Años después de su partida

Cuando mi padre murió, aquella triste y plomiza tarde de mayo, lo que proporcionó el valor necesario para soportar la tragedia enorme que se abatía sobre nosotros, no fue más que la inmensa sensación de pequeñez que de mí mismo y de mis hermanos, reflejó su muerte. La verdadera grandeza de su existencia estaba no en sus muchos logros personales, mezclados con similares tropiezos y desencantos que hicieron de su vida una extraña conjugación de éxitos y fracasos que terminaron por abatirle cuando ya le faltaban fuerzas físicas para enfrentar las tempestades, sino en la sencillez de su corazón y en su increíble percepción para captar la esencia pura de la existencia humana en la más intrascendente de la escenas cotidianas.

Tras su expresión adusta y severa flotaba un corazón tan dulce como la miel. Había luchado contra viento y marea y confrontado las peores vicisitudes en la formación de la más grande y exitosa de sus empresas personales, que era su familia, y sin embargo había logrado proteger las fibras esenciales de su corazón, al punto de poder encenderse interiormente ante el esplendor de una naciente flor o las lágrimas de un niño hambriento. Leer más de esta entrada

No todos son corruptos o ladrones

Por las redes, en periódicos escritos y digitales y en programas de radio y televisión se lee y escucha a cualquiera llamar ladrón o corrupto a políticos, empresarios e incluso a periodistas, sin prueba alguna. La práctica se hace más extensiva cada día y parece encaminada a convertirse en un modelo exitoso de periodismo; el que la descomposición social que sufre el país necesita, dirían sus defensores.

Es cierto que en el país hay mucha corrupción pero esta no es cosa nueva en la historia nacional. Como también es verdad que la protección legal que la protege es parte del quehacer político y empresarial desde la misma fundación de la República. Es importante para la salud de la nación que la sociedad se empodere y presione a favor de acciones severas contra ese terrible flagelo. Lo que no es cierto es que todos los funcionarios, políticos y empresarios sean ladrones y corruptos. Y no establecer la diferencia cuando se aborda el tema de la corrupción es una terrible injusticia contra todos aquellos que ejercen con dignidad una función pública o un negocio legítimo. Leer más de esta entrada

El voto de rechazo en la boleta

Un grupo de ciudadanos solicitó en diciembre de 2009 a la Junta Central Electoral la inclusión de un recuadro en la boleta electoral que permitiera a los electores expresar su rechazo por las opciones de los partidos. No se trataba solo de una modalidad del voto en contra. Por el contrario, se pretendía con ello de evitar precisamente el llamado sufragio negativo o el voto por el “menos malo”, que a la postre, eliminados los que se creían peores, deja al supuesto menos malo como el único malo, con un nivel de legitimidad que luego propicia la clase de latrocinio propias y conocidas del quehacer político.

En aquella ocasión el presidente de la junta, hizo público su desagrado por la iniciativa emitiendo opiniones que pesaron negativamente en la decisión final del pleno del organismo, sin tomarse siquiera el tiempo para ponderarla en respeto al derecho de los electores de escoger con plena conciencia y libertad a sus gobernantes.

Al calificar de antidemocrática la solicitud, el presidente de la junta de entonces asumió un criterio muy particular de lo que ella representa. Leer más de esta entrada

El dilema al que nos enfrentamos

Cuando pienso en el retiro, presiento que ese día me enfrentaría a una decisión difícil. Ante la imperiosa necesidad de dedicar cada minuto de lo que me reste de vida útil a la búsqueda de solución de los problemas materiales del diario quehacer familiar, sufriría probablemente la impresión de que dilaté por demasiado tiempo la sabia decisión de echar a un lado todos los pasatiempos improductivos. Uno de ellos, la columna diaria que he mantenido en este periódico desde septiembre de 1978, con muy ligeras y breves interrupciones, la más prolongada de las cuales ocurrió con las transformaciones que hicieron de El Caribe el modelo de periodismo que actualmente es, para dicha de sus lectores.

Admitiría que la experiencia de tantos años resultó muy grata y aleccionadora y el recuerdo conspiraría para hacer la retirada más odiosa y torturante. Lo que finalmente me impulsaría a hacerlo podría ser la convicción de cuán importante es llegar a darse cuenta del momento de dejarle el paso a los que vienen detrás. Al país le esperarán desafíos muy difíciles y se necesitarán voces dispuestas a asumir los riesgos de alertar sobre los peligros que traigan consigo los vendavales que inevitablemente se otearán en el horizonte. Leer más de esta entrada

No hay marcha atrás o reversa

En los sitios donde voy suelen preguntarme, con angustia unos y mera curiosidad los demás, qué podría esperarse del proceso electoral, si será violento o si la oposición recuperará el gobierno.

