La historia detrás de una revolución (2 de 2)

En nuestra entrega del sábado, señalábamos cómo a base de infinidad de mitos se atribuyó a la sociedad comunista un proceso permanente de evolución social que en realidad nunca poseyó, ni en la Unión Soviética ni en ningún otro lugar. El carácter heroico otorgado a los movimientos revolucionarios marxistas era y continúa siendo una de las leyendas más propaladas.

Sin embargo, el heroísmo y el sacrificio extremo como se cuentan en las historias oficiales de esos movimientos, no fueron las notas descollantes en muchos de esos procesos revolucionarios. La colectivización, que provocó más de veinte millones de muertos, fue el paso crucial para la consolidación de la revolución bolchevique y es imposible encontrar en ese proceso negro de la historia soviética algún rasgo de humanidad o algo que la justifique, que no sea la ganancia del poder por parte de Stalin y sus colaboradores, convertidos en su tiempo en los nuevos zares de Rusia. Finalmente, la sociedad que pretendía ser perfecta e igualitaria se derrumbó en Rusia por efecto de sus propias contradicciones y carácter totalitario, no a consecuencia de una conspiración exterior del occidente capitalista. Leer más de esta entrada

La historia detrás de una revolución (1 de 2)

La noche del 7 de noviembre de 1917 (octubre en el calendario adoptado después por los bolcheviques), unas dos horas después de que el crucero Aurora disparara su primera descarga en blanco contra el Palacio de Invierno de Petrogrado (después Leningrado y ahora San Petesburgo) y una hora escasa después de que el batallón de mujeres que lo defendía entregara sus armas, el buque disparó nuevamente contra el edificio en que se encontraban los ministros del gobierno provisional de Alejandro Kerenski.

El historiador Robert K. Massie, describe esos momentos cruciales de la historia de la humanidad: “A las once, otras treinta o cuarenta descargas silbaron sobre el río desde las baterías de la Fortaleza de Pedro y Pablo. Sólo dos proyectiles tocaron levemente el palacio dañando el revoque. De todos modos, a las dos de la mañana del 8 de noviembre, los ministros se entregaron”.

Según lo explica Massie, esta escaramuza fue la revolución bolchevique de noviembre, la cual a su juicio, fue más adelante “magnificada en la mitología comunista como una lucha épica y heroica”. Lo cierto es que la vida en la capital rusa apenas se alteró. El historiador destaca que “los restaurantes, las tiendas y los cines sobre la Perspectiva Nevski siguieron abiertos. Los tranvías funcionaron como siempre en casi toda la ciudad y el ballet actuó en el Teatro Marynki. En la tarde del día 7, de acuerdo con Massie, sir George Buchanan, embajador inglés, “caminaba en las cercanías del Palacio de Invierno y vio que el aspecto del muelle era más o menos normal”.

La narración sirve para demostrar que la historia de la revolución soviética, como la de casi todo el movimiento comunista, estuvo edificada sobre un legado de mentiras y medias verdades. Con ellas se crearon una serie de “verdades históricas” para sostener el mito con el cual, durante décadas se cautivó a la juventud en todo el mundo.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

Tema para un debate académico (y 3)

Es evidente, siguiendo con el tema de las últimas entregas, que muchos escritores y académicos no comparten mis puntos de vista sobre el valor del testimonio personal en la narración de los hechos de valor histórico. Y así se han encargado de hacérmelo saber. Sin embargo, me parece absurdo que en la narración de acontecimientos recientes, los estudiosos de un tema menosprecien el valor documental del testimonio personal; las versiones de aquellos que en su momento formaron parte de los hechos y basen su relato sobre la base única de documentos de archivo que pueden ser tan falsos o inexactos como la versión más descabellada de un presunto testigo presencial.

El rigor reside en la armonía, en la justa conjugación de todos los recursos de que pueda disponer un autor en relación con el pasado. Se apela por lo regular al calificativo de periodismo histórico o historia periodística para referirse a todo relato referente a hechos recientes de nuestra historia, como si sólo lo muy lejano en el tiempo pudiera ser considerado como parte de la historia. Leer más de esta entrada

Tema para un debate académico (2)

Una información falsa o inexacta puede ser mañana un documento de consulta. Una parte de los papeles encontrados en archivos extranjeros y nacionales sobre los que se han escrito infinidad de libros relativos a episodios de nuestra historia reciente, están llenos de inexactitudes y prejuicios. En modo alguno pretendo invalidar el uso de este recurso. Pero es injusto rechazar que bajo ciertas circunstancias el testimonio personal tiene tanto o más valor que el documento escrito. Los calificativos de género no le restan importancia ni valor a la investigación. Lo primero que deberíamos establecer es qué persigue un autor al escoger entre los métodos. Habrá quienes escriban para obras de consulta o textos para escuelas y universidades. Son los que llenan sus obras de referencias bibliográficas y citas de otros autores para sustentar opiniones o pasajes de sus propios relatos, sin tomar en cuenta muchas veces la legitimidad de las fuentes en que aquellos basaron sus propios textos.

