Para cambiar de tema

Los libretos de famosas composiciones operáticas están basadas en la adaptación de obras de grandes autores, como Rigoletto, de Verdi, inspirada en una historia de Víctor Hugo, y La bohemia, una ópera en cuatro actos de Giacomo Puccini, con libreto en idioma italiano de Luigio Illica y Guiseppe Giacosa. La obra está inspirada en una novela sobre las experiencias de jóvenes bohemios del barrio latino de París a mediados del siglo XIX, y se centra en la relación sentimental entre Rodolfo (tenor lírico spinto) y Mimí (soprano lírica), y que concluye dramáticamente con su muerte por tuberculosis, lo que hace llorar desconsoladamente a su amante quien grita desesperado su nombre ¡Mimí…! ¡Mimí…!, en un estremecedor final.

Desde su primera presentación en 1896, en Turín, bajo la dirección del joven Arturo Toscanini, La Bohemia ha sido una de las óperas más populares, figurando por muchos años como una de las favoritas de los productores y cantantes, a pesar de que inicialmente no fue bien acogida por la crítica. Se la considera como una de las obras más representativas del compositor, cuyo legado incluye un extenso repertorio en el que figuran algunas de las más famosas como Tosca, Madame Butterfly, Turandot, que dejó inconclusa al morir, Gianni Schichi, cuya aria para soprano “O mío babbino caro” es una de las más conocidas y hermosas, Manon Lescaut y La fanciulla del west, famosa sobre todo por el aria para tenor Ch’ella mi creda, de extraordinaria belleza y lirismo. Leer más de esta entrada

El octavo pecado capital

Tomás de Aquino definió los pecados capitales como aquellos vicios “a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada”. Según la literatura católica son siete: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia. Se le llaman capitales no tanto en razón de su gravedad, sino porque cualquiera de ellos puede originar otros males o pecados condenados por la moral cristiana. Cuentan que una vez se dio a elegir a un príncipe de la Iglesia entre los siete y escogió el segundo, la gula, caracterizada por la glotonería, el excesivo consumo de comida y alcohol, creyendo que era el menor. Así tentando al demonio asociado, Belcebú, se emborrachó y cometió los otros seis.

En el Catecismo se reconocen siete virtudes, antítesis de los pecados: la humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia. La enumeración de unos y otros nos revelan muchas veces las causas del deterioro de la política dominicana, en los que resulta fácil observar la comisión cotidiana de los siete capitales con una ausencia casi absoluta de sus virtudes, por más misas a las que asistan los 21 de enero y los 24 de septiembre. Leer más de esta entrada

¿Acaso cruzamos el Rubicón?

El Rubicón es un río de pocos kilómetros de estrecho caudal del nordeste de Italia. Durante el imperio romano, se les prohibía a los generales cruzarlo con sus ejércitos. La prohibición tenía una finalidad. El río dividía y servía de frontera entre la República de Roma y la provincia de la Galia y protegía a la primera de invasiones militares. Medio siglo antes de Cristo, Julio César, ordenó a sus tropas cruzarlo iniciando la guerra civil, con el dicho siguiente: “La suerte está echada”. Con el tiempo la frase “cruzar el Rubicón” se interpreta como exponerse a una situación en extremo riesgosa, de fatales consecuencias.

En las elecciones pasadas, en las que vivimos experiencias desconocidas que pusieron a prueba, por extraño que parezca, la debilidad y la fortaleza del sistema político dominicano, cruzamos el Rubicón y la suerte de la nación, como dijera siglos atrás el general romano, quizás ha quedado sellada.

No siempre, sin embargo, en el devenir político nacional el intento de cruzarlo ha sido el de navegar hasta su desembocadura y llegar a un destino seguro. Y como nuestro Rubicón no se bifurca al llegar al mar, no hemos podido encontrar un delta seguro donde refugiarnos de nuestras propias desavenencias, por la falsa creencia que la lejanía del Adriático nos salvará del día en que las aguas que trae alcancen el nivel del cuello de la República.
Quiera Dios que la insensatez nacional nos aleje del día en que no podamos esquivar el sentido de esa trágica sentencia: “La suerte está echada”.

¿Acaso cruzamos el Rubicón?

El Rubicón es un río de pocos kilómetros de estrecho caudal del nordeste de Italia. Durante el imperio romano, se les prohibía a los generales cruzarlo con sus ejércitos. La prohibición tenía una finalidad. El río dividía y servía de frontera entre la República de Roma y la provincia de la Galia y protegía a la primera de invasiones militares. Medio siglo antes de Cristo, Julio César, ordenó a sus tropas cruzarlo iniciando la guerra civil, con el dicho siguiente: “La suerte está echada”. Con el tiempo la frase “cruzar el Rubicón” se interpreta como exponerse a una situación en extremo riesgosa, de fatales consecuencias.

En las elecciones pasadas, en las que vivimos experiencias desconocidas que pusieron a prueba, por extraño que parezca, la debilidad y la fortaleza del sistema político dominicano, cruzamos el Rubicón y la suerte de la nación, como dijera siglos atrás el general romano, quizás ha quedado sellada.

