El oficio de columnista

Fuera Oscar Wilde o José María Vargas Vila quien dijera que es “más fácil esclavizar el alma de un hombre libre que liberar la de un esclavo”, poco importa para los fines de esta entrega, porque la obligación de redactar una columna diaria puede ser una forma benigna de esclavitud de la que no he podido liberarme por dos o tres semanas para irme de vacaciones.

El oficio de columnista no es tan difícil, pero tampoco fácil como parece, especialmente si se hace a diario, como he venido haciendo desde septiembre de 1978, porque se tocan muchos callos y se corre el riesgo de lastimar a gente a quien se quiere y admira. En los 41 años y cuatro meses como columnista he publicado alrededor de 14,000 artículos, la mayoría de ellos críticos del poder y de denuncias sobre malas actuaciones en el sector público y el único mérito que reclamo por el esfuerzo es el no haber incurrido en un desatino que motivara alguna demanda, como ocurre a menudo en nuestro ambiente político y social contra colegas de más talento. Leer más de esta entrada

De mis lectores favoritos

Hay gente fanática que no tolera ideas distintas a las suyas. Pero si los periodistas tenemos el derecho a ejercer la crítica, no podemos negarles a los demás ese derecho. En mi caso había un lector que decía llamarse Radhamés que me regalaba unos soberbios correos electrónicos a una dirección del diario que me hacían llegar desde allí para mi profundo deleite. El personaje era un apasionado de la revolución cubana y un enamorado de Chávez. Sus modales eran los de un auténtico y típico entusiasta de esos dos procesos. En el fondo el tipo no me desagradaba aunque sus mensajes críticos de mis columnas, especialmente cuando me refería a Castro y al coronel, tenían por lo general un tono amenazante.

El último de sus mensajes demostraba la genialidad del tipo. Su habilidad para asociar cualquier tema que uno abordara con los objetos de su fascinación. Se quejaba que el término evacuar, que critiqué en una columna, es de uso correcto en el léxico jurídico, por lo que debo suponer que el tío, como dicen los españoles, es o era también abogado. Y en uno de sus más caritativos comentarios agregaba lo siguiente (le cito): “Tan correcto como cuando se dice que usted (se refiere a mi) evacua sus fétidos artículos contra la limpia hoja política e histórica de las revoluciones cubana y venezolana y sus líderes”, y seguía con otros primores que no me atrevo a reproducir en beneficio suyo. Leer más de esta entrada

Por encima de las diferencias

Cuando leía a César Medina, lo que hacía cada día por su estilo depurado, directo, sin oropeles, de impecable prosa, me asaltaba siempre una pregunta que me llenaba de inquietud. Y por más que reflexiono, todavía no acabo de entender la razón por la que en nuestro país se hace tan difícil que los grupos de decisión dejen a un lado sus diferencias en pro de un gran acuerdo que allane el camino hacia el futuro, si entre César y yo alcanzamos un alto nivel de afecto y respeto profesional por encima de las nuestras, que eran muchas.

Muchos de mis amigos, con los que mejor me siento, disienten por lo general de mis criterios y no tengo una visión más aburrida de una velada que aquella en las que todos piensen del mismo modo. Pero la terquedad con que en nuestro país se impone la irracionalidad en la discusión de los temas básicos y se convierten en irreconciliables los desacuerdos más insignificantes, me dice que el liderazgo nacional, en todos los estamentos de la sociedad dominicana, se divierte echando gasolina al fuego sólo para ver qué ocurre.

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¡Perdónalos Señor!

A Lenin se atribuye haber dicho que el comerciante “vende la soga con la cual después se le ahorcaría”. La frase es a propósito de declaraciones publicadas en la prensa de comerciantes quejándose de las ventas en el periodo navideño. Cuando leí el lamento exclamé: ¡Perdónalos señor!”, porque las calles de la ciudad estaban imposibles con el aumento sin precedentes del tránsito e interminables tapones de gente saliendo y entrando a los centros comerciales.

“¡Perdónales Señor!”, volví a decirme, porque en las tiendas abarrotadas de gente disputándose mercancías apenas se podía caminar y las largas filas ante las cajas duraban fastidiosas horas, desde muy temprano en la mañana hasta tarde en la noche, los siete días de la semana, especialmente en los supermercados y otros negocios de alimentos y bebidas, e incluso de baratijas y de regalos. “¡Perdónalos Señor!”, porque nunca se habían vendido tantos vehículos de motor en las ferias financiadas por los bancos en los últimos tres meses y no había que joder tanto, excúsenme por favor el término, para conseguir reservación de mesa en un buen restaurante o de un salón de hotel para una fiesta navideña, fuera de semana laboral o fin de semana. Leer más de esta entrada