Otros escriben pensando fundamentalmente en los lectores. Figuran aquí los que optan por la narración fluida y amena, que toma en cuenta la experiencia personal de los protagonistas o de aquellos que de manera fortuita aparecen en un lugar o en una hora en que la historia hace sonar su claxon para perpetuar un momento, que puede ser tan fugaz como un suspiro, o tan duradero como la injusticia humana. Leer más de esta entrada

Tema para un debate académico (1)

Muchos escritores cuestionan el tipo de narración que cuenta la historia a través del testimonio de sus protagonistas. Con evidente desdén, encasillan ese estilo de narración con el nombre de “periodismo histórico o historia periodística”. El calificativo encierra un gran prejuicio sobre una manera de contar la historia.
La creencia entre muchos de ellos es que los elementos de color en la narración, la parte anecdótica detrás de todo relato histórico le despoja de su rigor académico.

Hay distintas maneras de exponer la historia. Muchos académicos se aferran al método simple de la cronología y han hecho del relato histórico una de las formas más aburridas de la literatura. También hay quienes sostienen que el rigor del relato, riñe con la amenidad. Para ellos la única vía para la narración exacta o correcta de los hechos descansa en la reproducción textual de los documentos disponibles en los archivos o las referencias a lo que otros ya antes han relatado o descubierto. Todo lo que no se ciñe a estas reglas por lo tanto no es historia. Leer más de esta entrada

El feudalismo ideológico

Hay gente empeñada todavía en la ilusión de que el marxismo es un método eficaz de análisis de la realidad social. Estos dignos herederos del feudalismo ideológico, se empecinan en la idea de que el materialismo histórico es una regla infalible para predecir el curso de los procesos sociales. Tal obstinación les dificulta una visión justa de la realidad y de sus posibilidades inmediatas. Lenin fue incapaz de evaluar en su justa perspectiva la realidad rusa en las postrimerías de la lucha contra el zarismo. El líder bolchevique era escéptico respecto a las posibilidades de un triunfo revolucionario, en momentos en que la monarquía agonizaba.

Unas semanas antes de la abdicación de Nicolás II, Lenin había dicho, abatido por la desilusión en su exilio en Suiza, que no creía en las perspectivas de una victoria cercana. Exactamente el 22 de enero de 1917 declaró en una reunión pública: “los hombres mayores no viviremos para ver las batallas decisivas de la revolución”. A mediados de marzo de ese mismo año, la Duma o parlamento asumió el poder logrando no sólo la renuncia del zar Nicolás, sino también la de su heredero, el pequeño Alexis, enfermo de hemofilia. De manera que a las puertas de su caída, Lenin fue incapaz de prever el fin de la dinastía Romanov.

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Ocho años después

El 2 de febrero de 2010 escribí: “Inevitablemente llegará el día en que la atención internacional sobre Haití disminuirá hasta un punto en que la ayuda humanitaria descrecerá, los médicos y socorristas volverán a sus países y los haitianos tendrán que hacer frente a la tragedia en medio de la soledad que siempre sigue a los infortunios. El momento justo para el cual, los dominicanos, debemos estar preparados, porque vendría acompañado de las réplicas que aún no han sacudido el suelo nativo y que se manifestará, si llegara a ocurrir, en avalanchas masivas de huérfanos y damnificados buscando lo que ya no podrían conseguir en Haití”.

A mediados de abril de ese año se realizó en esta capital una conferencia para coordinar la ayuda que la comunidad internacional estaba dispuesta a prestar a la vecina nación en el corto, mediano y largo plazos. De esos compromisos y de la voluntad no demostrada todavía para cumplir con los objetivos de la recuperación haitiana, dependerá que el inevitable momento del olvido no termine de derrumbar las esperanzas que el sismo dejó débilmente en pie, sobre cimientos erosionados por la furia de la sacudida. Leer más de esta entrada

El sentido real de la libre empresa (y 2)

Un costoso error de concepción estriba en considerar la libre empresa sólo como el derecho a hacer negocios y no como todo un conjunto estructural para estimular el desarrollo de la libre iniciativa individual y garantizar el derecho de los consumidores.
La especulación le hace un daño enorme a la libre empresa.
Principalmente, porque se ha intentado, y se sigue inexplicablemente asociándola al sistema mismo, como algo natural y congénito a él, y porque, además, se han querido desacreditar las débiles campañas contra esa aberración pretendiéndola señalar como ataques al sistema mismo y no como una acción legítima de defensa social contra los especuladores.

Para muchos empresarios, desafortunadamente, el régimen funciona en la medida en que se muestra tolerante contra el abuso y el afán desmedido de lucro. Y, naturalmente, deja de funcionar o no existe desde el momento mismo en que se ponen en movimiento normas o mecanismos para proteger a la comunidad de acciones vandálicas contrarias a la ley y a la más elemental ética comercial o profesional. Leer más de esta entrada