No siempre, sin embargo, en el devenir político nacional el intento de cruzarlo ha sido el de navegar hasta su desembocadura y llegar a un destino seguro. Y como nuestro Rubicón no se bifurca al llegar al mar, no hemos podido encontrar un delta seguro donde refugiarnos de nuestras propias desavenencias, por la falsa creencia que la lejanía del Adriático nos salvará del día en que las aguas que trae alcancen el nivel del cuello de la República.

Quiera Dios que la insensatez nacional nos aleje del día en que no podamos esquivar el sentido de esa trágica sentencia: “La suerte está echada”(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

La prioridad que impone el Covid-19

De tanto mencionarla la crisis tocó finalmente nuestras puertas. El pesimismo nos empuja siempre a valorar el quehacer por la marcha de algunos o muchos negocios, lo que no nos permitía ver la marcha acelerada de nuestra economía. No vivíamos una crisis económica antes de la pandemia, pues cada día se abrían nuevas operaciones industriales, el turismo estaba en auge y la actividad comercial se expandía vertiginosamente, con la apertura de gigantescos centros comerciales, de tamaño incluso superior a sus iguales en países más desarrollados.

El problema no era de esa índole ni el país se encaminaba hacia un estadio de recesión paralizante de la actividad económica. Nuestra verdadera crisis era y sigue siendo de carácter social, con tasas de desigualdad preocupantes dentro de un proceso firme de concentración de recursos que los pone cada vez más en círculos de pequeñas élites económicas muy creativas con un control creciente de la riqueza nacional. Buena parte de los nuevos y florecientes negocios de las últimas dos o tres décadas provienen de esos grupos, sin que se hayan generado cambios importantes en la estructura social, debido a los bajos salarios y a un sistema de seguridad social que no los promueve. Leer más de esta entrada

Los crueles aficionados de la Scala

¿Qué tienen o han tenido en común, además de sus esplendorosas voces, María Callas, Monserrat Caballé, Cecilia Bartoli, Katia Ricciarelli, Piotr Beczala, Roberto Alagna y Luciano Pavarotti, así como muchos otros grandes divos de la ópera anteriores a esa generación? En algún momento de sus brillantes y excepcionales carreras fueron o han sido víctimas de los crueles silbidos y abucheos de los implacables parroquianos de un área de la Scala de Milán, mundialmente conocida y temida por la élite de la lírica como el Loggione.

El gran Pavarotti pasó en 1992 las de Caín con estos fanáticos durante una representación de “Don Carlo”, de Verdi; y a la Caballé la llamaron “bruja” y estuvo a punto de una crisis de pánico, según se reseñó en la prensa europea, cuando tuvo un fallo en un Do sobreagudo, diez años antes, interpretando “Anna Bolena”, de Donizetti. Otra celebridad,la mezzo Cecilia Bartoli fue víctima de grandes abucheos y otras grandes, como Zinka Milanov , Teresa Stratas, Anna Moffo y Victoria de los Ángeles, solían, se dice, evadir a esos furiosos y crueles asiduos de ese gran templo del mundo lírico, espaciando sus actuaciones en la Scala. Leer más de esta entrada

La pobreza infantil en países ricos

La furia de la naturaleza, que en nuestra región se expresa con huracanes y tormentas, suele mostrarnos cada año en toda su desnudez, los altos niveles de pobreza y marginalidad que padecemos. Pero aun cuando no significa un consuelo, la realidad es que la indigencia y la falta de oportunidad son factores comunes también en los países desarrollados. Aun los más ricos lidian con ella, no siempre con éxito.
Alemania, por ejemplo, la cuarta economía más grande del mundo, sólo detrás de EEUU, China y Japón, tiene un 15.7% de su población bajo el umbral de pobreza y alrededor del 25% de los 12 millones de niños, es decir tres millones, viven de la ayuda social, con muy pocas opciones educativas, según un informe citado por el diario español El País en septiembre del 2017.

Las cifras son sorprendentes porque se trata de la nación más rica de Europa, con un nivel de desarrollo comparable al de Estados Unidos, cuya economía es más grande que siete de los 10 países más ricos del mundo juntos. La pobreza infantil fue uno de los temas más delicados de la campaña electoral ganada nuevamente ese año por Ángela Merkel de forma abrumadora, pese al crecimiento de la ultraderecha Alternativa por Alemania (AFD), que amplió sus escaños en el Parlamento, resurgiendo el temor a un auge del nacionalismo extremo, en una de las naciones más abiertas a la inmigración. Leer más de esta entrada

Las marchas verdes

Si se las juzgan con frialdad, sin las pasiones propias el quehacer partidario, sería preciso admitir que las marchas de protestas realizadas durante la administración anterior dejaron dos elementos positivos, dignos de valorarse. El primero se refiere a las actividades mismas, convocadas por una entidad amorfa conocido como Marcha Verde, con la cual se derriba la añeja creencia de que las demostraciones pacíficas no sirven para nada ni promueven cambios de actitudes. El segundo se relaciona con la actitud asumida por el gobierno de entonces , al reconocer el derecho de los ciudadanos a la protesta pacífica.

En resumen, cuando se aprende a vivir en democracia, el gobierno alcanza a entender la importancia de aceptar la crítica y los reclamos con la tolerancia debida, aun cuando provienen de adversarios reacios a reconocer sus aportes al bien común. De manera que esas marchas fueron muestras de civismo y respeto mutuo por ambas partes, por más que haya habido estridencia y voces desbocadas en fatal y estéril búsqueda de protagonismo. Leer más de esta entrada