Para comenzar el año

No hay ni habrá gobiernos enteramente buenos como tampoco totalmente malos. Por tal razón las acciones gubernamentales deberían ser juzgadas por su valor, por lo que representan en sí mismas para el bien común. Es un error desestimar, por ejemplo, políticas educativas o en el ámbito de la salud que tiendan a solucionar problemas ancestrales en ambas áreas sólo porque no me agrada el gobierno o simplemente porque el éxito de la administración pudiera afectar las posibilidades del partido en que milito. El éxito de una administración sienta las bases del éxito del gobierno que lo reemplace. Aunque hablo de una situación ideal, se supone que esa es precisamente la meta que perseguimos.

Ha llamado la atención en las redes mi endoso a la campaña educativa de la Presidencia y del Ministerio de Obras Públicas para prevenir los accidentes de tránsito y reducir así las muertes por esa causa. Las estadísticas nos indican que las muertes en carreteras y calles de nuestras ciudades por el manejo imprudente superan las de por enfermedades cardiovasculares y otras causas. Mi esposa y yo pudimos haber muertos en febrero del 2014 en un accidente aparatoso cuando fuimos embestidos por detrás por un vehículo conducido a una velocidad espantosa. Muchos otros no han tenido la misma suerte. Leer más de esta entrada

El país debe ser agenda común

Ningún país ha sentado las bases firmes del desarrollo, sin una participación activa y decidida de sus sectores productivos. Sus opiniones son de indiscutible valor para la formulación de las políticas económicas y la toma de decisiones especialmente en periodos electorales donde se apuesta erróneamente al fracaso del gobierno para escalar el poder.

Son muchos los desafíos y más las dificultades a las que tendremos que hacer frente como nación en lo inmediato y en el futuro cercano. Un conjunto de factores externos, ajenos a nuestros deseos y voluntades más los problemas por todos conocidos en la economía nacional, harán necesarias medidas y políticas dirigidas a aumentar los niveles de productividad, eliminando así el exceso de burocratismo que traba el crecimiento y la iniciativa privada. Es el camino más corto, seguro y, sobre todo, el menos costoso, para enfrentar los vientos que en situaciones de incertidumbre en el ámbito internacional pudieran amenazar nuestra estabilidad económica. Leer más de esta entrada

Beethoven y Bonaparte

De todas las obras del genial compositor alemán Luidwig Van Bethoven, ninguna tuvo el impacto que la Tercera Sinfonía, La Heroica, en Mi bemol mayor, opus 55, que al decir de los expertos marcó el comienzo del romanticismo musical, rompiendo con los cánones del tradicional clasicismo de su época.

Esta obra, que Beethoven dedicó inicialmente a Napoleón Bonaparte, no fue bien recibida tras su estreno en Viena en 1805, bajo su dirección. Sus críticos, que no resistían su temperamento apasionado y agrio, la calificaron de excesivamente larga, inconsistente y aburrida.

La obra le había costado al autor dos años de arduo trabajo. Cuando Bonaparte se proclamó emperador en 1804, Beethoven rayó el nombre con enfado y sustituyó el segundo movimiento, “La marcha triunfal”, por una marcha fúnebre, y llevó después ese segundo movimiento al último de su Quinta Sinfonía. Cuando la obra fue posteriormente publicada, en 1806, le dio el título de “Sinfonía Heroica compuesta para celebrar el recuerdo de un gran hombre”, para mostrar así su desencanto con el restablecimiento del imperio francés. Leer más de esta entrada

¡Patria o muerte, venceremos!

La izquierda latinoamericana, todavía sembrada en la guerra fría, no escatima esfuerzos para desacreditar la inversión extranjera en los países democráticos, pero guarda un sospechoso silencio frente a las cada vez mayores concesiones del gobierno castrista para atraerse capital foráneo, que aumentaron con el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos.

Muchas de esas concesiones serían difíciles de imaginar aún en aquellas naciones en donde, según esa izquierda, existen regímenes de extrema derecha, sometidos a la voluntad del poder imperial estadounidense. Han sido muy escasos los grandes proyectos de inversión emprendidos en la República Dominicana, para citar un ejemplo, en los que esos grupos no se hayan movilizados para desacreditarlos y motorizar campañas de opinión con el propósito de ahuyentarlos. Por fortuna para el castrismo, en Cuba no existe esa izquierda, y por supuesto no se la permite y ni el más convencido de los comunistas se atrevería a oponerse a los planes de atracción de capital foráneo para resolver, por vías del capitalismo, las fallas de la revolución socialista, que tras sesenta años de tiranía mantiene a Cuba en la más humillante pobreza. Leer más de esta entrada