Cuando me formulan este tipo de inquietud, especialmente si estoy fuera del país ajeno a lo que diariamente acontece, suelo recordarles que no soy adivino por lo que no puedo leer el futuro ni anticiparme a los hechos. Y al igual como ocurre en una partida de ajedrez, las posibilidades de los jugadores políticos se analizan a partir de la posición, no en base a especulaciones respecto a lo que hará uno o piensa hacer el otro. Sobre esa base, en los meses recientes suelo responder a esas interrogantes de que aún es prematuro para hacer predicciones y que todo dependerá de cómo opere el proceso de reconciliación en el PLD y de igual manera en la esfera de oposición, donde los disgustos pueden jugar un papel determinante, y principalmente cuando quede definido el cuadro electoral, con la elección del candidato del partido gobernante. Leer más de esta entrada

“¡Escoged un papa católico!”

En su libro “El Pontífice: un asesino para tres papas”, Gordon Thomas y Max Gordon-Witts relatan que tras la muerte de Pablo VI, a comienzos de agosto de 1978, mientras esperaban por la elección del nuevo custodio de las llaves de San Pedro, las turbamultas reunidas en las plazas de Roma y el Vaticano, mostraban letreros con una rogativa: “¡Escoged un Papa católico!”

Las multitudes de Roma querían significar con su demanda de un “Papa católico”, el ascenso de un hombre más consciente de sus deberes pastorales, que comprometiera a la iglesia con los pobres. Anhelaban un Papa para todo el mundo, no solamente para los católicos. Un líder que al mismo tiempo no pretendiera consuelos o fórmulas cristianas para aquellos que no lo eran. Un hombre, en definitiva, que supiera sonreír y pudiera penetrar así más fácilmente el alma de los hombres y atender sus inquietudes.

Era que la encíclica “Humanae Vitae” había distanciado al Vaticano de los fieles, al mantener la inflexibilidad sobre un tema tan anhelante como el de la planificación familiar. Leer más de esta entrada

Cuando de “intereses” se trata

Con frecuencia se escucha hablar a los dirigentes nacionales acerca del “interés general”, al resaltar la importancia de privilegiar a la mayoría con respecto a las elites económicas dominantes. La frase tiene bella resonancia pero el uso dado a la misma es una repudiable distorsión de su alcance y significado. El interés general no es necesariamente excluyente ni contrario al interés de esas minorías. En esencia, el interés colectivo, general o como quiera llamársele, no es más que el conjunto o suma de los intereses legítimos particulares de todos los miembros de la sociedad.

Al igual que los intereses de los más pobres, los de los ricos son también parte del interés general de la nación. Las grandes naciones, no necesariamente grandes por su tamaño, no hacen esas diferencias y esa es una de las causas por las que han logrado progresar y salvarse del estancamiento y el subdesarrollo. Hablar de esto es un poco difícil, por cuanto los estereotipos nublan la discusión e introducen elementos irracionales en el debate. Lo cierto es que no podemos hablar de los derechos de los trabajadores si no aceptamos la legitimidad de los intereses de las empresas donde laboran. Leer más de esta entrada

Posturas y actitudes revolucionarias

En los cálidos ambientes políticos dominicanos no se acepta la diferencia entre una postura y una actitud revolucionaria. Las posturas revolucionarias tienen mucho que ver con lo que se sostenga en el plano de la ideología. Las actitudes revolucionarias con lo que una persona es en su vida diaria.

La primera se asume abrazando simplemente el castrismo. Una conducta revolucionaria se alcanza al cabo de una larga vida de desprendimiento y servicio. He visto por eso a marxistas reaccionarios y a un buen número de empresarios revolucionarios. Siempre será más difícil mantener una conducta revolucionaria que una postura a favor de un efectivo cambio social. Principalmente porque la mayoría de quienes alegan un historial revolucionario viven y actúan en constante riña con sus prédicas políticas.

Así se pueden ver a políticos corruptos, enriquecidos a expensas del Estado y del trabajo productivo del pueblo, vociferando en mítines y pontificando en programas de radio y televisión sobre la necesidad de cambiar las relaciones de producción y de hacer esto y aquello para transformar las condiciones de las masas desposeídas, y regresar después a sus lujosas mansiones para ahogar en whisky sus cantos de protestas. Leer más de esta entrada