió el segundo, la gula, caracterizada por la glotonería, el excesivo consumo de comida y alcohol, creyendo que era el menor. Así tentando al demonio asociado, Belcebú, se emborrachó y cometió los otros seis.

En el Catecismo se reconocen siete virtudes, antítesis de los pecados, como son la humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia. La enumeración de unos y otros nos revelan muchas veces las causas del deterioro de la política dominicana, en los que resulta fácil observar la comisión cotidiana de los siete capitales con una ausencia casi absoluta de sus virtudes, por más misas a las que asistan los 21 de enero y los 24 de septiembre. Leer más de esta entrada